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Keaton Henson – Kindly Now ([PIAS])

Ya teníamos encasillado a Keaton Henson como uno de los grandes nombres entre la lista de cantautores contemporáneos, al lado de otros como Bon Iver, Damien Rice o los inflados Explosions In The Sky. Y mira por dónde nos sorprendió no hace mucho con una serie de sorprendentes experimentos con el dubstep y la electrónica, por un lado, y con su implicación en la música neoclásica, violines y piano mediante, junto a otro nombre ilustre e injustamente obviado como el de Ren Ford. Ahora, lejos de maniobrar de nuevo en una dirección inesperada, vuelve por los fueros que lo incorporaron al citado listado con otra serie de temas lacrimógenos, compuestos con lo mínimo y hasta arriba de sentimiento, que situán a este Kindly Now como uno más –con todo lo bueno y lo malo que ello puede conllevar- de una serie de trabajos destinados a jalonar una trayectoria que empieza a ser importante.

Efectivamente, lo que sabe hacer mejor es folk de autor, y por ello sigue empeñado en contarnos su proceso de autodestrucción creativa y posterior inmolación, parece ser, en “The pugilist”; o desmenuzar las tribulaciones de su mundo frágil y angustiado en “No witnesses”, una balada de alcoba para que los momentos más bajos sean compartidos con la mayor calidez posible. En ocasiones como esa es cuando llega a seducir, máxime cuando acompaña tanta confesión emocional con un plus de guitarras y percusión como hace en “Comfortable love”, justamente una melodía más acogedora de lo habitual. Entre sones tan compungidos y la escasa ductilidad a la que dota a sus canciones se agradecen detalles menores que a la larga engrandecen un trabajo algo lineal: Las capas de voces en la incipiente vitalidad de “Holy love”, por ejemplo, y la conmovedora línea melódica de “How could I have known”. No todo va a ser llorar, claro.

Todo lo que se puede esperar de un artista de las características de Keaton Henson está aquí, incluida la nana de rigor (“Good lust”, con sus bonitos arreglos de cuerda), para corazones abatidos pero orgullosos de seguir latiendo. Encuentra ocasión para el regodeo en la tristeza y lo hace a placer en “Polyhymnia”, más grandilocuente que efectiva para la ocasión, y extrema la sensibilidad en creaciones, ahora sí, emocionantes como “Old lovers in dressing romos”, para que nadie se refiera a él como el último cortavenas del pop. La verdad es que un poquito de eso hay en su música, pero si nos remitimos a las muestras de versatilidad demostradas que citamos al principio, puede que debamos concederle al londinense el crédito suficiente para que en la próxima entregue nos cuente algo diferente. O lo mismo, pero de otra manera.

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