Dorian

Dorian: «La mayoría de la banda somos de clase trabajadora y venimos de orígenes muy humildes»

Siempre es un placer reunirse con Dorian, pero lo es más si es por el motivo de la publicación de A cualquier otra parte, el excelente libro de Alex Serrrano, que recorre dos décadas de historia de Dorian. Así que, me reuní con Marc Gili para hablar sobre: memoria, heridas, canciones que cambian una vida, profesionalización del “indie”, su importancia como banda en América Latina y la sorprendente resistencia emocional de una banda que ha sabido sobrevivir a todo, para quedarse en nuestra memoria colectiva como uno de los grupos de nuestra vida.

«“A cualquier otra parte” está escrita desde un desasosiego vital muy profundo, desde una desesperación muy auténtica y, al mismo tiempo, con unas palabras muy bellas”»

Hola Marc. En primer lugar, darte la enhorabuena, tanto a vosotros, como a Alex. Estuve en la presentación de Madrid y te explayaste contando cosas, así que, me queda poco por preguntar, pero allá voy. El libro funciona, en parte, como un espejo: muestra cómo os ven los demás. Leyendo A cualquier otra parte, ¿hubo algún momento en el que pensaras: “Vale, este soy yo, pero quizá yo no lo recordaba así”?

No exactamente, pero sí que me ha refrescado muchos momentos y acciones. La vida va aplastándolo todo. Vivimos en el presente, y además más que nunca: en un presente neurótico y estresante. Veinte años dan para que se difuminen algunos recuerdos.

Gracias al libro he recordado muchas de nuestras primeras giras y detalles que me ha hecho mucha gracia recuperar. Ha sido más bien eso: me ha refrescado mucho todo. No es que el punto de vista de otros me haya sorprendido especialmente sobre ciertos momentos, ni que tuviera olvidadas determinadas informaciones.

En cualquier caso, leer este libro para mí y para la banda ha sido un verdadero viaje emocional, realmente profundo. Nosotros trabajamos con Álex de la siguiente manera: hicimos entrevistas por separado a lo largo de un año, tres entrevistas por cada uno de nosotros. Son muchas horas de grabación. Además, Álex es muy bueno tirándote de la lengua y consiguió crear la confianza necesaria para que cada miembro de la banda explicara sus cosas.

Luego hizo 22 entrevistas más a personas cercanas al grupo: promotores, periodistas, miembros de otras bandas… Lo que quiero decir es que Álex ha creado un mosaico sobre la vida del grupo al que la banda ha sido ajena. Nosotros no hemos estado teledirigiendo nada. Es un libro escrito desde la total libertad, y creo que eso era lo que tenía que ser: un libro lo más objetivo posible sobre lo que han sido estos 20 años de Dorian, sin que la banda estuviera detrás.

Quisimos que lo hiciera una persona que hasta ese momento no conocíamos personalmente, que era Álex, y él tampoco nos conocía a nosotros. Creo que ha quedado un libro que no es para nada un masaje. Explica de forma bastante realista la historia de Dorian y, por extensión, lo que han sido estos últimos 20 o 25 años de escena independiente en nuestro país y también en parte fuera. Creo que se va a quedar como un documento con valor periodístico, porque está bastante bien expuesto.

Por lo que dices, Álex tuvo total libertad. Eso también lo comentasteis en la presentación. Me gustaría que recordases cómo llegó a vosotros la propuesta de hacer el libro, siendo él una persona totalmente ajena a la banda. Creo recordar que tú fuiste el más reticente al principio y que Belly estaba más dispuesta a la colaboración. ¿Fue así o me equivoco?

No fue exactamente así, o al menos yo no lo recuerdo así. Nos lo propuso una agente literaria, Lourdes, que trabaja con diferentes editoriales, hace unos tres años. En aquel momento yo consideraba que todavía no era el momento de explicar la historia de Dorian.

