A pesar de que todo apuntaba a que la carrera de Arlo Parks podía acabar quizá orientada a la radiofórmula, tras impactar con una colección de canciones tan fresca, adictiva y directa como la presentada en Collapsed In Sunbeams (Transgressive Records, 2021), lo cierto es que, primero con el más adulto y contemplativo My Soft Machine (Transgressive Records, 2023), y ahora con este nocturno y sosegado Ambiguous Desire, la artista londinense ha demostrado amplitud de miras y un gusto personal exquisito por los beats elegantes que, ensamblados en melodías sensuales y aterciopeladas, bien podrían acompañar el camino a casa tras una noche en las pistas de baile.
Dicho de otro modo, uno imaginaría a Robyn cambiando luces de neón por atardeceres memorables a estas alturas de su trayectoria, pero de Arlo Parks, la mass media parecía querer proyectar una popstar amable y con el punto justo de dobleces emocionales. Los hechos, en forma de sofisticados caramelos de pop electrónico con reverso envenenado en letras nada complacientes sobre desamor y salud mental, han venido a descubrir otro tipo de perfil: magnético y evasivo.
Su tercer álbum en apenas cinco años no tarda apenas nada en despegar; “Blue Disco” es un arranque delicioso, bañado en ambrosía futurista y mecido en una calidez que funde pulso digital con una guitarra espectral de efecto sanador. Las sinuosas formas de pistas como “Nightswimming” o los singles “Get Go”, “2SIDED” y “Heaven”, traen a la mente los universos sugerentes de nombres tan contrastados como los de Jamie XX, Four Tet, Burial o incluso Moderat, siempre afines a progresiones evocadoras y diseñadas para contornos más proclives a la intimidad que al bullicio.
Uno de los highlights de este equilibrado conjunto, lo representa el esperado encuentro con Sampha en “Senses”, destilando un sobrio ejercicio de reflexión sobre el reto que supone quererse y aceptarse a uno mismo, que atrapa con su lucidez lírica y seduce con su sosegada cadencia. La desnudez sobrecogedora de “South Seconds” remite a Phoebe Bridgers, y conecta con el minimalismo downtempo de “What If I Say It?”. El juego de contrastes encuentra aplicadas réplicas entre la sublime coda final que supone “Floette”, de épica traca percusiva que deja un gran sabor de boca, y la agradecida réplica que supone la pátina de balearic sound que asoma por “Luck Of Life”.
Estamos pues ante una obra de pulso contenido, que rehuye de las supuestas pretensiones comerciales que muchos se apresuraron en otorgar a una creadora de naturaleza inquieta, cuyo discurso combina una mirada fina y estilizada del pop bailable más actual, con unas letras que requieren de inmersión atenta y reposada.


















