Juan Luis Guerra es de esos artistas con el don de unir generaciones, nacionalidades e historias de vida. Este domingo, una Plaza de España abarrotada hasta los topes, se tiñó con los colores de Latinoamérica. Pancartas y banderas saludaban al artista desde una pista emocionada y entregada.
“Rosalía” abrió la noche y le siguió “La Travesía”,aunque casi no pudimos disfrutarla debido a un fallo técnico con el micrófono. Con los corazones en alto el público se entregó a la misión de suplir al cantante en un karaoke colectivo hasta que solucionaron el problema. A partir de ahí la noche prosiguió sin más fisuras con “Vale la pena”, “Como yo”, la estrenada en 2023 “DJ Bachata” y la archiconocida “El Niágara en Bicicleta”. En esta última sacando a relucir sus dotes de narrador con la amplia parte hablada que tiene este tema.
Como si de un predicador se tratase, el directo mutó en ceremonia espiritual cuando el dominicano aludió a su fe para introducir “Para Ti”, una canción que refleja el renacer que tuvo el artista tras sufrir una dura crisis existencial que culminó en su abrazo a la religión evangélica. Más adelante le llegaría su turno a “Las Avispas”, otro merengue religioso del mismo disco. Juan Luis Guerra es un experto en convertir cualquier liturgia en una canción cuyas melodías han quedado en el imaginario colectivo.
A esto le siguió un medley de sus bachatas más famosas en formato acústico para bajar un poco el ritmo y hacer bailar lento a los enamorados. Así se aseguró de no dejar fuera ninguna de sus canciones más ovacionadas, para deleite de todos los que allí nos encontrábamos. El clímax llegó en “Burbujas de Amor”, que consiguió unir las 18.000 voces en una sola, silenciando cualquier murmullo o conversación.

Entonces le llegó de lucirse a la legendaria banda 4.40 en “Tú” y “Como Abeja al Panal” pasando la voz principal entre los coristas. Transiciones impecables, polirritmia desbordante en los cueros y los bongos, una sección de vientos vibrante y unas contestaciones sublimes bajo el inconfundible tumbao de la casa.
Llegados a este punto, con un calor sofocante, me llamaba la atención cómo algunas personas llevaban bailando todo el concierto sin parar, sin importar los grados y el sudor porque simplemente era imposible resistirse al disfrute.
Por fin el dominicano volvió al escenario por todo lo alto con “Visa para un Sueño». Aquí el que no estaba bailando no disfruta, era como una enorme concentración para baile social. Luego le llegó la hora a otro merengue nuevo, «La noviecita». Demostrando también que no sólo vive de sus singles más inconfundibles, si no que sigue componiendo, produciendo y más en activo que nunca.

Con “Ojalá que Llueva” subió la intensidad emocional. La música es un maravilloso lenguaje para expresar ideas que El Maestro conoce muy bien y no se olvida del enorme altavoz que posee. Aprovechó la ocasión para recordar la durísima situación que se está viviendo en Venezuela y apoyar a los que allí se encontraban celebrando entre la pena y la congoja por la difícil situación que han dejado en sus hogares de origen.
El cierre fue una sucesión de artillería pesada en tres bises: “A pedir su mano”, “Bachata Rosa” y la archiconocida “La Bilirrubina”. Lo de Juan Luis Guerra en Sevilla fue un concierto que alegró los pies y los corazones. Mirara donde mirara había una sonrisa dibujada en las caras. Un sueño cumplido para muchos, un abrazo para otros. Y por supuesto una fiesta para unir a los latinos de allí y de aquí, porque hay algo que une la música y que nadie puede separar. No sé qué tendrán el merengue y la bachata que hace que personas desconocidas, sevillanas o latinas, bailen y lloren juntas durante más de dos horas al son de un solo corazón.
Fotos Juan Luis Guerra: Rocío Cabello


















