Leo Mateos (Sala El Sol) Madrid 10/12/21

Tras mucho batallar por publicar su deslumbrante disco debut en solitario, era momento de que Leo Mateos nos presentara en directo con banda las virtudes de Demasiado Bellos Para Ser Esclavos (21). Este verano, en un panorama bastante más aciago en cuanto a aforos y restricciones, pudimos disfrutar de una versión suya acústica en solitario donde, la verdad, el resultado fue notable en cuanto a la acertada adaptación de su cancionero al formato.

Tocaba ahora pertrechar en escena acompañadas de tejido eléctrico esas canciones pobladas de efectos, adornos y cuidado gracias a una producción detallista y pulcra. Y, la verdad, no salieron mal paradas, si bien a diferencia de lo que me ocurre en su reciente trabajo, que me suena a banda compacta, en vivo tuve la sensación de contar con una serie de músicos competentes ejecutando las canciones compuestas por un solista. Curioso fenómeno el vivido, aún sigo pensando en el motivo que me llevara a esta sensación.

Quizás ese motivo radique en el aura potente del espigado artista, o en enfrentar sobre las tablas esos temas a la obra de Nudozurdo. Y es que nunca hasta ahora se había hecho más evidente lo mucho que echamos de menos a la banda madre, y no hablo de un mero ejercicio de nostalgia inane y trasnochada, sino de necesidad. Necesidad de peligro, de mensaje, de agitación en estos tiempos laxos y mortecinos. Descomunal cómo asomo “Ha sido Divertido”; emocionantes los pasajes de “Mil espejos”; desnuda la defensa a solas de la dramática “Estás tan perdida” y absolutamente magnéticos los segundos de la excelsa “Dosis modernas”, rescate de su monumental obra maestra Tara Motor Hembra (11).

Pero, por supuesto, estábamos allí para celebrar el presente vivo con el nuevo conjunto de temas del ex-nudozurdo, si bien buena parte de la audiencia vibraba especialmente con el legado de antaño. Así, resultaron fabulosos los desarrollos instrumentales que al abrigo de sus músicos acogieron algunas canciones, empezando por el sobresaliente arranque con “Valentino envenenado”. Si tengo que elegir algún pasaje del show, desde luego lo haré mencionando los momentos donde la asfixia y la tensión dominaban el ambiente, siendo la dupla consecutiva de “Kava kava” y “El sacrificio de la reina” la jugada ganadora sin lugar a dudas. Lástima que algunos temas con gancho y letras magníficas como “Angélica” o “Soy una trampa” no brillaron todo lo que su potencial permite por algunos momentos en los que el sonido asomó algo confuso, algo parecido a lo que me ocurrió con “La calculadora de amar”, canción por la que siento una especial debilidad.

Y con el rotundo cierre de “Mensajeros del miedo”, esa letanía ácida contra quienes nos gobiernan y en cuyas manos encomendamos absurdamente nuestro destino, desaparecimos en la fría noche madrileña tras otro importante paso para recuperar la verdadera normalidad, aquella que nos ayuda a vivir a través de carreras tan emocionantes y sinceras como la de Leo Mateos.

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