Queens of the Stone Age – Lullabies to Paralyze (Interscope – Universal Music)

Si el stoner rock acabó en Kyuss, Josh Homme se llevó en su maleta lo más granado de aquella época para preparar un plato más variopinto. Y como ocurrió hace una década en Kyuss, el bravo Nick Oliveri desaparece de la formación, pero no es el fin de Queens of the Stone Age pese a que el lo afirmara. Esa agresividad, fuerza, pasión, etc. que transmitía a los discos y directos de los Queens no debe propiciar dudas a cualquier aficionado de las Reinas de la Edad de Piedra en cuanto a la pérdida de dicha fiereza en su sonido. Está claro que el alma mater ha sido Josh Homme, pese a las peculiaridades y al carácter que haya podido añadir al sonido y a la personalidad del grupo californiano el ex-bajista Oliveri. Si a ello le añadimos la particularidad del grupo con sus continuos cambios de rotación en la formación se puede imaginar uno a priori que Lullabies to Paralyze no ha debido sufrir ninguna “herida” por tales circunstancias.

Y así es, el cuarto disco de los Queens no pierde ningún resquicio de fuerza en ningún momento. Su comienzo se asemeja a los anteriores álbumes, es decir, pisando el acelerador tras la nana inicial de Mark Lanegan, desatando la bravura incontenida de “Medication” y la veloz “Everybody knows that you´re insane”. Recuerdan a los inicios de “Songs for the deaf” y al homónimo primer disco.

Por otro parte Homme prefiere apuntar el álbum a un lado más conceptual, alargando algunos temas e incrementando la oscura atmósfera llena de hipnotismo y sensualidad típica del grupo. Se desquita un tanto de esas melodías directas de “Rated R” y profundiza en un ambiente de suspense y tensión, sensaciones que logran envolver al disco en su totalidad. Prueba de ello está en las puntales y contundentes “Someone´s in the Wolf” y “The blood is love”. No por ello desaparecen esos riffs y melodías tan pegadizos, como la recuperada de sus Dessert Sessions “In my head”, o la inmediata “Little Sister”, el primer single.

Quizá no sea un disco tan redondo o completo como “Rated R”, ni tan sobrio y contundente como el pasado “Songs for the deaf”, pero éste no es de los discos inmediatos que se saborean en las primeras escuchas, si no que hay que repasarlo unas cuantas veces para sacar todo su jugo.

Sobre todo cabe destacar la autenticidad del sonido contundente y a la vez sensual del grupo, hipnótico; un sonido característico que proporciona un placer al oyente único. Imposible encontrarlo en cualquier banda a día de hoy.

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