En cambio, una vez publicado Futuros imposibles, que habla sobre las distintas fases del duelo y donde recogemos un poco todo lo que nos había pasado a nivel sentimental con Belly y también con otras personas, ahí sí dije: “Con estos 20 años, con este disco ya cerrado, con las heridas cerradas y con una catarsis colectiva como grupo, aquí sí tenemos una historia que se puede contar desde el principio hasta ahora”. Entonces decidimos seguir adelante.

Entiendo que, al principio, abrir tanto las puertas del local de ensayo y de la intimidad del grupo a alguien ajeno podía imponer cierto respeto.

Claro que sí, pero considerábamos que era un buen momento y también un privilegio que una gran editorial estuviera interesada en explicar nuestra historia. Nos pareció bien.

Como te digo, obviamente no te abres del todo en las primeras sesiones. Te vas abriendo a medida que coges confianza con el periodista. Fue un proceso muy duro en el que Álex estuvo un año documentándose, conociéndonos y ganándose nuestra confianza. Lo que ha hecho es difícil, tiene mucho mérito y creo que el resultado final es excelente.

Yo me lo he pasado muy bien leyendo el libro. Me ha parecido muy adictivo, todo el rato quieres saber más. Es muy completo. Ya le di la enhorabuena a Álex y a vosotros porque me parece un trabajo increíble.

Muchas gracias.

Siempre me habéis parecido un grupo muy profesional, desde la primera vez que os vi en directo, con vuestro planteamiento estético en el escenario, que me sorprendió. Algo no muy visto en España en esos tiempos. Creo que siempre transmitisteis tener un sentido de grupo de rock, mucho más que cualquier otra banda. Manuel Pinazo encaraba la crítica del libro contando una anécdota que te transmito: En el libro Había una vez… Sr. Chinarro Antonio Luque recuerda que, cuando empezabais, llegasteis a Contempopránea con una Mercedes negra rotulada con el nombre de la banda en dorado. Y pensó algo así como: “¿Pero estos de qué van? ¿Con quién han empatado si están empezando?
Personalmente al leer esto, que no te niego que me hizo mucha gracia; y al leer el libro, me pregunto si, desde el principio tuvisteis claro todo el proyecto de Dorian como algo vital, como si tuvierais que ir a por todas.

Eso es. Desde el principio teníamos claro que íbamos a ir a por todas, pero nunca hemos ido vacilando por la vida. Creo que esa anécdota que comentas quizá corresponde a cuando la banda ya estaba en su tercer o cuarto disco. Igual Antonio Luque pensaba que estábamos empezando porque no nos tenía del todo en su radar, pero te aseguro que en nuestros comienzos íbamos más bien con un Renault vieja, tal y como contamos en el libro.

En cualquier caso, la raíz de la anécdota sí marca una actitud. Nuestro grupo siempre tuvo claro que queríamos tomarnos en serio este proyecto. También desde el principio tuvimos claro que era posible plantearnos hacer de la música una profesión.

Debo decir que, cuando nos lo planteamos por primera vez, era prácticamente un imposible. Cuando Dorian empieza a publicar su primer álbum, 10.000 metrópolis, en España apenas hay dos o tres grupos profesionales dentro de nuestra escena: Dover, Los Planetas y quizá uno o dos más.

Hace poco encontré por casa una factura de nuestra primera gira, de un concierto de Dorian con Lori Meyers en Bilbao en 2004. Los dos grupos cobramos 400 euros cada uno por tocar en una sala. Hemos pasado por ahí. Lo que quiero decir es que fuimos muy valientes, tanto nosotros como Lori Meyers y otros grupos. Haber sido tan osados en un panorama en el que la industria musical independiente era tan precaria y había tan poco para todos tiene mucho mérito.

Dorian

Tú empiezas con la cabeza llena de sueños, pero luego esos sueños hay que bajarlos al plano de la realidad. Fuimos mejorando con mucho tesón en todas las áreas en las que todavía no hacíamos bien las cosas. Nos esforzamos durante años por mejorar nuestro espectáculo en directo, por interpretar cada vez mejor en nuestros discos, por grabar mejor, por producir mejor… Y poco a poco empezaron a llegar las canciones que se popularizaron.

