Esplendor Geométrico siguen ampliando catálogo y activismo de bendito terrorismo sonoro con la publicación de El Pulso del Acero: Shinkansen (Geometrik Records, 2026), un disco con el que retoman las armas de su sonido más primigenio. Arturo Lanz hace tres días que ha llegado del país del sol naciente para encontrase con Saverio Evangelista. Con la excusa de la puesta de largo de su nuevo álbum, afrontan algunos conciertos por nuestro país donde han comprobado que la devoción por uno de nuestros fundamentos de lo industrial sigue intacta. Ambos esperan en los camerinos de la Sala El Sol, justo antes de su concierto de cierre en Madrid, para conversar sobre la evolución de su sonido, su forma de trabajo y la influencia de Japón en todo esto.
«No he notado en mi vida eso de la presión por tener que publicar algo»
El Pulso del Acero: Shinkansen tiene algo de regreso a vuestros orígenes, con un acentuado sentido de primitivismo. ¿Qué ha ocurrido para dejar, no te voy a decir de lado, pero sí aparte, esa cuestión más de producción o más electrónica accesible?
A.L. Porque lo he controlado yo directamente. Es decir, no hemos hecho una producción como tal. Ha sido más que nada como un directo. No hay ninguna otra cosa ahí. Ha sido realmente como se trabajaba en los ochenta, todo en directo. Entonces eso se nota y me gusta. Y eso es lo que vamos a hacer. Yo creo que esa es la línea que vamos a seguir. Porque me gusta más y, personalmente, me parece más espontáneo.
Es como esa pureza, digamos, de lo que te sale en ese momento y que la producción no puede controlar…
A.L. Sí, eso es. Además, que nunca tuvimos tanta producción, ¿no? [mira a Saverio Evangelista].
S.E. Bueno, en algunos discos sí, porque hay que hacerlo para que pueda salir el disco.
Pero en este ha sido totalmente residual.
¿Así que no hay una inspiración o algo que os hace empezar a trabajar, sino que vais coleccionando y luego tenéis una especie de labor de comisariado para decidir qué encaja en cada concepto?
A.L. No, porque no trabajamos con conceptos. Simplemente es ponerse por las noches y ya está. Y como eso se hace en un corto espacio de tiempo, pues siempre es una cosa que tiene que ver con lo que has hecho la noche anterior. Entonces, como eso está muy comprimido en el tiempo, no hay muchas diferencias entre temas del mismo disco, porque son hechos en el mismo periodo de tiempo, que normalmente es muy corto.
S.E. Sí, es como un unicornio. Cada disco tiene su “algo”, pero, definitivamente, no es un concepto.
A.L. Por ejemplo, nunca he pensado en el shinkansen como concepto. Lo que hago es que me pongo casi cada tarde o cada noche, y a veces puedo estar más tiempo y me meto más, mientras que otras veces ahí lo dejo. Y después ya pienso: “bueno, pues este es el tema” y no lo vuelvo a tocar.
S.E. Y luego ya entro por si se necesita mejorar un poco el sonido, cortarlo mejor o meter alguna cosa también. Y a veces algunos temas los empiezo yo y los acaba él, depende, pero últimamente suele ser al revés.
Sabiendo esto ahora, la concepción del oyente que se adentra al disco sin saber nada más que la portada y el título puede acabar condicionando la escucha. Me refiero a que dices “es verdad, parece el traqueteo de un tren”. Estás mediatizando mucho al oyente y, sin embargo, no existe esa intención inicial.
A.L. No, no existe. Lo que pasa es que cuando estamos viendo los títulos del disco o de los temas, pues se me ocurre, pero no tiene por qué tener nada que ver con la música. Ningún nombre tiene nada que ver con el tema, porque los ponemos después. Y eso últimamente, que antes yo no lo hacía, pero ahora estoy poniéndole los nombres a los temas. Y son cosas muy simples que se me ocurren. Es como escritura automática dadaísta. Tampoco es que sea intelectual ni nada, es más para ahorrarme el tiempo de pensar en una cosa que no me interesa.
¿Habéis notado que con los avances que ha habido últimamente se hace mucho más fácil el trabajo? ¿O en realidad esa forma de trabajar en la distancia siempre la habéis tenido igual y no habéis variado?
A.L.: La tecnología siempre ayuda, pero realmente nunca ha dejado de ser así. Lo que pasa es que ahora es más inmediato. Antes tardábamos más en compartir las cosas, pero, ahora mismo con el Dropbox y tal, mandamos todo en un momento. Si tienes una buena línea de Wi-Fi y tal, es una maravilla.
S.E.: Sí, además es como las empresas americanas con los trabajadores indios, que trabajan por la noche y lo recibes por la mañana. Está muy bien eso.
Y a la hora de la producción, eso también acelera los procesos. Quizá antes pensabais que necesitabais equis tiempo para hacer un disco y ahora esto os aboca a meteros más presión porque se facilita demasiado su producción.
A.L.: La verdad es que no, porque nunca la hemos tenido. Yo no he notado en mi vida eso de la presión por tener que publicar algo. Nunca hemos dicho “hay que sacarlo”, así que eso no influye. Más o menos ha sido siempre una cosa espontánea.
