Desde la aparente calma de Arturo Lanz y Saverio Evangelista comprobando todos los aparatos antes del acto hasta la explosión de potencia que muestra Esplendor Geométrico en los primeros instantes de su atronadora propuesta pasan escasos segundos. En esa afirmación se esconde la realidad palpable de que el dúo atesora todavía, más si cabe, una fuerza innata para poner patas arriba a sus seguidores y sin parar de disfrutar.
El Pulso del Acero: Shinkansen es la excusa perfecta para su retorno al país —ya saben de su particular distancia funcional—, por lo que la entrega por ambas partes es innegociable en cada vuelta. Tras arrasar (en) Barcelona y Valencia, Madrid se coronaba como cierre de aquelarre sonoro, necesario por otra parte, entre tanta decadencia social. Un tren bala anuncia desde la proyección las estaciones, marcando la primera sobre la novedad que, sin embargo, no desentonará nunca sobre el recorrido propuesto.

Lanz y Evangelista se mimetizan y entienden tanto que cabecean juntos en cada beat disparado, absortos en su función de peones de lo primario, de ese sonido industrial que ha vuelto a la formación en su vertiente más primitiva. La constancia nunca cae, no se abandona esa vía férrea de aparente disciplina que obnubila a quien realiza su culto. Las rupturas llegan solo, como es habitual, en el cambio de herramienta agresora de Lanz, blandida a través de la voz como arma en un trance autoinducido.
La noche avanza entre esa iconografía totalitaria e industrial que se aleja algo de toda la acción, conformándose como acompañante, pero sin llegar a ser vertebradora. Parte de esa concepción tiene su aquél: la energía no se destruye, solo se transforma. La concentración de Evangelista frente a sus máquinas contrasta a veces con esa locura desatada —y que desata— el Arturo Lanz líder que sale del parapeto mecánico para brincar, congeniar e, incluso, lanzarse al público para desatar la batalla.

El grito de “Ven a jugar” sintetiza todo: la esencia, pero también la afección del público a la unidad, a ese criterio de partido único en el que se convierte cada mitin sonoro de Esplendor Geométrico. Quien atisbe el enorme charco de sudor a los pies de la posición de Lanz hallará en el fluido parte de lo que se ha ofrecido, mientras quien suba la cabeza habrá visto que el dúo sigue impasible como siempre en su afán de señalar el camino de la lucha ante tanta artificialidad.
Fotos Esplendor Geométrico: Álvaro de Benito




















