Dicen Eblis Álvarez y Camilo Lara que la admiración mutua ha permitido que se metieran en un estudio para grabar este Ruido Tovar, que es tanto un diálogo entre culturas como la necesidad de experimentar con el rico legado de la cumbia, sea esta colombiana o mexicana. Sería algo así como deconstruir la tradición sonora latina para hacer con ello algo nuevo e imprevisible. Los dos músicos dicen que este disco es «dos trenes chocando a toda velocidad”, y sin lugar a dudas es ambrosía para los oídos.
Eblis es miembro fundador de Meridian Brothers, uno de los combos más sugerentes de las últimas décadas. Sus discos son imaginativos ejercicios de ambición sonora a través de sonidos chispeantes, y con bastante sentido del humor. Por su lado, Camilo tiene su proyecto bajo el nombre de Instituto Mexicano del Sonido en el que ejerce de maestro de ceremonias esparciendo sus manifiestos festivos (y políticos) en su mezcla de cumbia, funk y eléctrica.
Este disco editado bajo el título de Ruido Tovar (Ansonia Records, 2026) es un festín para mis oídos en estos días. La cumbia es el eje vertebrador de todo el cancionero, aunque también hay cabida para el danzón, el cha cha Cha, y la electrónica con poso retro que va cincelando pasajes sonoros que, si cierras los ojos, te puede recordar a los ritmos repetitivos del krautrock, o las bellas melodías de Omar Khorshid o Les Baxter.
El disco está dedicado a Rigo Tovar, una de las figuras más importantes de la renovación de la música latina mexicana moderna. Tovar tendió puentes entre la tradición latina y la modernidad, pero a la vez fue un visionario introduciendo cajas de ritmos y sintetizadores, abriendo de esta manera una senda por explorar en la música de raíces folk. Con este personaje en mente, Ruido Tovar está repleto de melodías sensuales: «Ira (IA)» habla del desamor, «una tradición metafórica», y así lo canta Eblis, mientras que la crítica al capitalismo llega de la mano de «El campeón (Bienes funerarios)», aunque el amor pueda con (casi) todo. El chachachá de «Concorde» parece que esté grabado con un Casio entre cervezas y chistes y carcajadas.
Nada menos que Beck colabora en el disco en un par de temas: «Ritmo Babilonia», que me recuerda a algún tema perdido del Odelay con rítmica y orgullo latino, y nada menos que acuñan una «Cumbia Beckiana» que arranca con la guitarra rememorando «Hotwax», para después enfilarse hacia frondosos arreglos de percusión con ecos al blues del Delta norteamericano, acentos africanos y notas de piano. Tremendo.


















