Marianne Faithfull – Give my love to London (Easy Sound)

Marianne Faithfull se ha convertido en la gran dama de la música europea. Un título ganado a pulso con sus últimos álbumes, espléndidos todos ellos. Buena parte de la calidad de estos últimos trabajos se debe a la excelente nómina de colaboradores, una constante a lo largo de toda su carrera pero que en la última década incluye unos nombres que realmente quitan el hipo: Damon Albarn, Nick Cave, PJ Harvey, Beck, Dr.John, Jarvis Cocker, Roger WatersGive my love to London sigue la misma senda de esos últimos discos: todas las canciones, salvo tres versiones (“The price of love” de los Everly Brothers, “Going home” de Leonard Cohen y el estándar “I get along without you very well” de Hoagy Carmichael), están escritas en colaboración con otros artistas o por estos últimos en solitario. ¿Álbum homenaje? ¿Capricho de vieja diva? ¿Artefacto con más mérito histórico que artístico, pensado para despertar más la nostalgia que el interés? Nada de ello. Error.

El álbum desprende una enorme coherencia tanto temática como sonora. Las canciones reflejan el paso del tiempo, el recuerdo de tiempos lejanos (tan lejanos como los años 20 y la música de cabaret alemana, una de sus obsesiones) y al mismo tiempo el orgullo de una vida vivida con intensidad. Las referencias son numerosas: en sus letras aparecen Chelsea, la canción “Pirate Jenny” de la Ópera de Tres Peniques de Kurt Weill y Bertolt Brecht, las experiencias con las drogas, los amoríos, Londres… Todo muy europeo, todo muy decadente. Arropada por los Bad Seeds prácticamente en su totalidad, las canciones de Give my love to London suenan potentes y desafiantes. El tema titular, escrito a medias con Steve Earle, es un homenaje, aparentemente placentero aunque corrosivo en el fondo, a la ciudad del Támesis. Tiene una estructura melódica muy típica del folk británico, pero por detrás se adivinan ya las malvadas intenciones de Warren Ellis (productor del disco) y los suyos. La producción y la instrumentación, correosa, eléctrica y abrasiva salvo en las baladas, cuadran perfectamente con el tono altivo y roto de la voz de la cantante, como se aprecia perfectamente en “True lies”, en “Sparrows will sing” (compuesta por Roger Waters), en la espeluznante “Mother wolf” o en la ya mencionada versión de los Everly Brothers.

Es en los temas lentos y con los acompañamientos más sobrios, sin embargo, donde se logra una conexión más emotiva con el oyente. “Love more or less” juega con la fonética de las palabras de manera magistral, sobre un punteo de guitarra acústica y un piano fantasmagórico. Por su parte, “Late Victorian Holocaust” es la joya del álbum. Compuesta por Nick Cave en su totalidad,  incluyendo la letra, logra retratar perfectamente el espíritu de la musa Marianne, sus fantasmas del pasado, el presente y el futuro, su solemnidad y dignidad, sus aciertos y errores. De la misma forma que Frank Sinatra se apropió de “My way” hasta conseguir que no resulte creíble en cualquier otra voz, Marianne Faithfull lo hace con el tema de Cave, lo paladea, lo deletrea y lo vocaliza hasta apoderarse de él por completo. Es la cumbre de un álbum con el que uno no puede estar seguro si está ante el honroso final de la carrera de una diva agotada por el paso del tiempo, ante su mejor testamento posible, o ante un golpe sobre la mesa para decir “estoy aquí, y todavía soy capaz de hacer un álbum que patee vuestro culo y os haga olvidar toda esas canciones flojeras que dominan las listas”. Sea como sea, estamos ante un disco que no puede pasarse por alto.

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