En su segunda edición, Degusta Fest Armilla consolida con solvencia su estatus en base a una propuesta que hace posible disfrutar cómodamente de la música y de una oferta gastronómica original y sugerente. Aderezando su fórmula con dj’s, charlas combinando bandas, medios y expertos culinarios, y un ambiente sano y distendido, la cita granadina va granjeándose un nombre en el siempre intrincado mapa nacional de festivales.
El éxito de su fórmula radica en proporcionar un entorno en el que huir de aglomeraciones, solapes y prisas, pudiendo dar sentido al concepto de desconexión sin sacrificar ambición ni búsqueda de estímulos que renueven su esencia a cada paso.

El cambio de fechas con el objetivo de esquivar el intenso calor del verano, trajo consigo un extra de dificultades añadidas, dado que poder contar con bandas extranjeras de postín en un mes como mayo, que aún no es temporada alta en lo que a giras estivales se refiere, no es tarea fácil. Pese a ello, el line-up planteado en esta ocasión consiguió mantener un plantel de propuestas contrastadas de aquí y de allá y triunfar como reválida tras un primer año que dejó el listón bien alto.
Viernes 15 de mayo – Degusta Fest Armilla
La jornada inaugural contó con un valor seguro como pistoletazo de salida de la mano de los sevillanos Vera Fauna, quienes apoyados en un sonido rotundo y compacto, van sumando adeptos a su causa con su colorista miscelánea de estilos, capaces de virar entre el pop de matices emparentados con la rumba o el funky, a los apreciables vestigios de hip-hop que marcan la base de sus estructuras más atrevidas. La briosa acogida de números tan convincentes como “Sale El Sol”, “Martes”, “Tu Voz” o “Los Naranjos” demuestra lo palpable de su evolución en términos de logros compositivos y reconocimiento.

El relevo lo cogieron Hinds cuyo último trabajo, el estupendo Viva Hinds (Lucky Number, 2024), ha logrado condensar sus múltiples virtudes redondeando un catálogo de hits sin paliativos. En la explanada de Femasa se mostraron aguerridas, contagiaron diversión y agradecido hedonismo, y destaparon el tarro de las esencias con las infalibles “Boom Boom Back” y “Good Bad Times”. Imposible no contagiarse con una puesta en escena tan colorista y un conjunto de melodías que ya quisieran muchos.

La ola ascendente que iba marcando la dinámica del viernes encontró en la explosividad de los norirlandeses Ash, la cresta que necesitaba para alcanzar el clímax antes de que anocheciera. El power-trío cogió el toro por los cuernos desde el primer acorde y no escatimó en esmero y entrega, mostrándose en plena forma y sacando el mayor partido posible a una receta que no por espartana, deja de ofrecer resultados incuestionables. El tiempo parece no pasar por esas píldoras capaces de condensar pegada, tino melódico y ese punto de efervescencia pop reservada para solo unos cuantos. Manteniendo intacta su formación original, los de Tim Wheeler redondearon un show sin fisuras que arrancó más de una lagrimita de nostalgia noventera a través de las eternas “Girl From Mars”, “Kung-fu”, “Goldfinger”, “Shining Light”, “A Life Less Ordinary” o “Burn Baby Burn”.

Tras tremenda descarga de dopamina, el gallego Carlos Ares desplegó ese encanto tan personal que le caracteriza, y que aúna raíces y vanguardia cosechando éxito entre distintas generaciones. Con una puesta en escena que no escatima en impacto y poder visual, rodeado de formidables músicos y con un sonido excelente, raro es el concierto suyo que no acaba en éxtasis y devoción absoluta por parte de una audiencia que sigue creciendo en número y variedad. El compositor de A Coruña derrochó poderío vocal, carisma y dominio total de las tablas en un set ante el que pocos peros se pueden poner. La onda expansiva de valores seguros como “La Boca Del Lobo”, “Autóctono”, “Días De Perros” o “Peregrino” resonó en el cielo granadino con su inconfundible riqueza de matices y su mirada transversal a un pop inquieto y aperturista.

