Suede – Bloodsports (Sony)

Nos lo debían. Se lo debían. Suede lo dejaron en un punto que no hacía justicia a lo mágico e imperecedero de sus tres primeros discos, un regusto amargo que ni los proyectos paralelos que Brett Anderson ha ido desarrollando a lo largo de estos años ha logrado mitigar. Por eso, once años después y casualmente el mismo año elegido por David Bowie, uno de sus grandes referentes, para volver a la palestra, sólo podemos celebrar el tenerlos de vuelta en tan buena forma. Y, de paso, seguro que cerrarán muchas bocas de críticos dispuestos a hablar de retorno innecesario y por la pasta, haciéndolo de la mejor manera posible: dejando que las canciones hablen por sí solas.

De eso, de buenas canciones, Bloodsports va sobrado, abrazando a lo largo de su minutaje las dos caras de los mejores Suede: la de los hits directos, que recuerdan al efervescente Coming Up  (1996) y la de las baladas evocadoras y sugerentes , a la manera del homónimo debut Suede (1993) y de su posible obra maestra, Dog Man Star (1994). Con estas credenciales , es justo situar este disco como lo que hubiera sido la continuación más adecuada e inspirada para dicha trilogía.

“Barriers” (primer single) abre fuego decidida e imparable. Cierras los ojos y te ves en 1996, cuando las ilusiones permanecían intactas, cuando todo estaba aún por hacer. La voz de Brett Anderson sigue llegando como pocas y dibuja sentimientos de los que dejan huella, demostrando que por él no parecen pasar los años. Sólo estos 3:42 minutos ya superan en pegada a Head Music (1999) y A New Morning (2002) dos trabajos sin duda menores y que no hacían justicia al talento atesorado y demostrado anteriormente. Afortunadamente, no son los únicos brillantes que encontraremos aquí: “Snowblind”, “It starts and ends with you” (segundo single) o “Hit me” (tan Suede, tan incontestable), son muestras de pop directo y sin fisuras, donde las guitarras de Richard Oakes trazan líneas reconocibles y perdurables, de las que se clavan sin remisión, mientras la voz de Brett escupe versos rotos sobre amor y desamor. No es casualidad pues que el productor escogido para este retorno sea Ed Buller, el mismo que controló los mandos en sus tres primeras obras. Las piezas vuelven a encajar.

La segunda mitad del disco se toma su tiempo para calar, mostrando a esos Suede románticos y oscuros de los que tanto disfrutamos en los noventa, épicos sin sonar grandilocuentes, sensuales sin resultar melosos. Puede que la secuenciación del disco acentúe la idea de que lo mejor se encuentra en su primera parte ya que en ella se concentran los momentos más directos, pero esto llevaría al enorme error de ignorar piezas del calibre de “Sometimes I feel I´ll float away” (favorita ahora mismo junto con “Sabotage”) o el enorme cierre con “Faultlines” que pone broche a un disco notable, probablemente bastante mejor de lo que muchos hubieran esperado.

En definitiva, Bloodsports es el mejor disco posible de Suede en 2013. Un retorno no sólo más que digno, sino diría que necesario y , una vez más, revelador;  muestra de un talento que nunca se fue y que merecía volver a habitar entre nosotros. Y aunque ni nosotros somos los mismos, ni sobre todo ellos son los mismos que hace casi veinte años, cuando se vieron inmersos en aquella explosión del llamado brit pop con los focos apuntando a Oasis y Blur, mientras ellos y Pulp hacían su trabajo en la sombra dejando multitud de canciones para la eternidad, muchos de nosotros  encontramos en este celebrado regreso nuevos motivos por los que reafirmar nuestro amor por esta banda. Y eso, sin duda alguna, sólo puede ser sinónimo de buenas noticias.

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