A finales de 2025 llegó parís -segundo disco de Syd dePalma– publicado por Raso Estudios, que desde entonces ha ido encontrando su sitio sin prisas ni fuegos artificiales.
Es un disco que se mueve mejor en la escucha lenta, en esos momentos en los que la ciudad parece ir a otro ritmo y uno puede detenerse un poco más en los detalles. Lejos de un concepto cerrado o de una idea de lugar concreta, este segundo álbum funciona más como un clima compartido: nocturno, algo introspectivo y atravesado por distintas sensibilidades que conviven sin buscar un centro claro.
Un trabajo que no intenta explicar demasiado, sino dejar espacio a quien escucha para entrar, quedarse un rato y salir cuando quiera.
Desde Muzikalia hablamos con Syd dePalma para que nos desgrane este proyecto.
«Me aburre que algo suene solo, muy orgánico o muy electrónico, creo que poner un poco de musgo en el metal es buena idea, que a las máquinas les salgan brotes verdes»
Es todo un placer hablar contigo, Milton. Lo primero de todo, enhorabuena por tu nuevo álbum. París ya lleva un tiempo en la calle: ¿cómo estás viviendo estos primeros meses?, ¿cómo está siendo la recepción por parte del público?
El placer es mío. Sobre todo me siento agradecido con toda la gente que se está tomando el tiempo de escucharlo con calma. Es verdad que, siendo sincero, esperaba que llegara a más personas, pero también soy consciente de que hay muchísimo ruido musical ahora mismo. Cuesta abrirse paso entre tantas cosas y llegar a oídos que, en cierto modo, ya están saturados.
Llevas un tiempo construyendo este universo propio, antes incluso de entrar en este disco. ¿Cómo nace realmente Syd dePalma? ¿Hubo un momento concreto en el que dijiste: “vale, este es mi proyecto, este es mi lenguaje”?
Siempre he tendido a crear mi propio universo, no solo en la música, también en la vida. Con Syd dePalma hubo un punto más consciente: hice un trabajo bastante interno para entender cómo me sentía y qué quería mostrar de verdad. Me interesaba eso más que dejarme llevar sin rumbo, aunque también hay momentos en los que me permito soltarme y no tener todo tan controlado.
¿Cómo fue tu primer acercamiento a la música?
No sabría señalar un momento concreto. La música siempre ha estado ahí para mí. Es como la primera vez que sonríes o que lloras: no la recuerdas, simplemente forma parte de ti desde siempre.
Mucha gente todavía te asocia a Galera. ¿Qué hay en Syd dePalma que sería imposible en ese otro proyecto? ¿Qué zonas musicales o emocionales solo puedes explorar aquí?
Tiene que ver con lo que comentaba antes. En Syd dePalma pude pararme a analizar cómo me sentía yo respecto a la vida y a la gente, y trasladar eso directamente a la música. En Galera eso era más complicado, o al menos no existía esa conciencia tan clara.
Tu anterior trabajo, El lugar de arder, se publicó en 2023. ¿Qué quedó pendiente de aquel álbum que has querido resolver en paris? ¿Qué diferencias encuentras entre ambos trabajos?
La principal diferencia está en la forma de componer. En este disco buscaba canciones más simples en su estructura, en el sentido de que pudieran sostenerse solo con un piano y una voz. También he trabajado mucho más las letras: tenía más material escrito acumulado y he podido desarrollarlo con más calma. Creo que París es un disco más accesible a primera escucha, aunque no sé hasta qué punto eso es algo bueno o malo. Aun así, quiero mucho a los dos discos. El primero es el germen de todo, quizá hay más Syd sin refinar, pero ahí está el origen.
Preparando esta entrevista he visto que hablas a menudo del arte plástico y de su relación con tu música: colores, trazos, imágenes. ¿Cuándo empieza a dibujarse París como concepto? ¿En qué momento te das cuenta de que tienes un disco y no un puñado de canciones sueltas?
Desde que empiezo la primera canción, últimamente ya sé que estoy haciendo un disco. A medida que van apareciendo las demos, siento que entre ellas se van retroalimentando; crecen a la vez, nunca de forma aislada. No las entiendo como canciones sueltas, sino como una familia. El concepto va desarrollándose al mismo tiempo, casi de manera paralela. Muchas veces hay ideas o imágenes que han estado ahí desde el principio y tardas en darte cuenta. Cuando lo haces, ves que siempre estuvieron presentes. Es un proceso bastante mágico.
