Ladilla Rusa (Barcelona, Razzmatazz) 26/05/22

El dúo formado por Victor Clarés y Tania Lozano tiene un encanto especial. Me pregunto qué es lo que los hace especial mientras canto desgalillándome su hit «KITT y los coches del pasado», y consigue dar con las claves en el mismo momento en el que me reúno con sus fans que son mis iguales. Los fans de Ladilla Rusa hablan el mismo idioma con el que yo me comunico con mi realidad. Gente que no le importa ser mamarracha e ir vestida con pelucas rubias como si salieran de una fiesta de solteras; gente que se hace selfies con la mano temblorosa del quinto cubata; gente que cuida a gente en silla de ruedas; gente que se viste de chaneles falsos pero lo lucen con primor; bolleras y maricas que no necesitamos de eslóganes oficiales para lucir espléndidos con nuestra identidad de género; gente que llega a última a pocos minutos antes del concierto porque se rigen por jornadas laborales inflexibles. Estas son las personas que me devuelven mi reflejo, ya que son almas de extrarradio, y sabemos que aunque explotados por un sistema que nos mata en vida, sacamos tiempo para hacer unas risas y reírnos del mundo.

Las Ladilla se presentaban en una sala mítica como el Razzmatazz, que en el pasado era el centro neurálgico de lo indie, y que ahora es una desfasada sala que, arquitectónicamente, se ha quedado petrificada en los 90. Era como entrar en un túnel hacia el pasado, pero tuneados de brilli-brilli, y hasta el culo de agua con misterio. Era la gran ocasión que estaban esperando para darlo todo -los padres de Víctor y Tania estaban en la grada-, y sabíamos que iba a ser una gran noche.

Y así fue. Como en un gran karaoke -muy divertidas las imágenes que se proyectaban en la pantalla, con homenajes a Michael Jackson, Angelina Jolie, Tony Genil, El coche fantástico, etc.- cantamos con ellos sus clásicos populares. Obviamente presentaban su nuevo disco Costumbrismo Mágico (El Genio Equivocado, 2022), y de este álbum sonaron “Qué Ladilla”, “Macarrones Pop”, “Todos Los Días Lo mismo” (excelente tema sobre la alienación a la que estamos sometida la clase obrera), pero también “KITT…”, “Criando Malvas”, o “Macaulay Culkin”.

Momento emocionante de la noche fue ver a Morfi Grei de La Banda Trapera Del Río para resucitar ese himno del escapismo proletario que es, y será, “Ciutat Podrida. No faltaron travestis, y confeti, se improvisó una especie de Drag Race de todo a cien, nos cuidamos todas para acabar sanas y borrachas. Mi gente, siempre.

Fotos: Sergi Alcázar

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