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Morrissey 25: Live. Asistimos al estreno en cines del nuevo directo del que fuera vocalista de The Smiths

No recuerdo bien si fue en el FIB 2006 ó 2008 cuando Morrissey preguntaba con su ironía habitual, si sus discos ocupaban el puesto 100 o 200 en las listas de los más vendidos en España. El británico es prácticamente un desconocido en nuestro país y por ello nos sorprendió que Morrissey 25: Live llegara a los cines de algunas ciudades de nuestra geografía.

La cita era ineludible, ¿habías llegado a soñar que un concierto de uno de tus artistas preferidos se iba a poder ver en pantalla grande en tu ciudad? Así que nos dirigimos a un cine de la periferia madrileña con la emoción propia del adolescente en una experiencia iniciática y quisimos volver a disfrutar de las canciones que nos acompañan desde hace más de tres décadas, junto con otros bichos raros que comparten dicha pasión.

La realidad en ocasiones coloca las cosas en su sitio y tuvimos que conformarnos con una pequeña sala de unas 150 localidades cuyo 85% de aforo estaba vacío. Apenas éramos una veintena de viejos (en el sentido literal de la palabra) fans, que tuvimos que conformarnos con un sonido más que deficiente (¿sólo nos revientan los tímpanos cuando vamos a ver superproducciones hollywoodienses?) pero que aún así, disfrutamos del primer concierto oficial en nueve años del cantante de Manchester.

El evento, grabado el pasado 2 de marzo en el Hollywood High School de Los Angeles, sirve para conmemorar los 25 de carrera en solitario de Morrissey. Un recorrido por toda su discografía con la ausencia incomprensible de Kill Uncle (1991) y Southpaw Grammar (1995), que brillaron por su ausencia. Un show muy disfrutable en cuya hora y media no faltan ni sus habituales ejercicios de egocentrismo (Mozz entrega el micro a fans de las primeras filas para que le adulen o deja que suban a abrazarle en la parte final del show), ni sus habituales ataques sin complejos («KFC is Murder!» espeta durante la interpretación de «Meat Is Murder») y donde vuelve a hacer gala de la curiosa relación que mantiene con sus músicos de apoyo: «Me llamo Jesse Tobias y toco la guitarra para Morrissey» (y así cada uno de sus cinco escuderos, comandados por el siempre fiel Boz Boorer que se presentan al respetable en la parte final del concierto).

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El repertorio está a la altura, a pesar de incluir algunos temas menores como la reciente «You Have Killed Me» o las aún no publicadas «People Are The Same Everywhere» y «Action Is My Middle Name», el resto es para enmarcar. Desde el guiño a singles pretéritos como «Ouija Board, Ouija Board» o «November Spawned A Monster», a las visitas a discos algo más olvidados como Maladjusted (2007) y el rescate del tema que le daba nombre o de «Alma Matters», con la que abrió el concierto. También disfrutamos con la bonita versión del «To Give The Reason I Live» de Frankie Valli (¿soy el único que piensa que Morrissey debería recuperar su parte más lírica y dejar a un lado los temas musculosos por un tiempo?), con la infalible aunque algo manida «Everyday Is Like Sunday», la emotiva «Let Me Kiss You», su último gran sencillo hasta la fecha («I´m Throwing My Arms Around Paris») y con una «Speedway» inmensa en cuyo interludio nos regala un escalofriante fragmento de «Asleep».

Y para redondear, los momentos nostálgicos del repertorio de The Smiths, encabezados por la recreación más bella que yo recuerde del «Please, Please, Please Let Me Get What I Want», la agridulce «That Joke Isn´t Funny Anymore», la siempre vigente «Still Ill» y la bonita «The Boy With The Thorn In His Side» con la que se cierra la velada.

Una noche que mereció la pena. Porque aquella noche Morrissey estaba en los cines y había que estar allí para contarlo y recordarlo.

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