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Los 10 mejores discos de los Bee Gees, del menos bueno al mejor

Para concluir esta semana dedicada a los Bee Gees (mañana es Navidad y descansaremos), tras revisar la historia de «Stayin’ alive», reseñar en profundidad su último documental y entrevistar a Bill Oakes, responsable de la BSO de Saturday Night Fever, hoy retomamos una de las cosas que más nos gustan en Muzikalia, y en general a los amantes de la música: las listas. Como ya hemos hecho con otros muchos artistas (Morrissey, Prefab Sprout, Billy Joel, Supertramp, Lenny Kravitz, Red Hot Chili Peppers, Steely Dan, U2, Depeche Mode…), hemos escogido nuestros discos preferidos (en este caso lo hemos limitado a 10) de los Bee Gees, los hemos ordenado (según un criterio estrictamente personal, debo aclarar) del menos bueno al mejor y hemos confeccionado esta lista, con breves comentarios sobre cada uno de ellos. También queremos puntualizar que no hemos incluido la banda sonora de la película Fiebre del Sábado Noche porque en realidad no es un disco de los Bee Gees e incluye canciones de otros varios artistas y bandas. Dicho todo esto, ahí van nuestros diez discos preferidos de los Bee Gees, del menos bueno al mejor.

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10. MR. NATURAL (1974)

Bee Gees Mr Natural portada

Mr. Natural es un disco de transición que marca el final de su época más oscura y el inicio de la vuelta a la cumbre. Es su primer trabajo con Arif Mardin, el productor de Atlantic y uno de los principales responsables de su reconversión artística. Se nota, fundamentalmente, en los arreglos, más cercanos al soul de Filadelfia y al R&B, de manera que canciones que no superan demasiado en calidad a las de discos anteriores se ven envueltas en una capa de frescura que el trío había empezado a perder desde 1969. Hay tímidos intentos de introducirse en la música de baile (“Down the road”) que de momento son como balbuceos de lo que está por venir. Todavía hay una insistencia en las baladas que lastra algo el disco, resultando más interesantes canciones como “Mr Natural”, “Heavy breathing” (lo que podría haber sido con un buen falsete) o el inesperado recuerdo a su pasado barroco y orquestal que es “Had a lot of love last night”. La semilla está plantada, el sonido anhelado sobre todo por Arif Mardin se ve más o menos cercano en el horizonte, pero aquí todavía faltan canciones. El problema pronto quedará resuelto con el milagro de Miami.

 

09. LIVING EYES (1981)

Bee Gees Living eyes

Los Bee Gees venían de repetir la jugada exitosa de Saturday Night Fever con Spirits Having Flown, pero debido a la debacle de la música disco habían optado por un perfil bajo y componer para otros artistas. El gran éxito que tuvieron con canciones como “Guilty” les animaron a volver al estudio con la idea de desmarcarse un tanto del sonido discotequero con el que, inevitablemente y muy a su pesar, se les había asociado ya para siempre. Sin embargo las sesiones fueron problemáticas, y los músicos que les habían acompañado durante la segunda mitad de los 70 acabaron dejando el grupo. El uso de afamados músicos de sesión como Don Felder, Steve Gadd o Jeff Porcaro no oculta que los Bee Gees ya no sonaban como un grupo cohesionado. Hay coletazos, ecos de glorias pasadas como “Livin’ eyes” o “He’s a liar”, y los medios tiempos / baladas se mueven entre lo interesante (“Paradise”), lo soportable (“Nothing could be good”) y lo anodino (“Be who you are”). La producción tampoco acaba de funcionar en varios de los temas, y el retorno de Robin y Maurice a la voz solista es una buena noticia para los que odian el falsete de Barry, pero quizás no lo que esperaban los fans de su etapa 70s.

 

08. TRAFALGAR (1971)

Bee Gees Trafalgar

La travesía del desierto que los Bee Gees, primero sin Robin y después con él, tuvieron que sufrir durante los primeros años 70 es difícil de defender a uñas y dientes. Se trata de una época de transición, por no decir de declive, que realmente se disfruta más con un buen recopilatorio o una selección de canciones escogidas de aquellos discos. Aquí, por ejemplo, está “How can you mend a broken heart”, una de sus mejores canciones, que al abrir el álbum hace que el resto parezca mucho peor en comparación. Temas como “Israel”, “The greatest man in the world” o “Remembering” muestran a una banda un tanto desorientada, insistiendo en una fórmula agotada que solo despertaba con un par de zarpazos en cada disco. De todos modos hay otros como “It’s just the way”, “Don’t wanna live inside myself”, “Walking back to Waterloo” o la propia “Trafalgar” que mantienen el recuerdo, aunque lejano, de los Bee Gees de sus primeros discos. Un disco menor, pero quizás el menos menor de esos años de relativa oscuridad en comparación con el éxito masivo del que habían disfrutado en años anteriores.

