Había muchísimas ganas de ver en directo a Kælan Mikla tras el fiasco acontecido en el DarkMad de 2024, a la postre última edición celebrada del festival. Un caos organizativo y de horarios provocó que el trío de islandesas tuviera que abandonar, en un amasijo de consternación y rabia, el escenario tras interpretar tan sólo tres canciones.
Por fortuna, en esta ocasión todo sería muy diferente. La siempre agradecida Sala El Sol era el marco elegido para que Kælan Mikla volvieran a traernos su universo oscuro, ensoñador y magnético. Apunte importante que me desconcierta es el hecho de que, con el concierto anunciado desde hace un año o más, no fueran capaces ni siquiera de llenar una sala de aforo modesto, algo que dice muy poco bueno de nuestro país con respecto a sus preferencias musicales de cara a determinadas propuestas como puedan ser el darkwave, a la que añadiríamos sin temor a equivocarnos otras como el post-rock, el midwest-emo o el synthwave. Cuestión de latitudes geográficas, me parece.

Una expectante audiencia se disponía a disfrutar del aquelarre a cargo de nuestras brujas favoritas no sin antes haber disfrutado un apropiado, epatante y enérgico directo del dúo madrileño Dunkelwald.
La última incursión musical de la formación nórdica fue la publicación el pasado año de un re-imaginado score para el clásico del cine mudo The Phantom Carriage, interesante e inquietante a partes iguales. Sin embargo, como no podía ser de otra manera, los protagonistas de la velado fueron sus dos obras capitales, el riquísimo y espectral Undir köldum norðurljósum (21) y el bastante más electrónico Nótt eftir nótt (18), equilibrando ambos su presencia sobre las tablas.

El carismático y entrañable trío surgió sobre el escenario como un silencioso sortilegio, dirigido por la carismática interpretación vocal de Laufey Soffía, perfectamente flanqueada por los teclados y flauta de Sólveig Matthildur (inmensa su aportación en “Stormurinn”) y por el bajo penetrante de Margrét Rósa, muy presente durante toda la noche y, especialmente, protagonista en “Andvaka”, canción tremenda que clausuró una parte central del show más electrónica y, por momentos, lineal tras un inicio notablemente sutil y un cierre del todo arrasador, iniciado por la procesión de chillidos espectrales de “Sólstöður” y rematado con “Hvítir Sandar”, la maravillosa colaboración con Alcest, de largo su tema más emocionante e intenso.
Fotos Kælan Mikla: Álvaro de Benito
















