The Microphones – Mount Eerie (K Records)

Al frente de los aquí casi desconocidos The Microphones se encuentra Phil Elvrum, también en Old Time Relijum y D+, todas bajo el paraguas de Calvin Johnson y su sello K records. Trabajador con talento del lo-fi, sus referentes más razonables hasta ahora (Sebadoh, por ejemplo) ya no nos valen. Aún sin perder el corazón lo-fi, su nuevo disco descoloca. Y descoloca porque ni el anterior Glow Pt. 2 (2001) ni el recopilatorio Song Islands (2002) hacían prever esta obra intensa, lírica y musicalmente hablando. Plagada de fantasmas, dudas existenciales que yo diría salidos de sus entrañas a pesar que él mismo replique que es su álbum menos personal, al menos directamente, por ser “como un enorme mito basado en mi confusa vida” (o en la de cualquier otro) y no en sentimientos o deseos propios.

Mount Eeire parece un mini LP de tan solo cinco canciones, pero la duración y las maravillas que contiene le dan una entidad insospechada. Y aunque en algún momento pueda aparecer la tentación de colocarle delante el prefijo post, no es necesario ni conveniente. Sin necesidad de coartadas ni de falsas pretensiones, presenta una obra conceptual que no pierde en ningún momento el horizonte hacia donde camina. Dando una continuidad a las cinco partes para hacerlas una sola, todo unido sin cortes.

Y con Mount Eerie Phil Elvrum se pone exigente, pero porque se ve sobrado. Los 17 minutos de la inicial “The Sun” piden un esfuerzo al oyente. A bote pronto caen grabaciones recientes que terminan con extensísimos e intensos temas para rematar grandes discos (Nocturama de Nick Cave, Time-The revelador de Gilliam Welch, And Then Nothing Turned Itself Inside-Out de Yo La Tengo), pero hay que saberse ganador para empezarlos.

Exceptuando los delicados tres minutos de “The Solar System”,que sirven de respiro tras el inicio, que pueden recordar el lado más espontáneo de Conor Orbest (Bright Eyes) o M. Ward, el resto de las partes (“The Sun”; “Mt Eerie”; y los dos “Universe”) son sinfonías imposibles llenas de ruidos irreconocibles y reconocibles, desde una casete hasta el latido del corazón del propio Phil Elvrum, de percusiones poli rítmicas y complejas, de guitarras ásperas, de voces quejumbrosas y entrecortadas, melodías espesas y coros influenciados directamente por los que aparecen en el Vespertine de Bjork, según ha reconocido en alguna entrevista. Mezclado con sentido y dando la sensación de estar escuchando canciones y no un experimento de laboratorio. Todo grabado con instrumentos analógicos, por cierto.

Un disco para subir a lo alto de la Montaña Siniestra, tocar el Sol, escapar del Sistema Solar y perderse (por dos veces) en el Universo.

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