Mercury Rev – Divino Aqualung (Madrid)

Terminaba Manuel Pinazo su crónica del concierto que Echo & the bunnymen ofrecieron el pasado mes en Madrid preguntándose si había sido el mejor concierto del año, una cuestión a la que un servidor hubiera contestado afirmativamente hasta, precisamente, el 16 de noviembre (sin olvidar pequeñas joyas como los conciertos de Radiohead, Manu Chao, Calexico, Yo la tengo…). Sí, Manuel, sí; pudo ser el de Ian McCulloh y compañía el mejor concierto de lo que llevamos de año (que no es poco), pero después de ver lo que Jonathan Donahaue y los suyos hicieron en Aqualung tengo que decantarme del lado de los americanos.

Una hora y cincuenta minutos (sí, créanme, casi dos horas de concierto, algo que en estos días de principios del XXI no suele prodigarse) después de la apertura con “The funny bird” se desvanecían las notas de “The dark is rising” entrecruzadas con una ovación entregada con todo el agradecimiento del mundo.

La poesía al servicio de la música, la droga convertida en espectáculo, la delicadeza, la frescura, la defensa de un último disco mas pequeño que el anterior y que en directo crece y crece, el espíritu minimalista, el escenario convertido en un avión y… ¡A volar!.

La sonrisa de Joker y los ataques ácidos del señor Donahaue, convertido en director de orquesta sin batuta, colapsaron las atentas miradas de un público que llenaba tres cuartas partes del local. La música seguía en primer plano, y su último disco por delante. Las canciones de “All is dream” pierden su rígido status en el que parece que se encuentran enclaustradas y brotan con nuevos y generosos impulsos (¿Qué hiciste, Dave Fridmann?).

La ejecución de los temas, impoluta, rozó casi la perfección, alejando la posibilidad de introducir grabaciones y utilizando los dos teclados que completaban la formación para adornar e incluso sujetar las canciones. Las melodías y los ritmos de cuento y villancico que manejan con maestría en sus dos últimos discos se ven sustituidos por interpretaciones que buscan nuevas salidas (incluso compositivas) y que se sustentan en la fuerza de guitarra, bajo, batería y la delicada voz de Donahaue.

Sonaron ocho de los diez temas de “All is dream”, sacando sangre a canciones como “Little Rhymes”, “You´re my queen” o“Chains”; tan lánguidas en estudio y tan emocionantes en directo. Pero el peso de “Deserter´s songs” volvió a eclipsar al resto (aunque con no mucha diferencia). Maravillosa y en un principio casi irreconocible “Tonite it shows”, deliciosa “Opus 40” (con un final de descarga psicodélica brutal), sencillamente genial “Goddess on the highway”, aire rockero para “Delta sun…” y clímax onírico con la que a mi juicio es una de las mayores delicias musicales nunca escritas: “Holes”. Rincón de sueños en el que depositaron el secreto mejor guardado de los ambientes fantasmagóricos de sus canciones del desierto, con Jonathan Donahaue armado con un serrucho que doblaba con delicadeza para extraer esas melodías que fluyen a lo largo de todo el “Deserter´s songs”.

Escuchar en el 2001 las canciones de “Yerself is a Steam” produce sensaciones encontradas ,ahora son otro grupo totalmente distinto, David Baker,su primer cantante ,les daba un toque de demencia que Jonathan Donahue sustituye por dulzura y volver a oir “Many Sleepy Rivers” y “Chasing a Bee” en medio de sus últimos tesoros solo hace que confirmar el gran grupo que han sido y que son. Interpretadas con una milimétrica combinación de melodía y electricidad y abriendo en canal todos nuestros recuerdos a los que pusieron banda sonora.

La excesiva (otra vez mejor en directo) “The dark is rising” cerró un concierto, de verdad, de corazón, MEMORABLE.

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