Todo estaba ya preparado para recibir a unos Lori Meyers convertidos desde hace tiempo en estrellas del panorama pop nacional, tras una carrera marcada por el tesón y el convencimiento. Su sexto disco está a punto de ver la luz, por lo que el encuentro con el público de su ciudad aglutinaba todo lo que rodea a las grandes ocasiones: esa mezcla de ilusión, incertidumbre y descubrimiento asociada al ‘volver a empezar’ que supone de algún modo el lanzamiento de un nuevo trabajo.
Con unos juegos de luces demoledores y un sonido apabullante, el desfile de singles desató la locura de una masa considerable de fans que bailó, saltó y gritó como si no hubiera un mañana. Hace tiempo que los lojeños son un emblema en una ciudad que atesora un poso cultural y artístico tan exigente y enriquecedor, y que encuentra en su estilizada puesta al día del pop de siempre un referente del que sentirse orgulloso.

En las atmósferas de sus canciones cobran cada vez más protagonismo los sintes y las guitarras incisivas y angulosas, algo en lo que insisten los singles del inminente nuevo álbum, “En Lo Total” y la inédita “Malafollá”, que reservaron para el final. Sabiamente secuenciadas, las ampliamente coreadas “Alta Fidelidad”, “Luciérnagas y Mariposas”, “Emborracharme” o la pretérita “Tokyo Ya No Nos Quiere”, con Kike Suárez de Vera Fauna acompañando en tareas vocales, hicieron tambalearse los cimientos del recinto armillero, interpretadas con precisión para abrazar un baño de masas atronador y del todo merecido. Es fácil entender como se las arreglan para tumbar al que acude rebosante de prejuicios, a través de su imponente presencia y de un magnetismo que convierte el suyo en un directo de dinámica incendiaria y tremenda efectividad.

Sábado 16 de mayo – Degusta Fest Armilla
El segundo acto despegó con radiantes bondades meteorológicas, ideales para sumergirse en el sugerente surf-rock instrumental de Los Coronas como perfecta banda sonora para tan lisérgico contexto. Sus hipnóticos laberintos sonoros funcionaron como seductor gancho para atraer al público cual imán desplegando campo magnético, logrando congregar a un creciente número de curiosos e iniciados en su exótica paleta de ritmos y texturas.

Los incombustibles Redd Kross lanzaron hace dos años un homónimo disco doble, un libro y un documental. Nada mal para una banda que se acerca a su medio siglo de existencia, y que aún sigue proporcionando sobrados motivos para seguirles la pista. Lo suyo rehúye de convenciones, de setlists, o de cualquier factor que vaya en contra de hacer lo que les viene en gana cuando les apetece. En mi reciente conversación con Steve Mcdonald, y que pronto podréis leer íntegramente, me confesaba que solían decidir sobre la marcha qué canciones iban a tocar cada noche. Y ese punto de improvisación y espontaneidad se traslada a un directo que irradia una energía contagiosa imparable.

Los californianos retorcieron su cancionero y entregaron un set que abrazó todo lo que se puede imaginar entre la ópera-rock y el power-pop de espíritu punk, desparramando en primer plano una actitud que hace del DIY su leitmotiv existencial. No faltaron las abrasivas “Peach Kelli Pop”, “Stay Away From Downtown”, la reciente “Stunt Queen”, las más melódicas “Mess Around”, “Lady In The Front Row” o la emblemática “Pretty Please Me”. Lo suyo fue un no parar de virtuosismo descacharrado que encandiló a los asistentes a base de ausencia total de convenciones o reglas preestablecidas, y con la única premisa de exprimir cada una de las excentricidades que se sucedían sobre el escenario.
Con su aspecto de predicadores escapados de un retiro espiritual, recordaron por qué han servido de inspiración a tantas y tantas bandas tirando de autenticidad y cero imposturas. Bendita (y necesaria) locura para hacer frente a la deriva global que nos asola.

