Sr. Chinarro

El disco supone un cambio, no muy grande porque sigo siendo yo, el mismo tío, el que hace las canciones, y tengo los mismos recursos, las mismas ideas, los mismos temas que me gusta tratar y la misma manera de verlos…

Nuestro último encuentro con don Antonio Luque (el tratamiento lo anteponemos en honor a su reciente fama como escritor y porque alguien que ya ha grabado catorce álbumes merece, cuanto menos, un respeto) fue mucho más breve de lo esperado.
 
Quién le iba a decir a este músico tímido que camufla su físico con una poblada barba y sus palabras directas con una aparente austeridad que más de veinte años después de grabar su primera maqueta iba a tener a los más prestigiosos medios musicales haciendo cola para entrevistarle y recoger sus impresiones respecto a un disco que no esperábamos escuchar cuando apenas había un año de distancia con el anterior. La premura entre ensayos, fotografías y pitillos robados al duro ritmo de la promoción nos hizo ajustar las preguntas previstas antes de uno de los primeros conciertos posteriores a la grabación, que no a la publicación (en el momento de la charla aún no había salido a la calle “Enhorabuena a los cuatro”, su nueva entrega) de un álbum que ratifica al nuevo Sr. Chinarro como la continuación, ampliada y retocada, del antiguo, pero igual de importante músico que ahora cuenta las cosas de otra manera y sigue sintiendo la misma necesidad de comunicarse. Antes de que la única guitarra acústica que lo acompaña en directo se acoplara a su voz y al público del Teatro Cajasol de Sevilla, conseguimos que bajara a la platea para que nuestra conversación le sirviera de descanso.
 
El disco lleva en la calle apenas unos días y aún no le hemos dedicado las suficientes escuchas para entrar en detalles. En principio, y teniendo en cuenta lo prolífico que has sido en estos últimos dos o tres años, ¿hay alguna diferencia notable entre este trabajo y “Menos samba”?
 
No lo sé, el “Menos samba” va a quedar un poco como una cosa rara entre “Presidente” y este, porque había muchas canciones que habían sido descartes de aquel, otras que hice nuevas pero sin estar pensando en un conjunto de canciones para un álbum como sí es “Enhorabuena a los cuatro” o fue “Presidente”. Va en la misma línea de “El fuego amigo”, “El mundo según” o “Ronroneando”, el anterior queda un poco ahí, pero claro, cada disco no era igual al otro, tampoco eran iguales los anteriores, cada uno pone y quita. Es un cambio, no muy grande porque sigo siendo yo, el mismo tío, el que hace las canciones, y tengo los mismos recursos, las mismas ideas, los mismos temas que me gusta tratar, la misma manera de verlos… puedes cambiar de batería, puedes cambiar de productor, y algo cambia, pero en definitiva sigue siendo lo mismo.


Eso sueles comentar, aunque la mayoría de tus seguidores no lo veamos tan claro, que en el fondo sigues haciendo lo mismo ahora que en “Noséquénosécuántos” o “El porqué de mis peinados”.
 
En esencia es así. Hombre, están los cambios lógicos en el sentido de que pasa el tiempo, uno va aprendiendo cosas, otras las vas olvidando y ya está. Van quedando todos ahí, al final lo importante es qué repertorio puedas hacer para un concierto, dado que ya los discos para la gente no tienen mayor valor, tú vas poniendo ahí información en la red y tal, y luego está el concierto, y ahí toco un poco lo que me viene en gana. Está claro que tener ciento setenta canciones es mejor que tener solamente diez.

 
Has vuelto a cambiar de banda. Antes eran los músicos de Maga los que te acompañaban y ahora son los chicos de La Habitación Roja, Marc Greenwood como productor y bajista y Pau Roca también metiendo mano a las guitarras. ¿Eso también influye a la hora de trabajar o simplemente era más fácil contar con ellos al grabar en Madrid?
 