S.E. Digamos que más o menos cada año y medio, dos años, depende… Pero es cuando tenemos temas suficientes para un disco cuando nos ponemos a ello. Ya está.
¿Qué ha ocurrido para que en este último disco hayáis rescatado esencias del pasado para reconstruirlas o reformularlas?
A.L. Pues estar en Japón, estar rodeado de gente que hace noise. Eso es lo que me ha influenciado ahora mismo para volver un poco al ruido, a meter ruido, porque he entrado un poco en el grupo de grupos japoneses de esa escena rudista y me parece que eso era lo que quería, volver a eso. No es hacer exactamente ese noise como hacen ellos, pero sí que he visto que su propuesta me gusta.

Esa parte japonesa impacta directamente también en ti, Saverio, aunque no esté tan en contacto directamente con esa cuestión, de cuanto más raro y más ruidoso, muchísimo mejor. ¿Te gustaría experimentarlo?
S.E. Claro. De vez en cuando la hemos experimentado, porque nosotros llevamos tocando en Japón desde 1993. Y esa es la sensación, aunque quizá sí que me gustaría experimentarla algo más de cerca, aunque no sé hasta qué punto vivir y trabajar en Japón, porque tiene que ser complicado. Pero lo que veo es que en Japón hay sitio y espacio para todos. Como dices tú, hay nichos y cosas que cuanto más raras son, más éxito, entre comillas, tienen. A nosotros siempre nos ha sorprendido que tuviéramos ahí fans que nos esperaban y estaban.
A.L. Y, además, son grupos muy pequeños. Por ejemplo, los locales para tocar a lo mejor caben quince personas muchas veces. Ahí percibo realmente lo que es el underground todavía. Y hay gente súper educada, muy respetuosa. Cada uno hace lo que quiere mientras que no te saltes las normas sociales que, porque si lo haces, vas a la cárcel. Pero mientras que tú te pongas en la escalera mecánica a la izquierda y no molestes, puedes hacer todo lo que quieras. Y no pasa nada.
¿Creéis que esa música dura, potente, antisocial en muchos sentidos podría ser una buena banda sonora para la sociedad de ahora?
A.L. Sí, está clarísimo. Por eso también sale así, porque realmente te influyen las cosas. Es verdad que es un momento caótico, y que desde el punto de vista del concepto salen mucho más ruidosos y de más caos. Entonces eso está muy bien para los tiempos que corren. Más caótico que Trump tenemos que ser nosotros… Es complicado, pero bueno, hay que intentarlo.
Mirando a los directos, a toda la parafernalia técnica de los primeros años y cómo ha cambiado la tecnología, los tamaños y las disposiciones en el escenario, siempre me ha parecido que reducirlo a un par de tablets es alejarse demasiado de ese imaginario de la música industrial.
A.L. El romanticismo es una cosa que es muy del siglo XIX. Así que, cuanto más antirromántico, mejor. Sería horrible… Imagínate que tenga que venir de Tokio con un MS-20. Me parece tan de los 80… Cuanto más pequeñas las cosas y más posibilidades tengan, mejor. Porque un sintetizador analógico tiene muchísimas menos posibilidades que un iPad o un ordenador. Ya me aburría del MS-20 ya en los años 2000. Fue una explosión ver aplicaciones en las que puedes inventarte todo tipo de ruidos sin necesidad de depender de las limitaciones.
Vemos una inclusión del sampler vocal muy alejado, precisamente, de esas primeras voces procesadas. Quiero decir con esto que, aunque teniendo este álbum esas reminiscencias, mucho se circunscribe a lo sonoro.
A.L. Las partes vocales no tienen ningún significado. Son ruidos. Es una cosa muy primitiva. No tienen ningún mensaje. Y antes tampoco lo tenían, pero en los años 80 las letras que teníamos eran para que la gente se escandalizara. En esa época, todo era divertido, y lo que nosotros queríamos en ese momento era que lo nuestro no fuera divertido y que fuera incluso un poco terrorífico. Comprendo que la gente nos dijera “estos tíos qué dicen”. Menos mal que no es ahora, cuando todo está en redes y, seguro, que estaríamos en la cárcel. Pero en esa época podías decir lo que te daba la gana y se enteraban cuatro personas. No pasaba nada, más que algunos te dejasen de hablar.
Saverio, aunque entras en el proyecto más en la parte musical hace ya más de treinta años, no sé si desde tu involucración anterior con Esplendor Geométrico percibes también que esos diez primeros años han resurgido.
S.E. Hubo una evolución con la tecnología. Cuando yo entré, yo ya colaboraba antes con las imágenes, nos conocíamos, éramos amigos y organizaba también los conciertos. Entonces yo he pillado la primera época y, en ese sentido me la conocía bien. Y luego fue cambiando un poco el “sonido Esplendor” por la tecnología, aunque se reconocía siempre que era nuestro sonido. Ahora con los medios digitales puedes hacer cualquier cosa y tienes por delante 360 grados de posibilidades y puedes volver tranquilamente a hacer lo que hacías o que se parezca más. Pero creo que no es un revival; en ese sentido no lo veo. Quizás es encontrar un poco lo que es la esencia de Esplendor.
A.L. Sí, pero tampoco es intencionado. Yo no quiero volver a nada. Simplemente, en este momento me gusta mucho más.





















