Björk

30 años del 'Debut' de Björk: el grito que no cesa

Björk Guðmundsdóttir dio un golpe encima en la mesa para poner las cosas en su sitio. Ella venía a reinar en el pop de querencia arty y postulados hasta ahora inauditos en los terrenos de aquello que no dudábamos en calificar como indie. Pero antes el grito primigenio.

Björk ya venía de formar parte de un grupo de punk en los ochenta –Tappi Tíkarras– que no fue más que un divertimento para que su mente hiperactiva empezara a foguearse entre amigos de la infancia. Las fotos de la época nos revelan a una joven que viste de forma aniñada y que le gusta epatar con maquillajes estrambóticos, demás de garabatear en carboncillo figuras que parecen estar atrapadas en algún fotograma de Tim Burton. Después le tocaría el turno a su alineación con la banda Kukl que llegaron a publicar en el sello de Crass regentado por Penny Rimbaud y Gee Vaucher. Como se puede deducir de todo esto, la joven islandesa tenía una actitud airada que, con el paso del tiempo, fue afianzando mediante una música y, sobre todo, una estética disruptiva, siempre al margen de estereotipos.

Su primer gran paso a la fama le llegó con The Sugarcubes en donde su voz encajaba en canciones de pop oblicuo y con una gracia especial para enhebrar estribillos exultantes. El primer disco de la banda, Life’s Too Good, no hace más que revalorizarse con el tiempo, demostrando que es una de las rarezas más excitantes perpetradas en el pop de finales de la década de los ochenta. Temas como “Motorcrach”, “Birthday”, «Hit» o “Mama” ya dejaban entrever lo que un lustro después se convertiría en la semilla de su ingobernable pulso rítmico.

 

Llega 1993. EL AÑO. Doce meses que están grabados a fuego en el subconsciente de muchas generaciones a lo largo del trascurso del tiempo. Un momento crucial que vio nacer discos totémicos como el Giant Steps de The Boo Radleys, Rid Of Me de PJ Harvey, Very de Pet Shop Boys, la majestuosidad de las primeras canciones de Tindersticks o Suede, la resaca ibicenca que impregna el Republic de New Order, etc. Es curioso como en el NME entre sus mejores discos pareciese que la música negra se hubiera volatilizado, pero seamos justos, en la revista Wire se hacen eco de grandes obras como las de Cypress Hill, De La Soul, o de la obra maestra de PM Damn, The Bliss Album. Pero en referencia a estas dos listas importantes para tomaron el pulso de aquel año glorioso, el Debut de Björk se alzaba con el número uno.

El Debut representó un soplo de aire fresco en la música pop del momento, y además al frente estaba una mujer joven con una cabeza que era un hervidero de ideas. El zeitgeist del momento estaba representado por la amargura en clave guitarrera del grunge y el tufo machista que emanaba; la IDM y el sello Warp que servían sobre la mesa un tecno para escuchar en los salones de casa; el dub de Andrew Weatherall nos hacía imaginar paraísos artificiales a base de bajos musculosos, pero sobre todo Jamaica la cual los jóvenes blancos de los suburbios la replicaban en Bristol con Massive Attack, Tricky y el colectivo Wild Bunch (con Nellee Hooper como integrante) creando una – en palabras de Javier Blánquez– aproximación al caos metropolitano, según nos narra en Loops (Reservoir Books).

 

En portada nos encontramos a una Björk bastante menos amenazante que la PJ de Dry: foto de medio cuerpo con pose de estar sumida en alguna meditación trascendental, aunque sus ojos chispeantes parecen esconder alguna travesura. La inmortalizó Jean Baptisme Mondino, un fotógrafo que ya era muy famoso por codearse con todo el mainstream musical, y que un par de años antes dirigió a Madonna en el video de “Justify My Love”. Una portada icónica.

El propio Nellee Hooper estuvo codo con codo ayudando a nuestra musa a confeccionar este álbum que es ya una leyenda y que cumple 30 años. Debut es un portento hibridando diferentes estilos, dando forma a una especie de Franskenstein hiperfuturista. El productor, por aquellos años, tenía una importancia que, quizás, en la actualidad ha ido perdiendo, y es por eso que el álbum es un producto de ingeniería sonora en donde colisionan la pericia tras los mandos de Hooper, y la visceral y heterodoxa forma de entender del pop de la islandesa. Todo parecía que iba a encajar, como así fue.

 

Björk, en palabras de Marius de Bries -colaborador en la programación del disco- era una mujer que tenía las ideas muy claras de cómo quería que sonase el disco. Sonidos abstractos y extraños tenían cabida en la orografía del mapamundi mental de la autora de “Human Behauvior”, y por tanto la labor de producción se llevó a cabo con total libertad. En una entrevista de 1998 a la periodista Louis Gray para Wire, Björk comenta que había mucha abstracción en la vida diaria, y que la música debía ser la encargada de descifrar los significados ocultos que se escondían bajo esas capas tectónicas por las que se desplazaba la comunicación que no conseguíamos captar. Una bonita forma de entender a una artista que tanto bebe de la música clásica como de la concreta, del folk islandés como del serialismo de Stockhausen, del silencio al grito hierático.

 

Debut, escuchado con la perspectiva del tiempo, sigue sonando como lo que fue en su momento: un artefacto rompedor, maximalista, audaz. Canciones que se asemejan a seres que van mutando: el dub se alía con la arrolladora artillería percusiva en “Human Behavoir”; el house de Chicago toma el tempo de “Crying” para hacernos bailar sin remedio mientras se saca de la manga un estribillo fantástico; “Venus As A Boy” se construye mirando a los ojos a la inmigración jamaicana de Londres, y maridado con el oropel orquestal que tanto rédito le ha ido dando con los años; Goldie y las raves dejaron huella en ella cuando escribía “Violently Happy”, hasta acabar esta odisea con la hermosa balada “The Anchord Song”, con derivaciones jazzísticas, experimentalismo vocal, y el corazón en la mano. I live by the ocean/and during the night/I dive into it/down to the bottom/underneath all currents/and drop my anchor/as this is where I’m staying/this is my home.

Escucha ‘Debut’ de Björk

 

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