Silvia Pérez Cruz – Teatro Tívoli (Barcelona) – 14/03/16

Dicen que una copa de cristal se puede romper con la potencia de una voz y aunque es cierto, no lo es del todo. No es por una cuestión de potencia, sino de frecuencia e intensidad. Todo cuerpo material vibra con una frecuencia sonora concreta y si esa vibración es intensa y se prolonga lo suficiente en el tiempo, según de que esté hecho el material, se puede romper. Pues bien, hay voces que hacen vibrar el material del que están hechas las emociones y una de esas voces es sin duda la voz de Silvia Pérez Cruz.

En cada una de sus notas se escapa el mediterráneo, la sal, la pena, la alegría, la esperanza, la vida, su vida…que es la vida de todos. Así lo demostró el pasado lunes presentando las canciones de su nuevo disco Domus, arropada por un teatro Tívoli a rebosar y en el que durante más de dos horas la cantante catalana dio voz, y que voz, a la canción popular. En un escenario casi desnudo, tan solo con lo necesario e imprescindible, el concierto comenzó con la naturalidad con la que lo haría en una reunión familiar de sobremesa; sola con su guitarra, y algo nerviosa, cómo la niña que toca por primera vez sus canciones esperando la reacción de los suyos. Coplas, fados, habaneras, lambadas, rancheras…no hubo género que no consiguiera hacerlo suyo, y eso realmente está a la altura de unos pocos. Protagonizó en todo momento la escena, y estuvo muy bien acompañada por las cuerdas, el arpa y la percusión, donde los duetos entre voz e instrumento se alternaban con toda la formación, creando momentos que pasaban de ser íntimos a otros de aire más festivo popular llegando así a una ovación final cargada de emotividad.

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Si hay algo negativo, es por qué hay mucho de positivo. Me refiero a que su voz tiene el peligro de eclipsar y oscurecer la propia personalidad de las canciones. Es un mal menor, pero que no ayuda a su faceta de compositora, que todo hay que decirlo, es un valor añadido. Silvia Pérez Cruz ya es una grande a pesar de su juventud, está hecha del material que están hechos los grandes, talento y humildad, tan solo el tiempo dejará ver hacía dónde soplan los vientos que mecen su velero.

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