Quienes venimos siguiendo al grupo murciano Clara Plath desde sus inicios, y en Muzikalia lo hemos hecho desde que publicaron sus primeros sencillos, siempre hemos pensado que merecían mucha más repercusión de la que estaban obteniendo. Su trayectoria ascendente en la última década, con algún parón obligatorio por circunstancias personales, hacía prever que tarde o temprano darían el gran salto. Personalmente, pienso que con este Voladera (Flor y Nata, 2026) lo han dado.
No quiero hablar de disco de madurez con una banda que ya lleva publicados cinco álbumes, pero es cierto que se nota una cohesión mayor entre las canciones. Quizás más en lo que respecta a la temática, pero también en estilo. Los temas de Voladera comparten emotividad, sinceridad. Escuchando con atención encontramos confesiones duras, rayos de esperanza tras un desengaño, ternura y crudeza. Son emociones muchas veces contrapuestas, pero no dejan de ser emociones. Y la forma en la que están hechas las canciones, combinando perfectamente esa intimidad confesional con ritmos y melodías que no dejan de ser accesibles y pegadizas, ayuda a que esas emociones se contagien.
La pieza instrumental que le da título, “Voladera”, realiza una función introductoria que me recuerda a cuando en el teatro avisan de que la función va a empezar y empiezan a atenuarse las luces. A partir de ese momento ya no hay descanso: canciones más directas como “Días de playa” o “Una nueva idea” se suceden junto a otras como “La mitad rota de dos”, “Despertar” o “El engaño” donde prima el ambiente, la envoltura que se considera perfecta para el texto. Habría que insistir aquí en la acertada decisión que supone el paso al castellano, ya que entender lo que nos cuentan las canciones, intuir por dónde quieren llevarnos, es esencial para disfrutar de ellas al máximo.
El hecho de que ya conociéramos la mitad de las canciones de Voladera no quita ni un ápice de interés a su escucha: el hecho de encontrarlas juntas hace que su efecto sea más prolongado, unas y otras se retroalimentan, mejoran dentro del conjunto. Además la otra mitad es igualmente potente e intensa, con “Ulay y Marina” o “Despertar” funcionando como las dos caras de una misma moneda, y “Mensaje final de los Corintios” dándole al disco un final sorprendente y cerrando un círculo en el que quedan atrapadas sensaciones intensas, emociones desbocadas y tensiones contenidas.
En conjunto, Voladera es el mejor disco que han hecho Clara Plath. El disco que debería situarlos definitivamente en el lugar que llevan mereciendo desde hace años. Por calidad y personalidad, no por dejarse arrastrar por la corriente que parece llevar al éxito fácil.





















