Da igual las veces que los veas, un concierto de shame es un chute de energía tan imprevisible, salvaje y enérgico, que terminas rendido ante su manera de afrontar los directos como un desafío. Puede que se hayan abierto a caminos más melódicos y eclécticos en su reciente Cutthroat, no importa, la chispa que prenden sobre el escenario no solo sigue inalterada, sino que cada día es mejor.
Como decimos, llegaban para presentar un cuarto álbum que abandona buena parte de la introspección de sus dos predecesores para mirar hacia fuera, retratando un mundo habitado por hipócritas, cobardes y oportunistas con un sonido más expansivo, sin renunciar a nuevas texturas. Esa mezcla entre músculo punk, trasfondo social y toques melódicos, dominó un repertorio donde ese nuevo material llevó gran parte del peso.

El gran catalizador volvió a ser un Charlie Steen con alzacuellos y descamisado casi toda la noche; uno de esos frontmen que entienden el escenario como un territorio físico donde no deja de provocar, ironizar o animar al público con una naturalidad admirable. Desde la apertura con una «Axis of Evil» más acelerada que en su versión de estudio, todo fue un festin de post-punk de manual entre The Fall y los Blur de Modern Life Is Rubish.
Con «Cowards Around», «Nothing Better» y «Quiet Life» sonando como un tiro, llegamos a mitad del concierto, cuando Steen preguntó: «¿Qué os parece si tocamos canciones de otros discos también?» para poco después contestarse a sí mismo: «Da igual lo que os parezca, las vamos a tocar igual». Y así, esos nuevos temas se mezclaron con algunos de sus ya clásicos como «Concrete», «Six Pack», «Alphabet», «One Rizla» o «Born in Luton».

Detrás de Steen, el resto de la banda no se quedó atrás en intensidad, con el bajista Josh Finerty totalmente desatado, saltando y girando como acostumbra -le faltó espacio en el escenario- y con un público que entre pogo y pogo, saltó en varias ocasiones desde las tablas. El cierre llegó con el tema que da nombre a su nuevo trabajo y fue el propio Steen quien se lanzó, dejándose llevar por la marea de brazos como si necesitara comprobar en primera persona que la conexión que había creado era real.
Vaya que si lo fue
Fotos shame: Manuel Pinazo



















