Hazte Lapón – Tú Siempre Ganas (El Genio Equivocado)

La Vida Adulta (Instrucciones de Uso) podría ser el perfecto título para un libro de autoayuda en la onda superficial de un Mr. Wonderful de saldo, pero también el resumen ácido de una etapa vital y musical, que al fin y al cabo es lo que es, que ha situado a sus creadores (Manuel González Molinier y Saray Botella) en los puestos altos de cualquier clasificación que incluya los mejores trabajos discográficos del año que se nos va. Hazte Lapón agrupa su más reciente cancionero, lo subdivide en dos etapas temáticas que en realidad son la misma y escriben letras con la enjundia suficiente para derribar cualquier barrera emocional. En la primera y segunda parte, titulada premonitoriamente Tú y Yo (y Todos los Demás), concurren himnos generacionales que serían tarareados por nuestros padres si rejuvenecieran de golpe y descubrieran que el mundo que nos han dejado no es sino una calcomanía desdibujada del suyo propio. Hay en estas canciones un sello indefinible, un carácter inherente a las grandes personalidades del pop que los hace dueños de un imaginario universal y a la vez íntimo, que en “Como Vera y Vladimir” resulta tremebundo al retratar los vicios y virtudes del matrimonio Nabokov (sí, el formado por el célebre autor de Lolita y su santa esposa) y enmarcarlos en suave música de cámara, pero con mucha más mala uva de la que nunca aparentará. Nunca sabremos si lo que se esconde detrás de las sensaciones luminosas de “Catalizadores del amor” o los violines country de “Un carrusel” es realmente tan amenazador como sospechamos o es solo que las formas les importan mucho más que los fondos.

Los pequeños cuentos cotidianos, olvidadas historias que todos queremos recuperar por el bien de nuestros sueños, cobran alma en “La bolsa o la vida”, como si el tránsito inevitable del furor adolescente a las responsabilidades inherentes a cualquier adulto que se precie de serlo no fuera más que un trámite, necesario pero intrascendente. O como si un viaje a “Suiza” nos hiciera redescubrir las posibilidades del lenguaje con un fondo de guitarras asalvajadas y el tiempo no pasase, como ocurre en la eterna fantasía de “Walt Disney Corp.”. También hay tiempo para pararse a recapacitar sobre las propias contradicciones, que a menudo amenazan una convivencia sana y buscada en “Fantasías brutalistas”, con su buena dosis de experimentación. Igual de chocante suena “El punto ciego”, coloreada en la melodía hasta decir basta para ocultar la negrura de su corazón lírico. Es pura melancolía, mera yuxtaposición de sentimientos y arreglos que deleitan en “Sabes la noche”, una preciosa pieza regida por piano, y el atinado objetivo de “Las mujeres que no amaban a los hombres”, dándole la vuelta a la tortilla e incluso a la sartén si me apuran. Es mucho lo que se debe apreciar en estas canciones y poco el tiempo que podremos dedicarles. “Maravillas de la insuficiencia”, con su tempo cristalino, o el excelente intercambio de teclados y vientos de “Trompe l’oeil”, son ejemplos diáfanos de que el mejor pop de nuestro tiempo se encuentra en discos milimétricos de diseño inquietante. Y en la multiplicidad de referentes literarios y audiovisuales y el kraut rock de “Yo los he visto” un tesoro difícil de catalogar. Como el resto de esta joya.

La idea de editar Tú Siempre Ganas como pegamento aglutinador de las últimas tendencias de una de las grandes ententes pop de nuestro país es oportuna y reveladora. La decodificación de estos pequeños juguetes musicales, llegado el caso de la definitiva disolución de sus autores, nos aliviará el ánimo cada vez que creamos vivir en el páramo en que el panorama amenaza convertirse, si es que no lo ha hecho ya. No solo ganamos nosotros con la degustación de un disco tan grande. El mundo entero debería estar agradecido por haber tenido la oportunidad de escuchar al menos parte de él.

Escucha Hazte Lapón – Tú Siempre Ganas

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