 

07. SPIRITS HAVING FLOWN (1979)

Bee Gees Spirits Having Flown portada

La situación después del tremendo éxito de las canciones que compusieron para Saturday Night Fever debía ser complicada. ¿Seguir por el mismo camino con el riesgo de repetirse, o tratar de innovar y quizás perder la ola buena? Los Bee Gees apostaron por una solución intermedia para un disco que resultó ser su mayor éxito hasta la fecha pero que también marcó el inicio del fin, vendiendo millones y siendo despreciado de repente después de la infame celebración del “Disco-demolition” y el declive súbito de la música disco. Sin embargo Spirits Having Flown es mucho mejor de lo que pudiera parecer en su momento por la presión de los reaccionarios machos alfa por un lado, y la de los tecnopoperos, punkies y nueva-oleros por otra. Pueden gustar más o menos, pero sacarse de la manga dos canciones como “Tragedy” y “Too much heaven” para abrir un disco es una jugada maestra, por mucho que se las quiera hacer pasar por imitadoras de “Stayin’ alive” y “How deep is your love”. Por si hubiera dudas, ahí están “Love you inside and out” o “Spirits having flown” para demostrar que los Bee Gees eran algo más que un grupo de música disco y que su sentido del ritmo era lo bastante elegante como para no necesitar grandes explosiones ni arreglos espectaculares, aunque canciones como “Search, find” demuestran que no han perdido el “mojo” discotequero. Ese acercamiento al minimalismo lo llevan aún más lejos en canciones sorprendentes y chocantes como “Stop (think again)”, la maravillosa “Reaching out” o “I’m satisfied”, por no hablar del desconcertante cierre con “Until”.

 

06. CHILDREN OF THE WORLD (1976)

Bee Gees Children of the world portada

Children of the World corre el disco de ser considerado un disco menor encajado entre dos pelotazos como el de Main Course y el puñado de canciones que compusieron para la BSO de Saturday Night Fever. Además, abandonados por Atlantic, se lanzan a producir ellos mismos y se repiten, para lo bueno y lo malo, la fórmula exitosa de su anterior álbum. Abren de nuevo con un mágica y energética píldora funk-disco, la archiconocida “You should be dancing”, para luego serpentear por terrenos no ajenos pero menos obvios con canciones como “You stepped into my life” o “Boogie child”. Estos temas, como “Can’t keep a good man down”, demuestran como los Bee Gees no se subieron a ningún carro de la música disco sino que, simplemente, les fascinaba el llamado “sonido Miami”, el funk, la música R&B de mediados de los 70. El experimento se les va algo de las manos en “Lovers”, pero lo compensan con tres de las más bellas baladas que jamás han escrito: “Love so right”, la más trivial pero igualmente exquisita “Love me” y la casi desconocida pero melódicamente impecable “The way it was”. En la canción homónima que cierra el álbum vuelven a arriesgar, pero esta vez con más sentido, sin perder su identidad.

 

05. HORIZONTAL (1968)

Bee Gees Horizontal

Horizontal contiene el primer gran éxito masivo de los Bee Gees, “Massachusetts”, y otro gran tema de esta primera época como “World”. Hay sin embargo otras canciones más que interesantes, como “Lemons never forget”, la típica balada de Robin Gibb “And the Sun will shine”, una “Harry Braff” cercana a los Kinks o el tema que da título al disco, que de nuevo les muestra ensayando ciertos pasos que darán en un futuro. Los Bee Gees empiezan a demostrar que no solo saben hacer “hits” sino que también se desenvuelven bien en terrenos más vanguardistas y que han aprendido las lecciones de los Beatles del Sgt Peppers (“The earnest of being George”). Quizás sea un disco demasiado disperso para la época. Tal vez el alcanzar el éxito muy rápido, la presión de sacar pronto un segundo álbum, haya perjudicado lo que podría haber sido un gran álbum, al menos uno más cohesionado al nivel de Odessa. De todos modos vale la pena indagar en las canciones más conocidas, lejos del transitado camino pop de sus éxitos, para darse cuenta del verdadero talento compositivo de los hermanos Gibb. No se me va la cabeza la idea de lo que podría haber sido un único álbum en 1968 con las mejores canciones de Horizontal e Idea.

