Después de un extrañamente largo periodo sin noticias del genio angelino (Hyperspace, su última publicación, data de 2019), Beck Hansen vuelve a la actividad discográfica con un mini álbum de ocho canciones titulado Everybody’s Gotta Learn Sometime, que si bien estaba disponible desde comienzos de año en versión digital no fue hasta el día de San Valentín que fue publicado en edición física en una curiosa tirada limitada de vinilo de color rosa.
Obra menor dentro de su amplia y granada discografía, esta mini compilación reúne siete versiones en formato acústico de canciones de perfil variopinto, además de un original difícilmente rastreable, en una colección de cuyos ocho temas seis ya habían sido publicados anteriormente. Un pasatiempo de perfil bajo para muy fans que, aunque tiene algunos momentos realmente disfrutables y una calidad innegable en la interpretación, no marcará un hito en la discografía del norteamericano.
Abre el disco la canción que da título al mismo, “Everybody’s Gotta Learn Sometime”, deliciosa versión de los británicos The Korgis que ya pudimos disfrutar en la banda sonora de Olvídate de mí, obra maestra de Michel Gondry de 2004. Una canción emocionante, elegante y que no ha perdido un ápice de su magnetismo con las escuchas y los años. Le sigue una prescindible recreación de “Can’t Help Falling in Love”, popularizada por Elvis Presley que, si bien resulta agradable al oído y contiene unas inflexiones vocales de lo más curiosas, nunca la elegiría frente a las tantas versiones a registradas a lo largo de las décadas. Curiosamente, esta grabación ya había visto la luz en el recopilatorio de 2017 Resistance Radio: The Man In The High Castle, donde también se incluía una versión de “I Only Have Eyes For You” a cargo de Kevin Morby, tema que aquí Beck afronta al más puro estilo crooner, con esquemático piano y coros juguetones, en una versión resultona que podía escucharse en la exhibición “SONG 1” del artista estadounidense Doug Aitken.
“Ramona”, de la banda sonora de Scott Pilgrim vs. The World (2010), es la única pieza del lote compuesta por el artista angelino y resulta tan tierna como olvidable, moviéndose en las coordenadas sonoras de Morning Phase (2014) o Sea Change (2002). Le sigue “Michelangelo Antonioni”, rescatada de un homenaje a Caetano Veloso, donde sin muchos adornos se adueña de la composición, haciéndola suya pero manteniendo la esencia de la deliciosa pieza original. Le sigue una de las dos grabaciones inéditas, una nueva toma de “Your Cheatin’ Heart”, original de Hank Williams, que mejora la versión que el mismo Beck publicó en la compilación Timeless: A Hank Williams Tribute hace la friolera de 25 años. Con arreglos mínimos, la emoción que supura cada nota pone la piel de gallina.
Ya en la recta final de esta media hora de música, una correcta versión de “Love” de John Lennon -proveniente de la recopilación Starbucks Sweetheart (2014)- navega pacíficamente con gran protagonismo de esa slide guitar que tan bien maneja el angelino. Y para cerrar con buen pie la otra inédita del lote, una deliciosa y desnuda vuelta de tuerca a ‘True Love Will Find You In The End’ de Daniel Johnston, canción que ya había abordado de modo más agreste en el homenaje The Late Great Daniel Johnson (2004) y que aquí me gusta casi tanto como la versión que de ella hicieron los argentinos Bestia Bebé. En resumen, una colección de rescates, rarezas y notas al pie por parte de Beck que, si bien pueden servir de entretenimiento para completistas y fans acérrimos, en la mayoría de los casos lo único que hará es desear con más fuerza aún una nueva grabación con contenido original de uno de los mayores genios del pop del último medio siglo.

