Corría una suave brisa acogedora cuando salió a escena Tim Burguess, con su eterna sonrisa, capitaneando a unos The Charlatans de rabiosa actualidad tras editar el año pasado el notable We Are Love (BMG, 2025). Gritos de reverencia, y primeros acordes del tema titular de dicho álbum (del que también rescataron “Deeper And Deeper”) servidos en bandeja de plata para desatar pasiones y marcar el tono de un repertorio certero y ganador. La mirada al infinito de Burguess, bálsamo para interiorizar el paso del tiempo sin caer en la autocondescencia, dibujó un halo de indescifrable misticismo para una actuación redonda que recreó las bondades del sonido Manchester a través de himnos como “Weirdo”, “One To Another” y “The Only One Know”, sin olvidar esos bocados de encantador clasicismo (“North Country Boy”), que tan bien saben facturar.
Tony Rogers, Mark Collins y Martin Blunt contribuyeron con sabia pericia instrumental a tejer esas melodías tan reconocibles, capaces de hacer bailar al tiempo que rememoran lo mejor de una escena referencial en la historia del pop inglés. La psicodelia contenida de “Sproston Green” puso el broche de oro a un repaso brillante por un cancionero consistente que lució lustroso y pleno de vigencia.

Los burgaleses La M.O.D.A. han ido recogiendo parabienes de prensa y público tras una trayectoria en sentido ascendente digna de aplauso. Sin apenas tiempo para parpadear, ya tenían bailando a miles de personas que sucumbieron a su personal vuelta de tuerca a sonidos tradicionales que beben del country, el folk, el blues y el pop a los que dotan de un brío muy particular, convirtiendo el escenario en una celebración en la que desaparecen las líneas temporales y estilísticas.

El fin de fiesta llegó de la mano de Primal Scream, pero esta historia empezó a escribirse algo antes de su concierto. En concreto, a primera hora de la tarde, momento en el que el icónico líder de la formación de Glasgow, Bobby Gillespie, hizo acto de presencia en Discos Marcapasos, la emblemática tienda granadina regentada por Pepe Mármol y Lola, quienes organizaron un emocionante evento en el que Gillespie recibió a multitud de fans en una sesión de firmas e instantáneas para el recuerdo. Una pieza más en un puzzle de recuerdos imborrables que tan asociados se hallan a la ciudad de la Alhambra, y en concreto, a una tienda que cuida con tanto mimo todo lo que hace. Un auténtico santuario de la música, en un entorno en la que esta se respira a cada paso que se da por sus privilegiadas calles.

Llegados al momento tan esperado, el ahora sexteto perpetró algo menos de hora y media de auténtica apisonadora rock, llevando a un terreno más crudo y directo su característica batidora de acid-house, electrónica y soul grasiento. La formación capaz de difuminar barreras estilísticas que parecían destinadas al encasillamiento, agitando la coctelera de la transgresión como auténticos visionarios, y haciendo de lo reaccionario un modus operandi y no una pose, se presentó en su versión renovada dispuesta a no dejar títere con cabeza desde el triunfal despegue con “Movin’ On Up”. Sin solución de continuidad, “Don’t Fight It, Feel It!” y “Jailbird” acabaron por ponernos en nuestro sitio zarandeándonos entre viajes escapistas en clave dub y bofetadas de rock de toda la vida.
“Love Insurrection” mordió mucho más (y mejor) que en su versión enlatada, antes de que “Accelerator” y “Kill All Hippies” trajeran a la palestra esa obra descomunal que es XTRMNTR (Creation Records, 2000), que sigue resultando tan mutante y peligrosa como hace veinte años. La bola de humo acabó por engullirnos con una “Swastika Eyes” que caminó en ese fino alambre en el que tienen espacio atisbos de ritmos motorik, electrónica abrasiva y envolvente y guitarras afiladas. Sabíamos que lo haría y aun así nos dejamos revolcar.

Gillespie es un líder como pocos, agita a las masas sin descanso, se muestra cercano y sonríe durante todo el concierto, asistiendo perplejo a los solos de sus excelsos guitarristas o invocando a Lucifer con su impoluto traje blanco. El póker final reservó cartas ganadoras del seminal Screamadelica (Creation Records, 1991) bañadas en ácido (“Loaded” y “Come Together”), subidón populista con “Country Girl” y una pletórica “Rocks” con la que remataron la faena por todo lo alto, dejando un sabor de boca inmejorable de cara a una ansiada tercera entrega de un festival que, definitivamente, ha venido para quedarse.
Fotos Degusta Fest Armilla 2026: Javier Rosa

















