The Crookes (Festival In-Somni) – Sala Bikini (Barcelona)

El Merseybet, la fantasmal Manchester post-industrial de los 80 o King’s Road, desde donde el punk empezó a proclamar el Apocalipsis. Las grandes corrientes musicales británicas son fácilmente clasificables según los orígenes de sus gentes. La ebullición social que les inculcó el espíritu. Sheffield es una de las cunas de la electrónica de la islas.  Fuente de The Human League, Heaven 17, Moloko, Cabaret Voltaire y del sello Warp (808 State o The KLF), ahora ya afincado en el absolutismo londinense. Pulp o Arctic Monkeys forman parte de aquellas especies que contra toda lógica se desarrollan y evolucionan en un entorno poco favorable, como ahora The Crookes. Los de South Yorkshire pasaron por Barcelona como cabezas de cartel del Festival In-Somni, en el que compartieron escenario con los locales Evripidis & His Tragedies y The Seihos, con Martí Maymó, de los aclamados Manel, en sus filas.

En poco menos de una hora, The Crookes encandilaron a los pocos centenares de espectadores de una Sala Bikini lejos del lleno. Destilaron entusiasmo y un delicioso amateurismo en su primera actuación en cuatro meses, como explicó el bajista y vocalista, George Wait. La formación, completada por Alex Saunders y Daniel Hopewell (guitarras) y Russell Bates (batería), no volverá a subirse a un escenario hasta el próximo 9 de marzo, en Leeds.

El cuarteto atrae y despierta simpatía por su nula ambición competitiva y un sonido desajustado, entre encantadoramente melódico y desquiciadamente romántico, que levanta constantes comparaciones con The Smiths. Sin vicios adquiridos, se permitieron el lujo de abrir la actuación con la intimista “City of Lights” antes que buscar la complicidad inmediata del público.

Las sonoridades y actitudes twee de Chasing Afther Ghosts (Fierce Panda, 2011) y el EP Dreams of Another Day (Fierce Panda, 2010) se difuminan en directo. La suavidad, la alegría y las inflexiones folk dan lugar a un amalgama melódico de pop afectado y guitarras energéticas que miran a la C-86 (“Godless Girl”, “I Remember Moonlight” o “Backstreet Lovers”).  La sorpresa de la noche llegó en el bis, con la inesperada y aclamada versión de “Here Comes Your Man”.

Ellos mismos, en su cuenta de Twitter (@TheCrookes), se describen como “Pop band from the leafy suburbs of Sheffield”. Crookes es un suburbio de la ciudad, arbolado y de aires bohemios, en el que se concentran jóvenes, estudiantes y profesores, y en que el cuarteto se conoció mientras estudiaba literatura inglesa en la universidad. No parecen ser muy de Sheffield, como tampoco una de las incontables nuevas bandas que surgen de la nada y saborean el éxito fugaz de las portadas de revistas de tendencias y los grandes festivales, antes de desvanecerse. Su camino al éxito transcurre por la vía de la naturalidad y la autenticidad. De los pequeños escenarios. Por las salas que escalón a escalón aumentaran de aforo. El orden lógico de las cosas.

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