Juan Perro – Teatro Olympia (Valencia)

 

Una noche plena de aciertos. Fue un acierto que la organización del I Festival Urbano de Valencia eligiese a Juan Perro para ponerle la guinda a esta primera edición que tanto hemos disfrutado durante el mes de noviembre y por la que agradecemos especialmente a Juan Gimeno (Play Producciones) y Quique Medina (Redacción atómica) su atención y su buen hacer. También fue un acierto que Santiago Auserón haya escogido el formato acústico para esta gira de presentación de su último álbum, Río Negro (2011). El último acierto fue celebrar el concierto en el Teatro Olympia de la capital valenciana.

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Y es que la propuesta actual en directo de Juan Perro se disfruta mejor sentado, tranquilo, sin distracciones, a poca luz, cercanos ambos, artista y público. Sobriedad fue la primera palabra que me vino a la cabeza al ocupar mi localidad y observar el escenario casi desnudo. Dos sillas, un par de guitarras acústicas, la parafernalia mínima para que aquello sonara, y una mesa con un par de botellas de agua. Daba la impresión de estar en un tablao flamenco, a punto de asistir a una ceremonia musical mágica.

Con bastante puntualidad aparecieron Santiago Auserón y su acompañante, Joan Vinyals. Santiago como de costumbre, con su traje oscuro y su sombrero. Me vino a la cabeza Tom Waits, sensación que quedó corroborada al constatar que llegó a Valencia acompañado de un catarro considerable que le afectaba la voz. Sin embargo, como gran profesional que es, pudo revertir la situación a su favor dotando a su interpretación de un tono cavernoso que le iba como anillo al dedo a sus últimas canciones, muy cercanas al blues y a la música de Nueva Orleans.

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Una ciudad, Nueva Orleans, que estuvo casi tan presente durante todo el concierto como lo también lo estuvo La Habana. No faltaron las referencias, cantadas y también contadas, a Fats Domino (sonó “Blueberry Hill” en un bis), Compay Segundo (deliciosa anécdota la que nos narró), Joe Strummer (“José Rasca”) o Tata Ramos (“Contigo en la distancia”). Por supuesto hicieron acto de presencia la mayor parte de las canciones que forman su último disco, y hay que decir que en formato acústico todas ellas ganan muchos enteros, sobre todo por la magnífica aportación de Joan Vinyals a la guitarra, llena de alma, talento y blues. Desde la deliciosa nana “Duerme zagal”, pasando por “Río negro” o “Pies en el barro”, la magnífica “Malasaña”, la arcillosa “Poco talento”, “Girasoles robados”…todos los nuevos temas tuvieron su momento de gloria, pero uno de los momentos culminantes de la noche fue la interpretación de “Reina zulú”, con el público participando espontáneamente, los músicos mirándose y disfrutando tanto como nosotros, y la magia de la música en directo flotando sobre la platea. También hubo lugar para el recuerdo y los temas más clásicos: “La charla del pescado”, “A un perro flaco”, “Obstinado en el error”… Santiago no quiso mirar más atrás, a pesar de que alguna voz desde la oscuridad pidiera “La negra flor”. El otro momento mágico de la velada llegó con “No más lágrimas”, que Santiago interpretó dejando su guitarra y de pie, para acabar sentado al borde del foso y cantando sin micro. Un esfuerzo que, conscientes de su estado, todos agradecimos con un aplauso estruendoso.

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El cierre con “Perla oscura” fue un colofón muy celebrado y apetecible a una noche de esas que se quedan grabadas en la memoria y en la piel. A Juan Perro le sienta muy bien este nuevo disfraz, esta mezcla de estilos que él llama “rocknroll cubaneao” o “blues hispaneao”. Sobre todo, hay que reconocerlo, en directo y justamente con este formato. Ahí es donde se distingue a los advenedizos, aprendices y oportunistas de los magos, los profesores, los estudiosos y los que abren sendas. A los que suben al escenario a trabajar de los que lo hacen, como comentó Santiago en un momento del concierto, a disfrutar y estar con su gente.
 

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