A partir de ahí, el público y los programadores empezaron a confiar en nosotros, nos pusieron en mejores horarios y cada vez más gente nos descubrió. Desde nuestro segundo o tercer disco todo cogió una velocidad y una inercia que nos ha permitido seguir desarrollándonos hasta el presente.

Teníamos la cabeza llena de sueños, pero también los pies en la tierra. Como digo siempre, los sueños te ayudan a avanzar, son como el viento de cola, pero luego el barco hay que llevarlo bien con el timón, porque si el timón no va bien, el barco se hunde.

Nosotros hemos llevado un buen equilibrio entre nuestros sueños y nuestra realidad en cada momento. Nunca nos hemos dejado llevar. Creo que cualquier persona de la industria te dirá que somos una banda muy poco egocéntrica, muy humana y cercana con todo el mundo. Ahí está un poco la clave.

Imagínate cuántos proyectos se han ido a la basura porque, en el momento de la subida hacia el éxito, los egos y las envidias han podido con ellos. Nosotros siempre hemos tenido claro que eso no iba a ir con nosotros. Hemos ido dando pasos hacia adelante de forma humilde, pero constante.

En la presentación del libro, Álex dijo una cosa muy bonita de ti: que eras un poco como Morrissey, en el sentido de que no podías haber sido otra cosa que artista. Muchas de tus canciones son personales y nacen de crisis o rupturas, pero al mismo tiempo se vuelven universales, como ocurre con “A cualquier otra parte”. ¿En qué momento te das cuenta de que ese universo tuyo puede compartirse con tanta gente? ¿Qué sientes al ver que llega a miles de personas?

Me di cuenta de verdad por primera vez con el éxito de “A cualquier otra parte”. En nuestro primer álbum hay un par de canciones de las que me siento muy contento como letrista, que son “Te echamos de menos” y “Solar”, pero los letristas al principio todavía nos estamos buscando. En ese disco hay letras muy bonitas, pero quizá demasiado abstractas.

En el caso de “A cualquier otra parte”, es una canción que compongo en un momento muy bajo de mi vida, con muy poco dinero en la cuenta, siendo un verdadero desastre a nivel emocional y con muy malas compañías en mis largas noches. A partir de un momento en el que se me rompe el alma, compongo esa canción. Y a través de su éxito me doy cuenta de que todos los seres humanos estamos construidos con el mismo barro, con el mismo fuego de Prometeo y las mismas emociones.

Todos cojeamos del mismo pie. Aunque en la práctica lo llevemos de maneras diferentes, estamos hechos de la misma pasta. “A cualquier otra parte” está escrita desde un desasosiego vital muy profundo, desde una desesperación muy auténtica y, al mismo tiempo, con unas palabras muy bellas. De repente muchísima gente conectó con ella.

Ahí me di cuenta del poder tremendo que tiene la música pop. Fue la primera vez que me dije: “Esto es posible, Marc. No dejes nunca de escribir con el corazón. No escondas tus textos detrás de metáforas”. Comprendí que, si puedes describir tus emociones de la forma más directa y sencilla posible, debes hacerlo. Porque la honestidad, la sinceridad y mostrar tu vulnerabilidad es lo que te permite conectar con las emociones del público.

Desde entonces, todos mis esfuerzos como letrista y compositor se han centrado en hacer de Dorian un proyecto cuyas canciones sean lo más abiertas, profundas y sinceras posible. Solo desde la sinceridad podemos conectar con el otro.

El libro se titula A cualquier otra parte porque, evidentemente, esa canción fue un punto de inflexión para el grupo. La anécdota que contaste durante la presentación sobre cómo la escribiste es brutal, y en el libro viene muy bien reflejada. Cuando se la mostraste a Belly, ¿ella la entendió desde el principio? ¿Qué te dijo el resto del grupo y cómo fue el desarrollo de la canción?

Para contextualizarlo un poco, yo tuve un momento de crisis con Belly en el que ella me echó de casa, porque yo llevaba una buena temporada metido en el lado oscuro de la noche, en unas dinámicas muy negativas y rodeándome de gente que estaba en caída libre. Y yo con ellos.

