McEnroe + Joe la Reina (Stereoparty 2012) – El Sol (Madrid)

La fiesta Stereoparty 2012 de este cálido invierno nos trajo a la capital el disfrute de los siempre agradables McEnroe y la presentación de otro de los nuevos fichajes de la ya mítica discográfica Subterfuge Records, esa firma española que consiguió que más de uno empezara a prestar atención a las etiquetas de los discos.

Con tímida pose y unos nervios propios de los que dan sus primeros pasos sobre las tablas, se presentaron Joe La Reina con un pop voluminoso que bebe directamente de la teta de Arcade Fire, con bien de oooohhhssss y aaaahhhhss, querencia por los himnos lo llaman. El grupo venido desde Pamplona, aunque con orígenes guipuzcoanos, subieron a pisar con firmeza e ilusión mientras defendían con tremenda seriedad unas composiciones que por momentos traían ecos del malhumorado de Dylan, grandes palabras.

Lo hierático de su puesta en escena se contrarrestaba con una estética bien cuidada y unas ganas de hacerlo bien, y muy bien que lo hicieron, espaldados en varias ocasiones por la viola de Maite Rodríguez de Reina Republicana. Costó prender la mecha del directo, pero tengo la impresión de que se reservan parte de su capacidad para sorprendernos en la puesta de largo en su CD, próximamente graban EP con la colaboración de Brian Hunt.

Un público excesivamente parlanchín, que agotó el papel días antes del concierto, respondió bastante bien desde el primer momento, y arropó con cariño los desperezos de estos guipuzcoanos, que aunque todavía por crecer y a falta de desparpajo tienen todas las piezas para montar el puzzle del éxito, con una voz bien acoplada, consiguieron meter el gusanillo de la curiosidad, habrá que darles una pensada para la próxima vez que se nos crucen en el camino.

Fue en la misma sala El Sol, donde meses atrás se despedía (momentáneamente) Tulsa, y en aquella ocasión también fueron Joe La Reina los encargados de caldear el ambiente antes del plato fuerte. McEnroe la atracción principal de esta noche venía con toda la fiereza que da tener en la maleta un repertorio cargado de sensibilidad, sin necesidad de florituras, arranques, poses, modelos ni virtuosidad, McEnroe desde la simpleza arranca vellos de punta. De esto dan testimonio notarial sus grabaciones.

Ya en los primeros compases presentando temas de su inminente nuevo LP Las Orillas se atisba una intensidad propia de las cuerdas de Nudozurdo, pero manteniendo intacta la capacidad narrativa que tanto les caracteriza. Parece que McEnroe han abierto la puerta al ruido y a la distorsión, como anillo al dedo para unos temas que ya de por sí te revuelven las tripas sin apenas intentarlo.

Parece que las nuevas canciones se acercaran más a la masa, un pop que de primeras oídas parece más obvio y accesible, pero que no desentona para nada en su paleta de canciones sensibles. Da gusto ver a estos machotes llorar. Eso es vida. De eso trata ser músico. Desnudos sin enseñar el ombligo, grandes tíos haciéndonos sufrir por decirnos nuestras propias verdades a la cara. Tal fue la evidencia de que la emoción se había agarrado en el estómago del público, que cuando desenfundaron “El alce” el madrileño público parlanchín se autoimpuso votos de silencio. No era complicado vislumbrar ojos acuosos que surgían por doquier de una manera natural y pausada. Como pausada y estupenda fue la cadena de canciones que nos trajo poco después su gran y triste himno “La Tormenta”.
Ansioso por conocer que esconderán esas orillas que se revelarán definitivamente el día 21 de febrero, y de la que también presentaron en sociedad “Mundaka”, del mismo nombre que el pueblo de Vizcaya, sonando perfectamente limpia y en la misma senda que sus hermanas.

Antes de la primera parte nos deleitaron con su versión masculina del Tú nunca morirás, prescindiendo de Miren de Tulsa en favor de la voz de Ricardo y con un público comedido, fiel cómplice de un ambiente cargado de protones. De repente en plena empanada mental, propia de un concierto de estas características, alguien se me acerca y me avisa: “cuidado con ellos que son vascos y Rajoy los persigue”, tras tremenda llamada a la realidad se me ocurre pensar que el sitio ideal para disfrutar de estos pequeños grandes de la música española sería un teatro y evitar así todo tipo de interferencias que te permitieran disfrutar de su contención. Una pena que la emoción de sus canciones, como pasa con las drogas no se pudiera mantener en punto álgido durante toda la hora, porque cierto es que sus canciones son todas buenas, pero algunas son sublimes y los picos de subida y bajada se hacen notar.

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