Death In June + Spiritual Front (Sala Changó) Madrid 2/20/16

Fotos: Fernando del Río

Menos de dos años después de su última visita a la capital, nos acercamos a ver a Douglas P. al frente de su proyecto musical y vital, Death in June, en una atípica noche de otoño que más bien parecía verano. Una velada organizada de nuevo por la activa promotora Indypendientes.

La nutrida cola en la puerta de la sala auguraba una buena afluencia de público para la cita –tercera vez que Douglas toca en Madrid en toda su trayectoria– y así fue. Poco a poco la sala se fue llenando de acólitos que acudían a presentar sus respetos y a despedirse, ya que al parecer, será su última gira europea.

Antes, saltaron al escenario los italianos Spiritual Front, que me convencieron bastante con un sólido set, si bien un tanto lineal, con ese ramalazo country-western que confieren a sus composiciones. Potentes, desgranaron su repertorio fronterizo con marcados tintes de Spaguetti western con notable solvencia, impulsados por la figura de su cantante Simone “Hellvis” Salvatore, quien mostró hechuras de auténtico frontman; impecablemente vestido,muy entregado en todo momento y muy comunicativo con el público.

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Con un fondo que mostraba la película Toro Salvaje de Scorsese a modo de visuals, que acentuaba más aun el aspecto de lo que algunos han etiquetado de forma bastante bizarra como mafia-folk (Ah, las etiquetas!) fueron sucediéndose temas como “I´m walking the (dead) line”, “Dissafection”, “Jesus died in Las Vegas” o “Hey Boy”, conformando un concierto más que digno de los romanos.

Pero la noche era de Douglas. Con una totenkopf travestida que hacía alusión al actual momento de absurdo europeo (Death of the West, indeed), salió primero, como viene siendo habitual en los últimos tiempos, Miro Snejdr, quien, ataviado de camuflaje, con gorro y antifaz, ofreció su material de Herr Lounge Corps. Más breve que en su anterior visita, su tramo fue así mucho más disfrutable, con sus reinterpretaciones de clásicos de DIJ como “Break the Black Ice”. Con una intro de música Disco entró Douglas tras su eterna máscara y también con su trillado uniforme de camuflaje, aullando como un poseso. Sabe que, haga lo que haga, todos los allí presentes somos fans – estrictamente, es decir, fanáticos – y que lo tiene hecho.

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Abrió con “Life Under Siege”, “Wolf Rose” y “Peaceful Snow” y atacó una energética versión de “Till the Living Flesh is Burned” con un Miro que no se cargó los timbales de milagro. Se retiró el eslovaco entre aplausos para dejar todo el escenario a Douglas, que dejó la máscara para colocarse sus gafillas de profesor universitario, la gorra y tomar la guitarra de 12 cuerdas para empezar el bloque más puramente dark folk de la noche.

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Aquí empezó con “My Last Europa Kiss” –muy apropiada para la que se perfila como última gira– la maravillosa “The Fog of the World” con sus referencias a Jean Genet, una de las grandes influencias de Douglas, ” ( la melodía de “To Drown a Rose” es tan buena que ¿por qué no usarla dos veces?) Jesus, Junk and the Jurisdiction” o la preciosaThe Accidental Protegè”.

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El setlist fue muy similar al de su última visita, alternando material de sus obras maestras acústicas con material que considero infinitamente menor que sin embargo fue muy celebrado, como “All Pigs Must Die” oDisappear in every way”.

No faltó el recuerdo al desaparecido John Murphy, al que dedicóHe´s Disabled”, uno de los momentos álgidos del set, que tuvo su acompañamiento con “Rose Clouds of Holocaust”, “But, What Ends when the Symbols Shatter?”,”The Golden Wedding of Sorrow”, “Fall Apart” o “Little Black Angel”.

No dejó de preguntar al público qué queríamos oír, pero luego tocó lo que quiso, que por algo llevaba apuntada la lista de canciones.

Salió de nuevo ante la insistencia del público para interpretar una previsible “C`est Un Rève” y se despidió de Madrid en un concierto que supo más a mecánico ejercicio rutinario que a auténtica despedida. Igual la última gira de DIJ pasa a formar parte de los tópicos y lugares comunes de la escena, como lo de la muerte de Andrew Eldritch o todos los discos que han sacado The Cure tras Disintegration, que todos van a ser el último y nunca lo son.

El tiempo lo dirá. Entre tanto, he visto a Death in June tres veces y ya puedo descansar más tranquilo.

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