Muy acertadamente, Belly llegó a un punto en el que me dejó. Hay que entender que yo estaba mentalmente arruinado, prácticamente sin dinero en mi cuenta bancaria, con el amor propio por los suelos y encadenando trabajos precarios, como el resto de mi banda. En ese momento solo me faltaba que me echaran de casa.

Aquella noche me refugié en el único lugar al que consideré que podía ir de forma segura: el local de ensayo. Pensaba dormir encima de la moqueta, en el suelo. Llegué un domingo por la noche y, como si alcanzara una conexión espiritual muy profunda conmigo mismo y con el mundo, me salió la canción entera, con letra y música incluidas. Es algo que sucede muy de vez en cuando.

Emocionado, a las once de la noche y después de llevar un par de días sin dormir, cogí fuerzas para llamar a la banda y decirles que tenía algo especial. Se quedaron todos de piedra y me dijeron: “Marc, vete a dormir, que lo que necesitas es descansar. Mañana ya hablamos”.

Yo estaba fuera de control por la alegría que tenía. Pasé de la tristeza más profunda a la alegría por el hallazgo que había hecho. Al día siguiente quedamos, la tocamos, y la canción no recibió grandes halagos por parte de la banda, pero sí vieron que tenía algo singular y decidimos trabajarla.

Yo se la enseñé con una guitarra acústica. A partir de ahí empezó un trabajo de muchas semanas en el local de ensayo y, después, muchas más semanas trabajando muy obsesivamente con Maxi Ruiz, el productor de El futuro no es de nadie, en la compleja base rítmica del tema y en el resto de pequeños arreglos.

Al cabo de unos días, la banda sí empezó a darse cuenta de que aquello tenía una magia especial, pero al principio la recepción fue un poco fría. No se lo achaco a mis compañeros; simplemente forma parte del proceso.

Me interesaba saber cómo fue el recibimiento de una canción que nace tan desde dentro. Entiendo que en principio podía chocar, aunque después se convirtiera en vuestro gran éxito. ¿Recuerdas la primera vez que la tocasteis en directo o la primera vez que sonó en público?

No te puedo decir cuál fue la primera vez que la tocamos en directo, pero sí recuerdo la primera vez que sonó en público antes de publicarse. Estábamos en Madrid, en un club que se llamaba Low Club, para unas mil personas, y la puso DJ Amable.

La pista estaba llena y todo el mundo bailaba. En cuanto empezó a sonar la canción, la gente dejó de bailar porque no entendía el beat extraño que tiene. Era un tema totalmente nuevo, que nadie conocía. Recuerdo que Belly y yo estábamos en medio de la pista, con toda la ilusión del mundo, y cuando vimos que los cuerpos dejaban de moverse le dije: “La hemos fastidiado. Esta canción no la va a entender nadie”.

Nos quedamos totalmente planchados. Ver que una pista entera deja de bailar es muy fuerte. ¿Quién iba a decir que esa canción se iba a pinchar y bailar durante más de 20 años después de aquello? En ese momento nos dio un bajón increíble. Pensábamos que iba a fracasar totalmente como single.

Afortunadamente, Amable persistió en su empeño y empezó a ponerla todas las noches. Después Radio 3 se volvió totalmente loca con la canción, todos los locutores empezaron a apoyarla y el resto de DJs del indie nacional comenzaron a ponerla en sus bares y discotecas. El fenómeno empezó a correr como la pólvora.

Pero sí: la primera vez que esa canción sonó en público no fue una canción totalmente incomprendida.

«Tú empiezas con la cabeza llena de sueños, pero luego esos sueños hay que bajarlos al plano de la realidad. Fuimos mejorando con mucho tesón en todas las áreas en las que todavía no hacíamos bien las cosas»

En el libro se habla también del concierto que disteis en el FIB, que mucha gente recuerda como algo especial y bonito, pero tú cuentas que por dentro estabas destrozado e incluso llegaste a parar la gira.

