Cuando en 2010 Vini Reilly presentaba su anterior disco A Paean To Wilson (2010) – un trabajo en el que rendía un emotivo tributo a su amigo y fundador de Factory, Tony Wilson– decía en una entrevista a Paul Stump para The Wire lo siguiente sobre su forma de tocar la guitarra y la trayectoria de su proyecto “La cantidad de metáforas que la gente inventa para hablar de The Durutti Column… ¿De verdad escuchan nuestros discos? En algunos temas hay feedback desgarrador, guitarras de heavy metal, punteos de inspiración española. No es solo ese viaje etéreo del que hablan. No es ninguna de esas cosas […]. La gente está obsesionada con las formas. ¿Es música clásica? ¿Es jazz? Ya sabes cómo va todo eso. Ves a personas que van a conciertos vestidas como creen que deberían vestir, únicamente porque tienen ideas preconcebidas sobre lo que es la música. Están obsesionadas con etiquetarla, clasificarla por géneros y conservarla como si estuviera metida en formol”.
Reilly y su contundencia para, de alguna forma, desacralizar el sonido que desde 1978 viene haciendo a lo largo de una trayectoria con altibajos, pero siempre interesante y con casi imperceptibles mutaciones que hacen avanzar un repertorio, por lo general, admirable.. Aunque al de Manchester no le guste lo de encasillar su música, lo que parece meridianamente claro es que The Durutti Column fueron una anomalía en plena explosion del punk: si todo estaba lleno de bandas que tocaban con tres acordes, ellos defendían la sutileza de un lirismo repleto de contemplativas estampas que se sustentaban en gran medida en la forma de tocar de nuestro hombre, en donde priman los rasgueos ondulantes que crean cromatismos y texturas iridiscentes, de una intimidad y una nostalgia casi atávica.
A sus 73 años y después de más de tres lustros sin grabar nada en gran medida por suus problemas de salud que arrastra desde hace años, Vini retoma su carrera con este soberbio Renascent (London Records, 2026) que, para los seguidores de The Durutti Column no deja de ser uno de los acontecimientos musicales del año. Da la impresión de que el tiempo se ha detenido. Le das al play y arranca “Echoes In The Memory”, y los rasgueos de Reilly nos transportan a esa intimidad ingrávida tan típica del maestro mancuniano. Sonidos a punto de resquebrajarse, con ecos al flamenco en “Your Shadow At Morning” -nuestro hombre es un gran aficionado a los guitarristas flamencos- y que dialoga con el ambient gracias a los teclados de Keir Stewart.
Uno de sus fieles escuderos desde el inicio, Bruce Mitchell, le acompaña a la batería, mientras la voz la pone la cantante de folk Caoilfhionn Rose en “Agonistes”, en la que los guiños al dream pop de Cocteau Twins acaban esculpiendo un tema sobrecogedor. “Scammer”, acompañamos, esta vez, al hilo de voz cansado de Reilly que declama sobre una colcha de sintetizador que emite sonoridades envueltas en bruma, mientras que Rose, de nuevo, pone voz en “Sargasso Sea”, una hermosa tonada con el piano como protagonista. Es casi un milagro que podamos disfrutar de discos como este, y esperemos que la salud nos conserve a Vini Reilly por mucho tiempo más.














