El documental Man on the Run, dirigido por Morgan Neville llega al streaming para ofrecernos una de las etapas más duras en la carrera de Paul McCartney: los años posteriores a la separación de The Beatles, la puesta en marcha de su nuevo proyecto musical Wings (de quienes acaba de editarse un recomendable libro) y episodios dolorosos como el asesinato de John Lennon.
Una película cercana ante la que es inevitable no emocionarse antes un músico sensible, vulnerable y humano que, tras ser el frontman de la banda más influyente de la historia, no desea abandonar su inmensa pasión por la música, pero debe buscar un sonido nuevo y rompedor sin perder su esencia. Porque aunque Lennon había comunicado previamente a los miembros de la banda que quería abandonar el grupo, fue el propio McCartney quien lo dio por sentado al publicar su primer álbum en solitario, enfrentándose a todo tipo de críticas y especulaciones por parte de sus fans y de la opinión pública que lo consideraron responsable de la ruptura. Mientras Lennon triunfaba con un grandioso Imagine(1971), McCartney no recibía críticas positivas de Ram(1971). Curiosamente, el disco ha sido revalorizado con el tiempo e incluso el propio hijo de Lennon llega a calificarlo como obra maestra.
Si hay algo que hay que destacar, es el magistral montaje. Se han incluido entrevistas y archivos inéditos que se combinan ágilmente con imágenes, fotografías familiares y cartas personales en collage, fragmentos musicales menos conocidos y un diseño visual que te engancha al hilo narrativo y, visualmente, recogiendo de manera acertada todas las etapas y anécdotas de McCartney durante más de una década, que retratan la vida familiar en High Park Farm, la propiedad escocesa donde se refugió tras la ruptura del grupo con solo 27 años.
Este ritmo vertiginoso refleja la profunda crisis personal de Paul donde llegó incluso a dudar si volvería a escribir, de hecho, se muestra una conocida anécdota donde arroja un cubo de agua sucia a los fotógrafos de una conocida revista que aparecieron en la finca sin previo aviso. A cambio llegaron a un acuerdo tomando fotos de la vida familiar como símbolo de estabilidad, en la que el apoyo de su mujer Linda McCartney fue crucial para reconstruir su vida lejos del caos mediático que lo perseguía.
McCartney después de The Beatles
De regreso al Reino Unido decidió formar Wings junto a Linda, el guitarrista Denny Laine y el batería Denny Seiwell. El proyecto fue recibido inicialmente con dudas y algo de reticencia por parte de los medios, y la presencia de Linda en el grupo fue objeto de críticas y despelleje constante. Ella misma declaró que, en señal de su amor por Paul, su participación era más un gesto de apoyo y unión que una ambición musical.
Los primeros discos del grupo no convencieron a la crítica, pero rápidamente Band on the Run (1973) se convirtió en un éxito internacional que le devolvió el reconocimiento artístico que merecía. A partir de ese momento, la banda pasó de tocar en universidades británicas con entradas baratas, a convertirse en una maquinaria de rock que llenaba estadios en Norteamérica.

El documental también recoge episodios divertidos de aquellos años, como el asalto sufrido durante la grabación del disco en Lagos, donde fueron robadas las primeras cintas de las sesiones, pero al menos disfrutaron del concierto de Fela Kuti, cuya influencia quedó reflejada “Mamunia”. O el arresto de McCartney en Japón en 1980, por llevar marihuana en el equipaje, a pesar de ser avisado previamente, que lo mantuvo diez días en prisión y separado de Linda por primera vez.
La película recoge también uno de los momentos más incómodos y a la vez más duros para Paul, como él mismo declaró posteriormente: su imprevisible reacción al asesinato de Lennon. La respuesta a la prensa se interpretó como breve y fría. En el documental, el mismo hijo de Lennon, Sean, justifica aquella reacción pensando que probablemente estaba en estado de shock.
Más que un estudio exhaustivo y melómano del proceso creativo de McCartney, Man on the Run funciona como un retrato humano y familiar del artista. La música es una presencia constante, pero el núcleo emocional del relato se centra en la relación del músico con dos figuras esenciales en su vida: Linda y John. No necesita grandes análisis, se queda en un viaje emocional y musical muy ameno y accesible para cualquier tipo de público (no solo para beatlianos acérrimos). Un retrato cercano y tierno de un músico prodigioso que supo reinventarse y volver a emocionar.





