 

04. IDEA (1968)

Bee Gees Idea

Para mi gusto Idea se encuentra un escalón por encima de Horizontal, principalmente debido a su inicio y su final. En la parte central contiene “I’ve gotta get a message to you” donde en Horizontal podemos encontrar “Massachusetts”. El arranque con “Let there be love” me parece excepcional, creo sinceramente que es una de las mejores canciones de los primeros Bee Gees aunque no tenga la fama de los sencillos que todos conocemos. “Kitty can” es divertida, demuestra que el trío sabía componer canciones de diferentes estilos sin encasillarse en baladas o en psicodelia, y que también sabían sonar costumbristas y dicharacheros como los Beatles o los Kinks. Véase también “Such a shame”, en ese sentido. El resto de canciones de la parte intermedia del disco, salvo la mencionada “I’ve gotta get a message to you”, resultan fácilmente olvidables. La belleza de temas como “When the swallows fly” es más superficial que duradera, y más o menos lo mismo se puede decir de “Down to Earth” aunque me parece mejor. Sin embargo el trío final de ases es el que decanta la balanza hacia Idea: “I started a joke”, quizás uno de los mejores temas de Robin; “Kilburn towers”, una anomalía folk sin estribillos ni apenas variaciones sobre una melodía que, eso sí, es de una encantadora sencillez; finalmente, el cierre con la bellísima e infravalorada “Swan song” deja un delicioso sabor de boca.

 

03. MAIN COURSE (1975)

Bee Gees Main Course portada

El primer disco de su segunda etapa gloriosa iniciada con su traslado a Miami. Todo lo que se insinuaba en Mr Natural, su primer disco con Arif Mardin, explota inesperadamente aquí con un puñado de irresistibles canciones que anticipan lo que vendrá en los años siguientes. Es también el disco en el que el falsete de Barry Gibb empieza a convertirse en seña de identidad de la banda. La incorporación del teclista Blue Weaver, y la sugerencia de Mardin de que escucharan más funk y R&B al estilo de Stevie Wonder, fueron cruciales para el nuevo sonido de los Bee Gees, explosivo en sus temas más bailables (ya sabéis, “Nights on Broadway”, “Jive talkin’”, “Fanny (be tender with my love) o “Winds of change”) y americanizado incluso en las canciones más lentas, que adquieren un delicioso sabor country-folk (“Come on over”, “Country lanes”). Temas como “Songbird” o “Baby as you turn away” quedan como enlace entre sus baladas barrocas de los 60 y futuras canciones como “Too much heaven” o “How deep is your love”.

 

02. BEE GEES 1ST (1967)

Bee Gees 1st portada

Se trata del primer disco de los Bee Gees lanzado internacionalmente, de ahí el nombre aunque hubiesen publicado ya un par de álbumes en Australia. Estamos ante un compendio de enormes canciones que parece mentira que pudieran surgir de la mente de un veinteañero y dos críos de 17 años. Todas las canciones son originales, algo sorprendente en un debut (aunque no fuera su debut real), pero además es casi un grandes éxitos de su primera etapa con temas inmortales como “Holiday”, “New York mining disaster 1941”, “To love somebody”, “I can’t see nobody”, “Every Christian Lion hearted man will show you”. Sin despreciar las magníficas “Turn of the century”, “Red chair fade away” o “I close my eyes”. En realidad todas las canciones están a un nivel tan elevado que convierten este primer disco británico de los Gibb en un álbum que puede competir cara a cara con clásicos legendarios de un estilo similar como el Odessey & Oracle de los Zombies.

 

01. ODESSA (1969)

Bee Gees Odessa portada

Aunque no sea el disco que contiene sus canciones más populares, Odessa es la cima de la creatividad de los Bee Gees. Es también el disco que da por finalizada su primera etapa, ya que durante su grabación se produce la baja de Vince Melouney y se recrudecen las tensiones entre Robin Gibb y el resto de la banda, especialmente con su hermano Barry y con Robert Stigwood, lo que finalmente desembocará en el abandono de Robin y la conversión de los Bee Gees en un dúo. Estamos ante el momento cumbre de un giro que los Gibb habían empezado a dar ligeramente en sus anteriores discos, un movimiento que los alejaba del fenómeno fans en el que se habían convertido con sus tiernas canciones de pop barroco y que los acercaba definitivamente al sector más tangencial y fino de la psicodelia. Aunque fue lanzado como doble álbum, su duración no es excesiva para la actual era del CD, ya que no llega a los 70 minutos, así que no se hace largo a pesar de los temas instrumentales. Aunque contiene canciones tan conocidas como “Melody fair” o “First of May”, no hay que perder de vista joyas como “Black diamond”, “Edison”, una “Marley Purt Drive” aparentemente inspirada en The Band o “Lamplight”, la canción de la discordia que Robin Gibb quería que fuera single y al final salió como cara B de “First of May”. Un disco excelente, absolutamente recomendable, misterioso y sorprendente.

 

 

Como «bonus track», aquí tenéis una emotiva presentación de los Bee Gees todavía en su más tierna infancia, al menos los gemelos Robin y Maurice.

 

Y finalmente, para poner definitivamente la guinda a esta semana Bee Gees en Muzikalia, una playlist de Spotify con 50 temas seleccionados de entre toda la discografía de los hermanos Gibb incluyendo sus colaboraciones con otros artistas, entre ellos alguno que hicieron para su hermano pequeño Andy.

 

 

 

 

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