De Los Planetas (J y Florent) se pueden decir muchas cosas, pero nunca que se hayan anquilosado. Lo demostraron hace ya casi trece años publicando, La Leyenda del Espacio (RCA – Sony-BMG, 2007), primer álbum no recopilatorio publicado en año impar; y un acercamiento a diversos palos del flamenco con el cual se abrió una puerta que ya nunca se volvió a cerrar.
Entorno a 2010, junto a Antonio Arias de Lagartija Nick, formarían Los Evangelistas, grupo homenaje a Enrique Morente, cuyo debut, con el nombre de Los Discípulos, fue el 18 de junio en la cuarta edición de La Noche Blanca del Flamenco de 2011.
Y si aún se podía ir más allá, hace dos años se juntaron con Yung Beef para publicar un 10” conjunto que demostraba que en Granada todo es posible, incluso hacer filosofía oscura con el trap.
Por todo ello, no es de extrañar que hayan terminado confluyendo los caminos de Paco Contreras (Niño de Elche) y J, dos almas gemelas, aunque de generaciones diferentes, condenadas a entenderse.
El resultado, Fuerza Nueva, es un ambicioso proyecto que destaca principalmente por haber extremado hasta el infinito prácticamente cada detalle.
El objeto de su primer o único disco (ya veremos como van las ventas), es, nada más y nada menos, que reinterpretar himnos desde un punto de vista popular, social y transgresor; bajo la inspiración de Laibach y la dirección artística del flamencólogo Pedro G. Romero (quien le recomendó a Rosalía la novela medieval a partir de la que se construyó El Mal Querer).
La selección de himnos ya es valiente -desde los epinicios de Andalucía o Cataluña, hasta las marchas de la Legión o los gitanos, pasando por abundante y sonora imaginería religiosa-, así que la reinterpretación tendría que estar a la altura, y vaya si lo está.
“El novio de la Muerte” se convierte en un hit pop sobre onanismo y amor homosexual, “La Canción de los Gitanos” aborda con emoción el genocidio nazi de los calés europeos, “Canción para los obreros de la Seat” descarta la posibilidad de que pueda existir un nacionalismo de izquierdas, y en “Mariana” la Virgen es víctima de la violencia.
En lo musical, psicodelia y ruido alternan palos de flamenco con más o menos densidad mientras el Niño de Elche por fin canta flamenco. Los pasajes religiosos son más arduos, y los civiles se muestran más atractivos y asequibles, destacando sobre todo “El Novio de la Muerte”, “La Cruz” o “La Canción de los Gitanos”.
El arte gráfico corresponde a un resucitado y desatado Aramburu, que se atreve con todo (histórica la portada del disco, lástima las Canarias), e incluso con demasiado (“Una, Glande y Libre”).
Pocos peros se le pueden sacar a un disco trabajado con esmero artesanal e intenciones provocadoras y revolucionarias, producido bajo la apariencia de un lucrativo negocio. ¿O es al revés?
Escucha Fuerza Nueva – Fuerza Nueva


