Estaba completamente agotado. Llevábamos 110 o 120 conciertos a nuestras espaldas. Incluso algunas noches habíamos hecho dos conciertos en distintos festivales: uno a las diez de la noche y otro a las cuatro de la mañana. Veníamos desde abril sin parar, viajando en furgonetas pequeñas, conduciendo nosotros y pegándonos kilometradas.

Llegué a ese momento agotado y aquel día me sucedió una cosa que me asustó muchísimo: en pleno concierto empecé a mezclar los versos de las canciones y a colocarlos donde no tocaban. Me asustó mucho porque yo estaba totalmente sobrio, solo me había tomado un café. Pero tuve una crisis de agotamiento en la que mi cabeza fallaba e intercambiaba los versos.

Me asusté tanto que dimos por cerrada la gira. Cancelamos unos cuatro conciertos para retirarnos a descansar. No somos nada de cancelar conciertos, pero ante un tema de salud es impepinable. Fue una gira de cerca de 120 conciertos en condiciones precarias de desplazamiento, comida y descanso, cobrando muy justo. Como estábamos en ascenso, estábamos felices, pero es lógico que, por jóvenes que fuéramos, aquello terminara resintiéndose. Al retirarme a casa, tras unas breves semanas de descanso, empecé a sentir la presión de tener que hacer un nuevo álbum y cargar con el peso de superar el éxito de “A cualquier otra parte”. La gente me preguntaba si iba a ser capaz de hacer otro “A cualquier otra parte”, algo que nunca pretendí y en cuyo error nunca caí.

Entre el cansancio acumulado por la gira y la falta de experiencia con el éxito, se me vino todo encima y acabé desarrollando prácticamente una depresión. Pasé ocho meses infernales, realmente duros, en los que lidié con pensamientos muy funestos. No me salían las canciones y no terminaba las letras. Me aconsejaron que me retirara y me olvidara del grupo durante una temporada, y eso hice. Me fui solo a Madrid, mientras Belly se quedaba en Barcelona, dedicándome tiempo a mí mismo para que mi espíritu volviera a colocarse en un eje más ordenado. A partir de ahí empecé a sentirme mejor y la nube negra que había tenido en la cabeza empezó a disiparse. Paradójicamente, de ese momento tan complicado surgieron unas canciones muy redondas que terminaron cristalizando en La ciudad subterránea, nuestro tercer álbum y el primero en el que sentimos: “Esto sí es lo que queremos decir”.

Recuerdo perfectamente cuando salió La ciudad subterránea, fue muy bien recibido por todo el mundo y me parece un disco redondo, la verdad. Además de que, creo que rompió moldes en la escena, tanto por el sonido como por la estructura de las canciones. 

Fue un disco muy bien acogido por la crítica y quedó muy bien colocado entre los mejores del año. En ese álbum conseguimos lo que pretendíamos antes de empezar: imprimir la energía del rock a los sintetizadores. Queríamos que las bases sonaran con la contundencia de las baterías de rock y que los sintes tuvieran la rugosidad y la energía eléctrica de las guitarras.

Lo conseguimos junto al productor Álex Ferrer, logrando un verdadero muro de sonido que no era tan frecuente en nuestra escena. Nos alineábamos con proyectos de aquella época como Digitalism o Klaxons. Esa síntesis entre guitarras y sintetizadores, entre baterías reales y programadas, le dio a la banda la credibilidad y la contundencia que quizá no habíamos obtenido en nuestros dos primeros álbumes.

Es un disco surgido de unas cenizas emocionales y de un claro bajón. Pero con esfuerzo, con el trabajo de Belly, la confianza de Bart y la paciencia infinita de Álex Ferrer, logramos cuajar un álbum que hoy en día me sigue pareciendo nuestra primera piedra angular.

En la presentación del libro en Madrid hablasteis, como no podía ser de otra manera, de la importancia de la America latina en la banda. ¿Cuándo os disteis cuenta de que era la hora de moveros por allí?

Nosotros empezamos a ir a México en 2009. En ese momento prácticamente ninguna banda de la escena independiente de nuestro país cruzaba el charco, pero yo empecé a ver claro que nuestro futuro tenía que pasar por ahí.