En verdad el contacto lo hice antes de irme a Madrid, fue en Valencia, ciudad en la que grabé el anterior disco y he pasado algunos ratos. Cada músico tiene su manera de tocar y hubo líneas de bajo en “Ronroneando” y sobre todo en “Presidente” que las hacía Javi Vega, pero muchas de las líneas que ha grabado Marc Greenwood en este disco y en “Menos samba” son mías, porque me gusta mucho hacer líneas de bajo, me entretiene. Pero tampoco son cambios muy significativos porque ya digo, como la canción la compongo yo, pues tú compones una secuencia de acordes y a esa secuencia le puedes dar varias líneas posibles, puede variar un poco pero los instrumentos van acompañando a la guitarra y la voz, eso es la canción, entonces eso tampoco implica que cambie radicalmente todo. Por eso uno puede cambiar de banda de acompañamiento tantas veces como sea necesario, por cuestiones del negocio o por el éxito y la gira grande de Maga o por lo que sea.

 

 
Tu caso es un poco el contrario al de la mayoría. Se supone que cuando una banda va evolucionando pasa de grabar en su país a irse fuera, a buscar estudios más completos o más adecuados al sonido que busque en ese momento. Tú lo hiciste a la inversa, el primer disco lo grabaste en USA y después siempre lo has hecho en estudios caseros, o mejor dicho, nacionales.
 
Bueno, el estudio Red Bull de Madrid no es nada casero, es un estudio grande. Hay técnicos y los técnicos hacen lo que pueden en todos lados, tampoco Kramer hizo un grandísimo trabajo, ¿sabes? Lo de las grabaciones de los discos es un misterio, hay muchas cosas que quedan al azar y depende de que tengas suerte, de que todo quede ahí más o menos y hay veces que sale mejor y otras peor. Tú puedes grabar diez canciones en un estudio, y vas dos meses después al mismo estudio con las mismas canciones, los mismos técnicos y los mismos músicos y suena diferente. Hay una parte ahí que no se puede controlar.

 
La nómina de colaboraciones también es importante: Anni B Sweet, Guille Mostaza, Linda Mirada, Zahara… ¿Estaban estudiados los temas en los que cada uno entraría?
 
No. Primero grabamos las bases el baterista Alfonso Luna (de Tachenko) y yo, luego llegó Marc y grabó los bajos, muy rápido porque no se equivoca, es una especie de robot, y después llego Pau, empezó a meter guitarrillas, Pedro Puertollano metió otra guitarra en otra canción, empezamos con los teclados… el mismo ingeniero del estudio, Osvaldo, grabó algunos teclados, Marc y yo también, y luego los coros: “¿quién hace coros?”, pues Pau y Marc pueden hacer coros, pero “¿hace falta una chica para hacer coros? sí, ¿a quién llamamos?”, pues así llegaron las chicas y así se graba un disco, con gente echando un cable.

 
No podemos olvidar el carácter literario de tus canciones, ya has escrito una novela y varios relatos y siempre pareces empeñado en distinguirte del resto en lo que a letras se refiere. Antonio Luque es un escritor que hace música o un cantante que escribe libros de vez en cuando?
 
Me gusta decir que soy un escritor haciendo canciones porque queda como que esto no es lo que realmente me gusta, pero me gusta hacer canciones también, el caso es llegar a decir algo a la gente, comunicar y ya está, y cuantos más recursos tiene uno, pues si se te abre el mundillo de la literatura, te aparece un agente y un editor interesado, dices “bueno, me voy a meter ahí también a ver qué tal”.

 
Pero quizá el mundo de la música tira de más gente, ¿no? O parece abrir más puertas.
 
Para dedicarse profesionalmente es mejor que el de la literatura, salvo que seas un Zafón o un Ken Follett, que escriben esos tochos. Aunque el mío también es un tocho, espero que si lo has leído o lo estás leyendo no se te haga largo, pero bueno, es la primera y tampoco me tenía que salir perfecta.

 
Lo habrás tenido que repetir muchas veces y las que te queden, pero nuestros lectores también tienen que saberlo: ¿Quiénes son los cuatro del título?
 
Pues viene de un chiste. Se supone que es una pareja y sus respectivos amantes. Es un chiste que sí que he contado muchas veces y alude al problema que la distancia supone en las parejas, algo que hemos vivido siempre y hoy día lo que cambia es que hay mucha distancia en las parejas por cuestiones laborales y es más difícil organizarse una vida en común, cada vez más. El chiste hablaba de un par de amigos que se encuentran después de mucho tiempo y uno pregunta “¿qué tal te va?” y el otro contesta “muy bien, estoy saliendo con una chica que vive ahí a cien kilómetros, en Cuenca”. El primero concluye: “¡Ah!, pues enhorabuena a los cuatro”.

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