Susumu Yokota – Laputa (Skintone)

No es la primera que nos encontramos con una obra de Susumu Yokota (las anteriores se publicaron en el sello Leaf -la más destacable Sakura en el 2000-). En su caso el término ambient, toma un nuevo perfil y se redefine, acentuando su capacidad evocativa y esquivando, cual ilusionista moderno, los clichés más engorrosos y cargantes del género.

Todas las composiciones de Susumu Yokota son instrumentales (no son canciones, son temas), y como pasa siempre en un tema sin voz, todo se desarrolla como en un sueño, nada es tangible, todo se aleja cuando intentamos acercarnos y la memoria de una voz brilla por su ausencia. Es inevitable, pues, que un montón de asociaciones, algunas en forma de prejuicio y otras en forma de recuerdo, tiñan las primeras escuchas del disco. Al igual que los cuadros impresionistas de finales del XIX (los paralelismos son muchos, la alusión no es gratuita), los temas de Susumu Yokota se recrean en la luz y el color (Rising Sun, Grey Piano, Light of the Sun), entre nota y nota, la música respira, consecuencia de la atención que presta este músico a la pausa y la contemplación del tiempo. No hay pizca de pretensión en sus temas, él no pretende que te fijes en el como, lo importante es el que, el resultado (igual que en Monet o Renoir). No hay concepto detrás de sus álbumes, no entiende la música (el ambient en particular) como algo funcional (Music for Airports, Brian Eno 1978), sino más bien como una aproximación poética al fenómeno físico del sonido (el fenómeno físico de la luz era también la gran obsesión de Van Gogh y de los puntillistas).

Yokota profundiza en el ma (el concepto japonés del espacio entre notas), término fundamental para entender la obra de John Cage (In a Landscape, 1948; Concert for Piano and Orchestra, 1957-58), M.Feldman (Rothko Chapell, 1971), e incluso la de T.Monk (Reflections, 1959 -aunque este no estuviera influenciado por el hype de los manuales Zen californianos, tan en boga en los 60-), y deja que el oyente disfrute escuchando como las notas “juegan” entre sus melodías (fenómeno consecuencia de las ínter-modulaciones que se producen en las largas colas de reverberación que utiliza). Sin ir más lejos, el tema 4 –Grey Piano-, es una reconstrucción de un delicadísimo tema de Arvo Pärt (Für Alina, ECM 1999), donde el concepto del ma se manifiesta en su estado más natural, liberando al piano de la tiranía del pianista, y convirtiendo al instrumento tan partícipe (o más) del resultado final como el propio intérprete.

¿Pero, qué es lo que hace tan especial a Susumu Yokota , teniendo en cuenta que el género que utiliza para expresarse es el ambient, una música tantas veces sinónimo de tedio y onanismo mental? Probablemente la respuesta la encontremos en la coherencia y seriedad de sus propuestas. Susumu Yokota siempre confía en los mismos medios, los trabaja y los exprime, los manipula y los recompone, consiguiendo finalmente construir frescos sonoros que, cual almendros en los cuadros japonizantes de Van Gogh, que respiran e inspiran, fragilidad y ternura.

Sus temas, implican mucha atención a los sentidos, es más una experiencia sensorial (o física) que cerebral por eso las técnicas compositivas que utiliza son tan personales y nos son tan familiares aunque no sepamos la razón. El recurso al léxico “sonoro” de los recuerdos y la memoria: la repetición, el eco (o reverb), el delay y las voces superpuestas (a menudo las de niños) inspiran, irremediablemente, nostalgia. Por eso laputa es tan particular, porque es nostálgico sin ser conservador, sensible sin ser cursi, emocionante (que pena que se desgaste tanto esta palabra en anuncios de telefonía) y sugerente.

Y, por cierto, volviendo al planeta Tierra, quien pueda, que se lo pille en vinilo, la portada lo merece.

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