El disco tiene un peso claramente nocturno, una sensación de ciudad que respira sola, casi al margen del día. ¿De dónde nace ese concepto de paris y qué representa para ti?
Soy una persona totalmente nocturna; quien me conoce lo sabe. Incluso la luz del día puede llegar a molestarme. Me siento más arropado en esa especie de oscuridad solitaria. Aun así, el concepto de París no bebe directamente de la ciudad como lugar físico. Es más bien una idea colectiva: un cruce de personalidades distintas que, casi por casualidad, comparten una forma de estar en el mundo muy ligada a lo nocturno.
¿Cómo ha sido el proceso de composición y maquetación de las canciones?
Casi siempre parto de una idea muy clara en cada tema: puede ser una melodía, unos acordes o un sample, pero intento que ese núcleo se mantenga intacto hasta el día del máster. Eso me ayuda a no divagar demasiado. Como decía antes, muchas canciones están pensadas para poder sostenerse solo con piano y voz, desde algo muy simple. Luego, ya en producción, es cuando me permito generar un poco más de caos alrededor.
“Vuela y sus pupilas se dilatan” cuenta con la participación de Niño de Elche y respira ese imaginario quinqui tan ligado a El Pico. ¿Qué te llevó a revisitar ese universo y cómo se fraguó la colaboración?
Es una canción que durante mucho tiempo estuvo muy presente en mi vida, me acompañaba bastante. Además, el imaginario quinqui ha estado siempre de fondo en mi entorno, de una manera u otra. A Niño de Elche le envié el disco, le gustó mucho la demo y decidió subirse a este tema. Todo fue bastante natural.
También aparece Florent, de Los Planetas, en “Confianza, la noche me dejaste ser triste”. ¿Cómo se suma él al álbum y qué pensabas que podía aportar?
Durante el verano de 2024 estuve girando con él y su proyecto en solitario, tocando sintetizadores y saxo. En alguna noche le enseñé cómo llevaba el disco y me dijo que le molaría colaborar, y así surgió. Es una pasada cómo controla su instrumento: tiene una capacidad enorme para adaptar su sensibilidad a lo que pide la canción. Su sonido es muy característico, muy genuino.
A nivel sonoro hay un equilibrio curioso entre lo electrónico, lo orgánico y lo narrativo. ¿Cómo trabajaste esa mezcla?, ¿qué referencias estaban sonando en tu cabeza mientras lo construías?
Vengo de hacer muchos años música electrónica y me gusta tener diferentes máquinas, de ahí ese equilibrio. Además, me aburre que algo suene solo, muy orgánico o muy electrónico, creo que poner un poco de musgo en el metal es buena idea, que a las máquinas les salgan brotes verdes. Esas podrían ser las referencias.
Cuando cierras un proyecto tan cargado de atmósfera como este… ¿qué te queda dentro? ¿Eres de pasar página rápido o te cuesta soltar el universo que has construido?
Lo que me quede dentro va a salir, más pronto que tarde. Sí soy de pasar página, porque ya empiezo a ver cosas nuevas que podría hacer, generar nuevas atmósferas sin duda… aunque todo dentro del mismo universo.
Estás preparando la presentación en directo. ¿Cómo estás trasladando este proyecto al escenario?, ¿va a cambiar la energía respecto a lo grabado?
Sí, cambia mucho. Es bastante más enérgico y electrónico. Ahora mismo lo estamos presentando en banda completa: bajista, guitarra, batería y yo. Creo que el directo es otra manera de escuchar el disco, sin duda.
Ha sido todo un placer hablar contigo. Por último, quería preguntarte: ¿qué significa para ti la música?
Muchas gracias de nuevo a vosotros. Es muy complicado para mí decir qué significa la música, porque tiene demasiado peso en mi vida. Sería como responder qué es para ti respirar, qué es para ti caminar o qué es para ti sentir un abrazo. Espero que esta respuesta pueda servir.














