Tom Odell confirma expectativas y posibilidades con el presente debut en formato largo, tras alzarse hace unos meses con el galardón otorgado por los críticos en la última edición de los BRIT Awards gracias a su EP Songs from Another Love (2012). El músico mantiene un inteligente equilibrio en la práctica totalidad del que significa su primer elepé, paseándose consciente y meritoriamente a lo largo y ancho de la fina línea que separa la independencia creativa del éxito masivo.
El británico de sólo veintidós años resulta, en uno u otro momento, cercano estilísticamente a Ed Harcourt, Tom Baxter, Coldplay, Damien Rice, Turin Brakes o Jeff Buckley, practicando un pop melancólico completado a conciencia tras partir de las raíces del folk y su condición de cantautor clásico. Odell alberga menor trascendencia que algunos de sus principales referentes, pero a cambio resulta dotado con enorme poder de convocatoria, lo que puede llevarle a conseguir un importante alcance mediático y su consiguiente repercusión global.
Long Way Down (2013) es un conjunto ligeramente irregular, que en ocasiones evidencia la intención descarada de convertir a su autor en el nuevo niño mimado de las Islas, pero que indudablemente incluye un buen número de sólidas y meritorias canciones. Y es que «Till I Lost», la desgarradora «Another Love», «Sirens», «Hold Me» o «Grow Old With Me» son capaces de emocionar en su misma esencia, hasta lograr el convencimiento de que el talento es una de las virtudes reales del artista.




















