The Grannies regresan con A Side: siete trallazos de pop infalible

¿Se puede hacer un disco que contenga siete caras A de single? Inténtelo usted, a ver si puede… Es un don’t try this at home -usando una expresión muy brit– como una catedral. A cualquiera le pasaría factura el intento. Pero cualquiera no son The Grannies.

The Grannies es una formación con la cual usar la palabra “veterana” es una soberana chorrada. Sencillamente, por sus filas discurre gran parte de la historia más granada del pop-rock hecho en Valencia, su tierra natal. Sobre cada uno de sus miembros podríamos escribir un libro, pero baste con citar sólo algunas de las bandas de las que han formado parte. Pepe García del Real estuvo en Cangrejos o Scooters, José Montoro en Inhibidos Quizás o Someone Elses, David Campillos en Canadienses o Trinidad. Los tres coincidieron en los míticos Tent, clara antesala de este actual proyecto. Completa la formación el algo más joven pero sobradamente experimentado Ramón Manzaneda (The Standby Connection).

Pero, de todas formas, como el pasado está sobrevalorado y lo que importa es el ahora, todo eso no es lo realmente importante. Lo relevante aquí es que están vivitos y coleando. Que conservan su entusiasmo, su pericia y sobre todo, ojo, una portentosa capacidad para hacer canciones como puños.

Quizá eso de A Side sea una alegoría que usa esas aparentes dos palabras para formar otra, “aside”, es decir “aparte”, que les define bastante. Quizá esto sea sólo la cara A de un disco dividido en dos partes (de hecho es así, pronto vendrá la B Side, dicen). Pero yo con lo que me quedo es con el significado que me sugieren siete canciones que, como decía al principio, perfectamente podrían individualmente haber ocupado la cara A de uno de esos singles, o discos de siete pulgadas, que cualquier buen coleccionista de discos atesora en casa.

The Grannies A Side portada

Canciones directas, como un puño a la mandíbula (bueno, quizá el delicioso medio tiempo “Season lovers” merezca más el calificativo de caricia), sin pelos en la lengua, con guitarrazos inmisericordes y sonido abigarrado. Sorprende, de hecho, que este disco, por circunstancias, haya tenido que ser hecho en casa, casi “por control remoto” entre sus componentes. Compartiendo ideas, grabando sobre lo grabado y sacando fuerzas de la necesaria experiencia que el tiempo pasado en numerosos estudios de grabación y tocando sin parar, les ha dado.

Pese a ello es un disco que suena, simple y llanamente, como un cañón. “Idiots and flags” es una de esas canciones de las que uno se enamora al instante. Guarda en sí lo mejor del pop de muchas épocas. The Who, The Kinks, Cheap TrickThe Jam, Jellyfish… están ahí. Pero también un pletórico y personal oficio compositivo que esta gente ha ido acumulando con mimo y sabiduría. Despliegan imaginación y aunque por tramos pueda parecer que el sonido se vaya a resentir de su factura do it yourself, siempre surge algún detalle que nos hace levantar la ceja, meternos de pleno en todas y cada una de las canciones. Son, en suma, siete dianas sin concesiones, furiosas, rabiosamente melódicas y enganchantes, como debe ser. Una gran noticia, como siempre, volver a saber de The Grannies en estos términos tan estimulantes y esperando con las orejas bien abiertas la llegada de esa prometida “cara B” para completar un cuadro, que de momento es poco menos que digno de colgar en el Prado.

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