Juárez – Luna Menguante (Lunar Discos)

Urgencia por hacer canciones. Esa es la fiebre que, a tenor de la entrevista que Juárez mantuvo con Muzikalia, mantiene en vilo a esta banda Pamplonica. Una urgencia más allá de lo humano, superior a sus componentes como individuos, que les empuja una y otra vez a caer en lo mismo. Una urgencia que es la principal causa y razón de que a Juárez, una banda de rock de cuarentones y cuarentonas haciendo pop, como inteligentemente se autodefinen, hayan pasado de remilgos y rollos pandémicos y se hayan liado la manta a la cabeza para sacar a pasear sus nuevas canciones en un esmerado vinilo que lleva por título Luna Menguante.

Quinto disco en algo más de seis años, nada menos. Cinco discos, uno por cada uno de las/los componentes de la banda. Los cuatro anteriores ya presentaban poca fisura, pero eran un poco el camino de aprendizaje. Con Luna Menguante da la impresión de que quieren cerrar un ciclo. Verter toda la experiencia acumulada en una colección que defina claramente lo que son, para poder mirar desde ahí hacia adelante. Y les ha salido la jugada redonda.

De entrada, “Nébula”, dedicada al mítico garito garajero de su ciudad, va directa a la yugular. Angustia existencial y nostalgia de tiempos pasados, a ritmo de vigorosa melodía velvetiana que atrapa sin remisión. Las reminiscencias a Neu! que destilan en “Duerme entre tú y yo” contribuyen de nuevo a esa sensación cósmica que de forma tan placentera nos va invadiendo ¿Son Juárez el cosmos? Hay algo en esa ambientación vaporosa, esas voces etéreas y esas melodías ligeras, pero perdurables, que le da a uno, efectivamente, la sensación de estar levitando. Y eso, obviamente, es siempre bueno ¿Acaso no era la evasión. volar lejos, lo que buscábamos al deslizar una aguja por un vinilo?

Y la evasión continúa, certera e imparable, a través de más canciones. Cada una con su pequeña influencia, pero perfectamente adaptada a la personalidad de la banda. Los aires country-pop de “Crucificarte” o “La luz de abril”, la comedida ascendencia Feelies de “Laberinto sin final”, la redondez pop de libro (y es un piropo) de “Estela”, la esmerada textura folk-rock que se respira en “Invierno”, o ese guiño final a su primer disco (¿cerrando el círculo?) con la espectral “Caléndula II”, son todos peldaños en ascenso hacia la plataforma de despegue. En un disco que, además, encuentra precisamente su (gran) atractivo en una falta de pretensiones que cada vez es más cara de ver en los tiempos que corren.

La urgencia de hacer canciones. Esa fiebre. Esa gran consejera.

Escucha Juárez – Luna Menguante

 

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