Resulta un placer seguir contando, quince años después de su debut, con la sincera integridad de una banda como Nada Surf, honestamente fiel a sus principios tras resistir los envites de toda aquella implacable tendencia que ha osado pasar a su lado.
La trayectoria del grupo no ha estado sin embargo exenta de evolución, con el desarrollo artístico concretado en una incansable ambición orientada hacia la búsqueda de esa melodía perfecta a la que recubrir siempre de consistencia instrumental de especial belleza.
Precisamente la aparente sencillez del objetivo contrasta con la complejidad y el consiguiente mérito en la consecución del mismo, tras la licencia en forma de agradable curiosidad que supuso el disco de versiones If I Had A Hi-Fi (2010). Los neoyorquinos presentan ahora un séptimo álbum de estudio donde la gloriosa herencia de grandes del power-pop contemporáneo como Teenage Fanclub, Fountains Of Wayne y sobre todo The Posies, resulta asumida en plenitud y con enorme respeto.
Las composiciones fluyen naturales, con una solidez simétrica que evita chirriantes bajones y presume de producción inteligente a cargo de Crhis Shaw, remarcando en su justa medida unas virtudes que justifican valía por sí mismas. Un álbum que invita a hacer propia la melancolía latente en “When I Was Young”, perderse entre las guitarras de “The Moon Is Calling” o “Teenage Dreams”, gritar el estribillo de “Looking Through”, y por supuesto recrearse con himnos como “No Snow On The Mountain” y “Waiting For Something”, hasta completar diez paradas trabajadas y sumamente adictivas tan intensas como elegantes.
The Stars Are Indifferent To Astronomy (2012) es un decálogo retratado a la antigua usanza, con unos resultados tan impecables que debe resultar catalogada inmediatamente como una de las entregas más destacadas del trío, quizá incluso la mejor de toda la colección.


