Si nos quedábamos solo en España, terminaríamos marchitándonos. Yo necesitaba nuevas aventuras para la banda, cosas que nos permitieran cristalizar en nuevas canciones. En un acto de auténtico suicidio empresarial empezamos a ir a México. En cierto modo, creo que Dorian ha sido pionera en cruzar el charco y crear sinergias con lo que ocurría en países como México, Colombia o Argentina.

Encontramos una escena independiente floreciente y empezamos a crear grandes amistades con grupos como Zoé, Hello Seahorse! o Reyno. México nos abrió las puertas y sacamos nuestros primeros álbumes allí con un sello llamado Terrícolas Imbéciles.

A partir de ahí empieza la andadura internacional del grupo, que nos lleva de México a Colombia, Chile, Perú y Argentina. Empezamos de cero, haciendo carretera y volviendo repetidas veces. Al no haber estado nunca en una multinacional, creamos nuestra propia pequeña multinacional.

En cada país echábamos raíces. Fichábamos por sellos locales o creábamos nuestra propia infraestructura de promoción, promotores y bookers. Así, siendo totalmente independientes desde España, fuimos construyendo una red internacional de aliados que nos ha permitido hacer un camino en el extranjero muy bonito, saludable y que nunca ha atendido a las leyes comerciales del mercado.

Ha sido un camino hecho desde la total independencia y la honestidad musical.

Para ir terminando: el libro transmite la sensación de que Dorian es un andamiaje casi eterno, capaz de superar rupturas emocionales, como la tuya y Belly. Da la impresión de que Dorian tenía que estar por encima de todo eso. ¿Qué crees que le depara el futuro al grupo?

Tienes mucha razón. Para empezar, la mayor parte de los miembros de nuestra banda somos de clase trabajadora y venimos de orígenes muy humildes. Hay una rebeldía de base en la creación del grupo que hizo que la génesis de Dorian fuera muy fuerte desde el principio.

Hemos ido superando distintas crisis y el grupo siempre ha estado arropándome y empujándonos los unos a los otros. El último gran momento de dificultad dentro de la banda llegó cuando Belly y yo, después de muchos años, cortamos nuestro vínculo sentimental. Eso está muy bien explicado en el libro. A partir de ahí se produjo un duelo enorme, muy largo en el tiempo, en el que además de estar girando tuvimos que hacer un álbum. Y todo eso en postpandemia. Cualquier banda habría saltado por los aires después de algo así, pero ese trance, que estuvo a punto de llevarse a Dorian por delante, una vez superado, nos hizo más fuertes a los cuatro.

Te puedo decir que ahora mismo, a nivel emocional, la unión de los cuatro miembros es más fuerte que nunca. Bart y Lisandro tuvieron un papel fundamental durante la crisis de ruptura, manteniéndose en una distancia totalmente equidistante entre los dos y acompañándonos por igual. Eso convirtió a la banda en un grupo mucho más fuerte a nivel de vínculo emocional de lo que habíamos sido nunca. De todo esto hemos salido con una comunicación verbal sana, en la que los sentimientos se expresan sin tapujos. Cuando algo te molesta se verbaliza, se comparte, se pide perdón y se dan las gracias. Hemos salido reforzados a lo largo de estos 20 años.

Por lo tanto, creo que tenemos Dorian para rato. Este año vamos a estar presentando Futuros imposibles en un montón de festivales en España y regresaremos a América Latina. Al cerrar diciembre terminaremos esta etapa y nos tomaremos un merecido descanso, así que el año que viene habrá poca actividad pública de Dorian. Estamos felices de tener este libro maravilloso en el mercado, en el que por primera vez nos hemos abierto de arriba abajo. También me hace mucha ilusión pensar que puede inspirar a mucha gente joven que ahora mismo está empezando con su primera banda. Puede servir como hoja de ruta para que vean lo que les puede esperar, lo bueno y lo malo, y que luchando se puede conseguir.

Puedes comprar el libro Dorian – A Cualquier Otra Parte de Alex Serrano (Plaza y Janés) en la web de su editorial.

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