The Fresh & Onlys – Sala Moog (Barcelona)

Demasiado escondidos entre el maremoto de estrellas que trajo el pasado Primavera Sound, muy pocos repararon en esta banda de San Francisco que está firmando discos como catedrales a ritmo estajanovista. Apenas llevan cuatro años en activo y muchos ya estamos ahorrando para el Greatest Hits, volumen uno y dos, que debe estar al caer. Los que ya han tenido ocasión de disfrutarles acordarán que siempre, siempre, apetece ver los The Fresh & Onlys.

Vinieron precedidos por los barceloneses Kana Kapila con una propuesta muy en la onda tropicalista que tanta escuela ha creado en la capital catalana. Bien ejecutado, un concierto agradable y divertido por el ambiente, esperémoslo, deliberadamente naïve y con algo de ironía flotando en el aire. Con todo, estuvieron valientes y más de una y de dos canciones sorprendieron agradablemente.

Con los californianos ya en escena, presumiblemente medio borrachos, noblesse oblige, empezaron desde el primer compás a enseñorearse de la concurrencia. Aún cuando venían a presentar su último disco, “Play it Strange”, a los The Fresh & Onlys les dio tiempo para repasar varias canciones de las muchas que tienen desperdigadas en su caótica discografía. Sonaron bastante más garajeros que en disco pero sin perder el aroma sixties y la obsesión por la melodía perfecta. Quizás se echó en falta algo de la psicodelia sui generis a la que nos han malacostumbrado. Y también hubo momentos menos inspirados, algo que no es extraño con un concierto que rebasó la hora, pero Tim Cohen y compañía aparentaban pasárselo tan bien que en el gallinero no se podía hacer menos que imitarlos. Acabó el concierto de una manera un tanto extraña, haciendo amagos de cantar el cumpleaños feliz a alguien que pasaba por allí, intercambiándose la bebida con el público y al final casi fundiéndose entre la gente. Si no fuera por el proverbial y justificado miedo de todo músico a que le acaben robando algún instrumento sin duda así habría sido. Concierto redondo que certifica que son una banda para pegarse a ellos como una lapa y que está muy arriba en la lista de bandas a recomendar.

Los que iban con la intención de comprarse la camiseta y fardar de banda se quedaron con las ganas. El señor Cohen explicó que las habían perdido y culpó de ello al alcohol -el gesto que hizo lo entendería un bosquimano-. Podríamos tomar eso como una metáfora de su carrera. Pero sería una tontería.

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