Garbage son bastante metódicos. Quien les conozca mínimamente sabe que su meticulosidad en el estudio también se traslada al directo de una banda en la que todavía existe un elemento imprevisible. En esa bendita diferencia se encuentra mucho del equilibrio que mostró el grupo en Noches del Botánico. Si el acceso con la reciente “There’s No Future in Optimism” resulta más técnico que otra cosa es muestra de que todo está en orden. Si Shirley Manson se adentra en la oscuridad de “Hold” o de “Empty” poco a poco es porque todo solo podrá ir a mejor.
La escocesa hará pronto la primera pausa para enfrentarse ante el primer doblete de éxitos. “I Think I’m Paranoid” será la primera gran celebración y “Stupid Girl” pondrá a prueba la energía de un Steve Marker ya repartido entre la guitarra y el teclado y un Butch Vig concentradísimo. Con todo el despliegue en marcha, Shirley Manson sigue penando con la calufa y se acalora más recordando el Mad Cool de hace un par de años. Pero, quitando los parones técnicos que se repetirán durante la noche, nunca dejará de imprimir energía y buen oficio.
Toalla fresca al cuello, certifica que en su contrapeso sigue residiendo la personalidad arrolladora que comparte oficio del resto. “Right Between the Eyes” y esa “Vow” de entrada sintetizada aclaran que las cuerdas tienen también mucho que decir en la validez de una propuesta que parece atemporal. Quizá tenga que ver que en el repertorio configurado aparecieran más grandes rasgos de electrónica. “No Horses” es el claro ejemplo de ello, con una Nicole Fiorentino que lo mismo ejecuta a la perfección el puesto rotatorio de bajista como que se dedica con acierto a las labores de sintetizador.

Duke Erikson también coqueteará con los teclados, aunque más enfocado a cubrir la tranquilidad que aparece en la voz de Manson en temas como “It’s All Over but the Crying”. No existe complacencia en el sentido de relajarse. Milimétricamente, los efectos sonoros que rodean el pop industrial de “Have We Met (The Void)” se trasladan de manera similar en los acordes que tímidamente introducen el intimismo de otros temas.
Ahora que están de moda, una nueva pausa de hidratación arrastra a las soflamas. Al final, de eso tratan ambas, de que compres. Pero sabiendo que es algo logístico para sobrevivir al calor, es entendible. Pareciera ya por entonces que la cuadrícula funciona, que la energía de “Chinese Fire Horse”, la reminiscencia contundente de “Boys Wanna Fight” o el diálogo electrónico de “Cherry Lips (Go Baby Go!)” no son más que antesalas de la construcción mental que hace explotar al público con el subidón anímico que siempre proporciona “When I Grow Up”.

El reconocimiento a todos aquellos que arrastran su garbagemanía desde hace más de tres décadas tuvo forma de aquella “Push It” que rompiera en pedazos la cabeza de muchos antes de caer en las capas de intención modular de una “The Day That I Met God” que funcionó como prolongación. La aparición de “Special”, la cercanía de Shirley Manson firmando distintos objetos para mayor gloria de las primeras filas y, sobre todo, el aquelarre de “Only Happy When It Rains” fueron un buen resumen al cierre. Qué más hubiera querido Manson que hubiera llovido para combatir la canícula, pero, desde luego, se fue feliz. Mucho. Y no fue la única.
(Fotos Garbage: Vega Halen / Noches del Botánico)




















