Se completa, por fin, la trilogía numeral del Paul McCartney más multi-instrumentista, la cual inició su primer capítulo en 1970, justo después de resquebrajarse The Beatles y que prosiguió en 1980, tras disolverse Wings (sobre ambas bandas puedes encontrar varios reportajes aquí en Muzikalia). Lo que no sabemos es si, en el futuro, el músico británico arrojará el dado para que éste marque el número 4 o incluso el 5, respecto a esta particular saga suya con títulos cifrados.
Nadie debería negarle a McCartney que es uno de los músicos más increíbles y capaces desde que el ser humano descubrió la música. Tampoco se le puede restar mérito de intentar seguir en la brecha a sus 78 años. Debemos perdonarle también (yo el primero) que en los dos últimos discos su voz ya haya perdido consistencia y no sea la misma de cuando era más joven. Es normal ésto último.
Sin embargo, ¿tal vez debió acordarse el bajista inglés del refrán “una retirada a tiempo es una victoria” (una circunstancia ésta que, quizás, debió acontecer desde, como mínimo, el año 2005) y dedicarse a ser solamente productor o a hacer colaboraciones estelares en álbumes de grupos jóvenes?. Es indudable que, como compositor puro y duro, Paul se va situando ya cada vez más y más lejos de grandiosos LPs como puedan ser Sgt. Pepper’s lonely hearts club band con The Beatles (1967), Band on the run con los Wings (1973), o en solitario como con Tug of war (1982), Flowers in the dirt (1989) o Flaming pie (1997); entre algunos otros. Así que ¿debemos tomarnos III y otros álbumes del artista, durante el nuevo milenio, como pequeños regalos bienintencionados que todavía nos hace una leyenda como Paul McCartney?
Bajo mi prisma personal, los 8 minutos de la muy interesante “Deep deep feeling” se erigen como el momento más inspirado del LP y con diferencia, ya que esta pieza suena arriesgada, extraña, mutante, aventurera y donde “Macca”, por lo menos, se esfuerza por salir de algunos repetitivos estándares sonoros suyos, en los cuales permanece anclado desde hace 15 – 20 – 25 años, aprox. Le hubiera ido mucho mejor, creativamente, al LP III si su autor hubiera planteado más canciones tan imaginativas como ésta. La levemente agresiva y estrambótica “Slidin’” hace muy buena pareja con la anterior citada y ésto mismo se ve favorecido y reforzado por el hecho de que, como única excepción, McCartney ha permitido que intervengan y le enriquezcan otros músicos (Rusty Anderson a las seis cuerdas y Abe Laboriel Jr. a las baquetas) en este séptimo corte. Éste mismo compás se muestra algo superior a “Lavatory Lil”, la cual, por otro lado, trata de igualar, aunque en vano, a más poderosos rock de juventud del vocalista como, por ejemplo, “I’ve had enough”(1978) o “No Values” (1984); aunque siguiendo el consejo del propio McCartney: la “dejaremos estar”.
No se ha de negar que este trabajo ha conquistado el nº1 en Inglaterra y es que el intérprete de Liverpool no conseguía ésto mismo en su país natal desde 1989, nada menos. También esta misma obra, rotulada con guarismo romano, se disparó hacia el culmen de las listas en Brasil o Alemania, además de sumar un nº2 en Estados Unidos. Sin embargo, desde una apreciación exclusivamente compositiva a mí, personalmente, me duele ver a tan bajo nivel actual a alguien de la universal magnitud musical de McCartney y es que emerge la cavilación siguiente: ¿hay demasiada gente que no le ha comunicado al emperador que éste desfila despojado de ropa? ¿Cómo nos sonará este disco en 2025 o 2030, ya desde una perspectiva histórica, más serena y no tan reciente? ¿A que lugar irá a parar III dentro de toda la discografía de este astro del Reino Unido?
El caso es que, desgraciadamente, “Long tailed winter bird” presenta el aspecto de un ejercicio de calentamiento o de una simple probatura, sin una dirección nítida, en medio de un ensayo alejado de la toma final. “Find my way” o “Seize the day” parecen como si fueran cantadas por el intérprete, a sus bisnietos, junto al fuego de su lujosa chimenea. “Pretty boys”, “Kiss of Venus” y con toda probabilidad “Winter bird / When winter comes” son todas algo muy aproximado a azucarados descartes de un todavía respetable disco de los 90 de Paul McCartney, como Off the ground, como si dichas tonadas hubieran quedado congeladas hace 25 o 30 años y ahora Paul las rescatara como si nada.
También “Women and wives” o “Deep down” suenan como maquetas inconclusas y es que, en definitiva, no siempre McCartney ha ejercido un máximo y estricto control de calidad hacia muchos de los discos que ha fabricado tras The Beatles y a estas alturas, ya no le vamos a cambiar al veterano músico. Honestamente expresado, se añora siquiera una aproximación a espectaculares melodías suyas, en solitario, como “Long-haired lady” (1971), “No more lonely nights” (1984), “Once upon a long ago” (1987), “Put it there” (1989) y muchos otros modelos de similar condición “macartniana”.
En términos generales, el LP transcurre por derroteros indudablemente minimalistas pero inclinados los mismos hacia una textura casera, inocua, floja, casi plana, de simple divertimento personal, exigua de arreglos y sin una producción de extenso compromiso (considero insuficientes la auto-supervisión del instrumentista y el aislado “cameo” de George Martin en el corte onceavo, el cual cierra el LP); como siempre debería corresponder, acerca de esta última función profesional, en relación a un histórico nº1, en este caso, Sir Paul McCartney.
Efectivamente, el trípode de estudio comentado de 1970, 1980 y 2020, es decir, cuando “Macca” toca la totalidad los instrumentos (piano, batería, teclados guitarras y bajo en III, concretamente) y no consiente que nadie o casi nadie le acompañe ni le asesore mínimamente, no han resultado precisamente los años más álgidos y deslumbrantes en la, por otra parte, más que dilatada y aclamada trayectoria del cantante de Merseyside. Sin embargo y como consolación, podemos auto-interrogarnos muchos adeptos a su música con eso de: “¿más vale un nuevo LP que nada?” Todo son ángulos de visión, al fin y al cabo.
Finalizo con la última cuestión que yo creo que debemos formularnos a nosotros mismos. ¿Qué hubiera pensado el inmortal John Lennon de esta obra? ¿Hubiera replicado el exigente y ácido John con una segunda parte de su canción “How do you sleep?” (1971) y habría recalcado frases suyas como “el sonido que haces es muzak para mis oídos”, o bien Lennon hubiera felicitado a su ex-compañero al igual que con el LP Band on the Run (1973)? Reflexionemos, objetivamente, sobre ello si de verdad pretendemos ser justos con el gran e irrepetible Paul McCartney y su III.




















