Joaquín Pascual es uno de esos músicos a los que le gusta hacer arte sin levantar demasiado ruido alrededor. En tiempos donde prima hacerse notar por encima de tener algo que decir, esta circunstancia se convierte en más necesaria y admirada que nunca.
Una desapacible noche madrileña presa de los últimos coletazos del invierno era el marco sobre el cual el afincado en Albacete se disponía a presentarnos en sociedad No hay nada que hacer por el romanticismo (25), disco en el que predomina el nervio y la electricidad controlada en uno de sus movimientos más expansibles que se le recuerdan.
Y fue el espíritu que recorre la obra el que predominó en la velada, con un Joaquín Pascual exultante y poseído por una traviesa alegría que no cesaba de transmitir entre la audiencia. Compareció en formato trío, acompañado para la ocasión por su inseparable Pedro Gavidia a la batería y su hermano carnal José Manuel Mora al bajo, por lo que teníamos al 50% de Surfin’ Bichos sobre el escenario.
Cabe destacar que la base rítmica fue muy protagonista y vehículo indispensable para llevar estas nuevas canciones rebosantes de magma eléctrico a buen puerto. La sutilidad de Gavidia y el limpiamente saturado bajo de Mora -extraordinario trabajo el suyo-, permitieron que un confiado y certero Joaquín Pascual defendiera su cancionero con auténtica prestancia, especialmente las piezas incluidas en su último trabajo, destacando unas preciosas “La Ventana” y “Medio desnudo” junto a una chisporroteante y poderosa aparición de “Por el bien de la gente”.
No faltaron guiños a su pasada obra, el descomunal Baladas para un atraco(23), bastante alejado en forma y fondo de su nuevo posicionamiento, si bien esto no impidió la exuberancia de los rescates elegidos, “Lo bueno” y “Empezar de nuevo como si nada” (estaba claro que “Una cruz clavada” seguiría más enterrada que nunca en vivo, y más ahora). Mucho más imbricada en su mood actual resultó la recuperación de “La unión y la fuerza”, de su ya lejano debut en solitario El ritmo de los acontecimientos(09).
Pero quizá lo que no nos esperábamos fuera el recorrido final dedicado a un bloque exclusivo de tres canciones contenidas en La Frontera (12), una oda a la introspección habitual del nacido en Valencia, con una desarmante e intensa “Un ritmo caliente”, posiblemente el mejor momento del concierto para quien les escribe. Tan crecido se encontraba nuestro protagonista que tuvo a bien terminar atreviéndose con una versión en castellano del “In dreams” de Roy Orbison, muy digna y radiante. Que la alegría que viaja de puntillas nunca nos deje de soplar en la nuca de vez en cuando.
Foto Joaquín Pascual: Raúl del Olmo




















