«Ahora no tenemos a Enrique, pero tenemos el disco para profundizar en él», me contaba Antonio Arias hace unos días en una charla que tuvimos a propósito de su Mapa del trance y de esta gira 30 aniversario de OMEGA. Un álbum que muchos seguimos viendo como algo sagrado e inabarcable, un trabajo que «no une un cantante flamenco con un grupo de rock; son dos mundos diferentes que buscan entenderse a regañadientes. De cuya gestación salió una hermanad que continúa treinta años después», aclaraba Antonio. Y así es.
Hemos hablado (y escrito) mucho de ese ente ente intocable -recuerden el libro En el Satélite de Lagartija Nick de Óscar Cabrera salido de esta casa- y de cómo OMEGA ha trascendido más allá de Morente y los propios Lagartija Nick. Para explicar esta nueva aventura podemos volver a esa frase de Antonio sobre la ausencia de Enrique y ver que más que resignación hacia la pérdida se ha trazado una hoja de ruta que no cierra el duelo evocando al maestro, sino regresando al núcleo de la obra, escarbando en ella como si aún guardara preguntas sin responder.

No estamos ante una reconstrucción ni un tributo, sino en nueva inmersión. Kiki Morente no es Enrique Morente ni trata de imitarlo. Lo continúa desde otro lugar, y ahí reside el hallazgo más interesante de esta nueva aproximación dividida en cuatro bloques, con una puesta en escena casi teatral que arrancó con «Un Cantaor Debe Morir» de fondo en la voz del propio Enrique. Una versión de esa «A singer must die» de Cohen que el flamenco dejó fuera del disco por superstición (se recuperó su maqueta en la edición 20 aniversario) y que ejerció de testigo entre padre e hijo, que cantando por encima termina asumiendo la voz principal, dando entrada a Antonio Arias, Eric Jiménez, Juan Codorníu y JJ Machuca con unas máscaras lorquianas, quienes junto a los guitarristas Marcos Gago y Nano del Amali y un coro flamenco, arrancaron el concierto con una impecable «Manhattan».

A partir de ahí, un primer set de honestas relecturas de «Vals En Las Ramas», «La Aurora De Nueva York» y una «Niña Ahogada En El Pozo» con Antonio Arias a la voz como en varias ocasiones la hemos escuchado al frente de los Lagartija. El segundo set, más flamenco, sirvió como reivindicación del propio Kiki, ya sin la banda granadina como apoyo, sentado junto a sus guitarristas y dando su propia visión de «Solo Del Pastor Bobo», «Adán» y «Sacerdotes». Un sentido diálogo intergeneracional que continuaba las canciones desde una nueva perspectiva.

La misa flamenca de «Kyrie» y el «Martinete» entre coreografías, bailes y máscaras, abrieron un tercer set colosal, con la esperada tormenta eléctrica de esa «Omega» que nos partió por la mitad la primera vez que la escuchamos y lo seguirá haciendo ad infinitum; con la «Vuelta De Paseo» y su explosión final que nos recuerda que Lorca, Cohen y Enrique fueron «asesinados por el cielo»; con una «Aleluya» que convirtió el Botánico en un coro comunal y con esa barbaridad llena de aristas llamada «Ciudad sin sueño», que cerró el set en lo más alto.

Aún habría más. Un bis que escondía sorpresas como ese «Pequeño Vals Vienés» con Kiki y Antonio a las guitarras, interpretándolo desde el susurro y la distancia, hasta que el chorro de voz de Estrella Morente irrumpió por un lado del escenario para sumar fuerzas a una emotiva versión de la canción que conmovió a cada uno de los presentes. Superado el respeto inicial, una vez convertido lo sagrado en profano y con el público totalmente entregado, volvió a sonar «Manhattan», ahora con Estrella como protagonista, en una versión más larga y redonda que la inicial. La noche se cerró con la bonita interpretación de “Esta no es manera de decir adiós”, otro de los descartes del disco que reinterpreta el «Hey, That’s No Way to Say Goodbye» del autor canadiense, y con el sonido de «Dama errante» entre aplausos, agradecimientos, loas a los Morente, alguna lágrima y los bailes de la matriarca Aurora Carbonell.

Una demostración de que el espíritu de OMEGA sigue vivo porque admite ser habitado de otra manera. Ese es, en última instancia, el mayor triunfo de esta gira que no defiende el disco de los años, sino que lo lleva a otro lugar para seguir tocando el fuego con las manos desnudas.
Fotos OMEGA: Kiki Morente y Lagartija Nick: Fernando del Río




















