Depeche Mode – Palau Sant Jordi (Barcelona)

Pues casi se podría repetir la crónica de hace cuatro años cuando los Depeche visitaron Barcelona con motivo del flojito Exciter. Nuevo disco (éste al menos más decente) y nuevo sold out. Desde 1987 siguen la proclama “Music for the masses” sólo que ahora, además de arrastrar a su vastísima legión de fans originarios, convoca también a las nuevas generaciones ávidas de ver en directo a un grupo mítico. Dieciocho mil personas que hicieran lo que hicieran Dave Gahan, Martin L. Gore o Andrew Fletcher, se dejarían llevar igualmente por la euforia y el éxtasis que provoca un concierto de estas características, máxime si has pagado hasta 100 euros en la reventa.

Evidentemente y tras casi 30 años en activo, un directo de Depeche Mode no puede (o no debería) fallar, al menos técnicamente. El sonido y la puesta en escena bien vale ya la entrada -por momentos uno se sentía en la final de la Champions- y tanto su actuación como su repertorio están pensados para no errar y para dejar más que satisfecho a sus seguidores. La realización de video muy acorde con el universo Corbjin otorgaba si cabe más misticidad a la noche, así como la escenografía que no dejaba de lanzar mensajes subliminales tales como “The beast inside”, “Never enough”, “Pain”, “Absolution” o “Love”. Con todo, si lo que tocaba ahora era presentar Playing the Angel, pues nada, comenzamos con las sobrevitaminadas hasta rozar un cierto dopaje excitante “The pain that I’m used to” y “John the revelador” y ya tenemos excusa para soltar la ristra de hits clásicos… como hace cuatro años y como siempre, es lo que tiene haber compuesto verdaderos himnos como “I fell you”, “Behind the wheel” o “Enjoy the silence” (donde Dave no tuvo ni que cantar el estribillo), fueron momentazos de la noche sin duda con un Palau sísmico.

También esta vez Gore quiso reclamar su parte de protagonismo, para algo se ha currado él solito y durante 20 años todas las canciones de Depeche Mode, y más allá de su horrendo vestuario, sus intervenciones al frente de la banda lo convertían en una caricatura de sí mismo que provocaba un ligero sopor. Por suerte Gahan, ahora menos drogadicto y en mejor estado de forma, volvía rápido para reconducir la velada, la interpretación de “Precious” y “Suffer Well” simplemente fueron increíbles, mucho más sexy, envolventes e hipnóticas. Para los dos bises uno ya estaba viéndolas venir: dos ases guardados en la manga como fueron “Never let me down” y “Question of lust” y como no, el momento mesiánico de Gore acercandose al público con brazos abiertos cerrando él la noche, que no por repetitiva dejó de ser entretenida.

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