Erik Urano acaba de publicar STALKER, su quinto larga duración, donde se mantiene en ese fraseo cortante, esa pulsión abstracta y una mirada crítica sobre la realidad, introduciendo una mayor atención a lo atmosférico y las texturas.
Con la participación clave de Harto en la producción, el álbum avanza entre niebla y se levanta desde el estudio, explorando nuevas texturas sin perder su lógica interna.
Lo nuevo de Erik Urano funciona como un conjunto de fragmentos que documentan un periodo vital y creativo, donde el desplazamiento se convierte en eje. El resultado es un disco que no busca respuestas, sino que se sostiene en la duda y en la revisión constante de su propio lenguaje.
Hablamos con él para desvelar las claves de este STALKER.
«En mi caso, acusaría demasiado esa dedicación exclusiva al ámbito artístico en vez de utilizarlo como vía de escape o hackeo de mi realidad»
Este ‘STALKER’ que estrenas mantiene las señas de identidad de tu música, partiendo por el fraseo y el minimalismo en las bases, pero noto un cambio importante desde tu anterior ‘Qubits’ en la musicalidad. Diría que es un trabajo más armónico, menos áspero, que busca la belleza a través de la rotundidad y la encuentra. ¿Estás de acuerdo? ¿Ha sido algo intencionado?
No existe una gran intencionalidad en lo que hago más allá de la propia ansia por la exploración y la búsqueda de nuevos límites. Supongo que es dentro de esa propia búsqueda donde se crean estos nuevos marcos artísticos y estéticos. Desde luego, este disco ha sido más trabajado en el estudio, desde cero en muchos casos, y creo que eso es bastante culpa de Harto, que corre con la mayoría de la autoría tras la producción, y eso ha generado nuevas texturas e intenciones, sobre todo en el plano musical de este disco.
Te he leído que ha sido el disco que más te ha costado sacar adelante. ¿Ha sido por lo ambicioso del proyecto o ha habido factores extramusicales que han contribuido a ponérselo en contra? ¿Has podido también disfrutar del proceso?
Creo que ha sido por una mezcla de esas cosas que me indicas, pero sobre todo por lo ambicioso en lo creativo. También tengo la suerte de trabajar con productores y artistas increíbles, y eso muchas veces conlleva tener que adaptarme a sus tiempos, ya que mi proyecto tampoco goza de esa prisa o preferencia que pueden tener otros grandes proyectos en los que ellos andan metidos…
Pese a todos estos factores y quebraderos de cabeza a nivel personal, ha sido un disfrute estar metido en su proceso de creación, muy estimulante a todos los niveles.
Es muy difícil que, a estas alturas, surja un lanzamiento mínimamente posicionado en la industria sin un diseño potente que lo acompañe, pero en tu caso aquí parece que quiera comunicar algo por sí mismo. Desde el título en mayúsculas hasta la simplicidad, la transfiguración y el uso del color, y por supuesto los videoclips, me llevan a pensar en una obra tan visual como musical. ¿Tenías estas ideas en la cabeza o van encajando conforme has ido armando el repertorio? ¿Participas de alguna forma en lo plástico en este disco?
Es un trabajo increíble de los másters Daniel Muñoz y Rodrigo Rojo, en el que también me he visto involucrado, sobre todo a nivel creativo, no técnico.
Daniel Muñoz y yo partíamos de la idea inicial del amarillo, además de un mínimo boceto conceptual en torno al concepto del camino y el caminar. Ya en Neovalladolor decidimos incluir una tercera cabeza en el diseño (S/o Nano4814) y esta vez volvimos a hacerlo incluyendo a Rodrigo Rojo (Chrome XYZ), y la verdad es que fue un muy buen punto de inflexión. Yo ya era admirador del curro de Rodri, como lo que había hecho para VVV [Trippin’ You], y habíamos hablado alguna vez de hacer algo. Vi que en esta ocasión podía llevar todas las ideas que ya teníamos a un nuevo nivel y creo, personalmente, que el trabajo de ambos a todos los niveles ha sido brutal y el resultado final, sobre todo en la edición en vinilo, ha quedado increíble.
Hay una circunstancia que creo que también se refleja en tu carrera, y es mantener (hasta donde yo sé) una actividad laboral paralela a lo artístico o musical. ¿Cómo llevas el equilibrio entre libertad creativa y la limitación de tiempo y energía para volcarlo en otra disciplina? ¿Crees que una sociedad avanzada debería luchar para que un creador pueda dedicarse a tiempo completo a su obra? Y, ¿crees que se romantiza precisamente esa dedicación exclusiva?
Creo que, al menos en mi caso, acusaría demasiado esa dedicación exclusiva al ámbito artístico en vez de utilizarlo como vía de escape o hackeo de mi realidad, como ha sido durante estos años. Aun así, no pretendo romantizar la precarización, pero en este mundo salvaje que es la industria de la música veo como algo muy positivo el no depender de ella para pagar tus facturas, ya que hay una falta total y básica de una clase media y una muy amplia clase extra baja que dedica una infinidad de horas e ilusión para unas migajas que no les aseguran ni la supervivencia diaria.
Aparte, creo que estar demasiado enfocado en lo artístico, tanto en el plano creativo como en el ocioso/social, puede llevar a estar metido en una cámara de eco bastante peligrosa y desconectada de la realidad, entendida esta como principal fuente de inspiración.
Por último, me llegan muchos textos del disco como una perspectiva más reflexiva y de autoconocimiento, alejándose de la afirmación y planteando más preguntas que respuestas. Podríamos hacer una entrevista solo con ello, pero me quiero centrar en esta de ‘Solaris’ por lo inusual: “…de que no me importe nada, a que me duela que no me importe nada”. ¿Crees que el primer paso para rebelarnos contra la anestesia sentimental es precisamente ser conscientes de ella?
Sin duda. Ese primer autoanálisis, por muy negativo que sea, de darse cuenta de la propia insensibilización para con la realidad que nos rodea es el inicial y completamente necesario primer paso para algún mínimo tipo de cambio. Además, creo que ese pesimismo se convierte en una visión mucho más crítica y reactiva en búsqueda de una mutación de la realidad que ese optimismo más acomodado y reaccionario que nos venden como positivo.


















