Travolta – Manual de Redención (Mushroom Pillow)

Dice el diccionario de la Rae en la última acepción del término, que redimir es poner término a algún dolor, penuria u otra adversidad o molestia. Partiendo de esta definición, parece claro que para redactar un manual de redención, lo primero que debemos hacer es recopilar una buena colección de males de los cuales ser purificados. De esto sabe un montón Nacho Vegas, y en esa misma línea, Joaquín Pascual y Carlos Cuevas, de nuevo junto a Paco Loco en la producción, han tratado de hacer un ejercicio de luces y sombras para el segundo disco de Travolta que en cierta manera, recuerda al asturiano.

El resultado parece el reverso oscuro de aquel debut que antesdeayer – hace menos de un año -, nos hizo olvidar el inesperado final de Mercromina, gracias a un brillante pop orquestado y a temas tan honrados como “Corazón Valiente”. Así, si El Efecto Amor fue un bloque conciso de canciones unidas desde la primera escucha por la melodía y el optimismo, Manual de Redención es una amalgama de historias y sonidos diversos, cuyo único denominador común parece ser la búsqueda de una salida a pequeñas historias que bordean el dramatismo.

El disco comienza recurriendo al pop y a unos estribillos pegadizos (“Un buen Hombre” y “Cosas grandes y cosas pequeñas”), en los que pronto se vislumbra el gran acierto que ha sido darle más espacio a la voz de Ana Galletero, aunque quizás sea mejor no dejarla sola tan pronto (“Esa luz que ella vio”). “Dime qué es” da un giro a base de guitarras hacia un sonido de corte americano y profusos arreglos, que vuelve a aparecer más contemporizado en “Esa canción nos salvó” y “Hoy tengo ganas de verte” (no me digan que no les recuerdan a Vegas), y que se va apagando, al igual que la voz de Joaquín, en “Cuando el sol se va” o “En el río aquel”. En mitad de todas ellas, “Voy a donde está la guerra”, un agradecido guiño a tiempos pasados (Surfin’ Bichos).

Heterogéneo, amargo, y en ocasiones sin duda notable, lástima que las tinieblas de la redención se queden por debajo del nivel de la luz que producía el efecto del amor.

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