Miki Ramírez – Confesiones De Un Don Nadie (Friky Records)

Disco debut de este cantautor madrileño. Y es que parecía que después de Pedro Guerra, Javier Álvarez o Ismael Serrano no aparecía en escena nadie que pudiese decir: ”aquí estoy, eh”. Pues sí, y ese personaje se llama Miki Ramírez.

Pero Miki se acerca también al estilo de Joaquín Sabina, Manolo Tena o Antonio Vega. Es un cantautor de los de antes, de los que compone y le gusta tocar aquello que crea: por esto es guitarrista y pianista en sus temas. Le encanta experimentar y por ello va mezclando diversos estilos: en momentos puede tocar una pieza de pop, en otros nos puede sorprender con bossa-nova, en otros jazz. Lo mismo ocurre con el estado de ánimo de sus canciones: las hay que pueden tocar temas más alegres que otras, las hay profundas, comprometidas, juerguistas, etc…

Comienza el disco con “Pobrecita Princesa”, canción para una chica que busca a su príncipe azul, y resulta que todos le salen rana. Es el sino de una chica buscadora del amor de verdad y destinada a encontrar sólo el amor de una noche. Pero hay más reminiscencias al amor, como por ejemplo en “El Parque Del Recuerdo”, donde nos habla del contacto entre dos amantes y dónde se originó ese contacto místico entre ambos; o “Y Se Me Enreda”, donde más que de amor, habla de una sensación de nerviosismo y ansiedad que se produce cuando estamos con la chica de la cual sentimos ese tilín.

Canciones que bien podrían ser autobiográficas y que hablan de cómo puede ser la vida de un joven cantautor, como “Prisas” y “Confesiones De Un Don Nadie”, donde se ve claramente su influjo del jazz y el protagonismo es para el piano.

También se incluyen canciones comprometidas y donde el riesgo social cobra importancia. Esto ocurre con los temas “Jugar Con Fuego” y “Al Rojo Vivo”, donde la metáfora del juego está presente en forma de ruleta de la fortuna. El riesgo de apostar por algo es el actor principal de ésta.

Incluso nos encontramos con un tema homenaje a su ciudad natal, Madrid. “Esta Noche Madrid” es como el “Pongamos Que Hablo De Madrid” de Sabina, pero no tanto en poner el único protagonismo en la ciudad, sino que Miki en este caso quiere dar importancia a su persona en esta red de luces nocturnas en que se convierte la capital cada noche.

Disco sin grandes elocuencias ornamentales y donde la sencillez musical se engloba dentro de una composición lírica.

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