No sé por dónde empezar esta reseña, sinceramente. A veces pasa. Uno lee noticias sobre un grupo, Nothing But Thieves, en este caso y te parece que puede molar. Lees por ahí que están influidos por The Cure, que suenan a Royal Blood, que les produce Mike Crossey, quien ha hecho cosas chulas con Arctic Monkeys o Wolf Alice y te animas y pides hacer la reseña. Es una buena oportunidad para conocer un nuevo grupo, te dices. Te llega el cd y tiene un diseño muy bonito, que me recuerda a los discos que compraba en los 90, cuando era un chaval y el interior del libreto, muy pintón también, trae sus letras y créditos bien currados. Hasta aquí todo bien. El problema llega cuando insertas el disco en el equipo de música y te das cuenta de que no conectas en absoluto con lo que estás escuchando.
¿The Cure? ¿En serio? No los escucho por ningún lado. Tampoco percibo la cruda intensidad que me cautivó cuando escuché el debut de Royal Blood o la sensibilidad y capacidad de facturar pop con mayúsculas de Alex Turner o Wolf Alice. Sí me llegan, y con brocha gorda además, lo peor del manierismo del último Jack White (“Unperson”), la melancolía exagerada de Keane en versión musculada (“Real Love Song”), el pseudo rock bailable AOR de The Killers (“This feels like the end”) y sobre todas las cosas, la alargada sombra de Muse, que sobrevuela todo el álbum de manera más que evidente, grosera incluso (“Is everybody going crazy?”, “Impossible”). Pero no los Muse de sus dos maravillosos primeros álbumes sino los Muse que se autoparodian desde que alcanzaron su estatus de banda de estadio.
Y no tengo duda de que pronto este quinteto de Essex llegará a ese punto y llenarán grandísimos recintos y serán cabezas de cartel del FIB (este disco ha sido número 3 en las listas británicas la semana de su debut). Digo más, puede que lo que está sonando ahora mismo en mi reproductor sea un gran disco, no lo pongo en duda. Pero lo escucho y no me dice absolutamente nada. Me suena a ya oído, a producto reciclado, a fórmula de despacho, con esas letras que, como debe ser ahora, tocan temas sociales de actualidad pero que sin ser lo peor del álbum tampoco te cambian el día. Y termina el disco y estoy igual pero con media hora menos de vida por delante.
Solo añadir que hay un 90% de probabilidades de que el equivocado sea yo y este disco sea la pera limonera. Viendo el éxito que tienen está claro que se me está escapando algo. Por eso, querido lector de Muzikalia, olvida todo lo que acabas de leer, escúchalos y saca tus propias conclusiones. A malas, solo perderás media hora de tu tiempo.
Escucha Nothing But Thieves – Moral Panic




















