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The Jesus & Mary Chain + Monte del Oso (La Riviera) Madrid 30/04/17

Tras una década de conciertos, los hermanos Reid han vuelto con Damage And Joy, excusa que les ha traído a la capital por primera vez en casi dos décadas. Pocos esperaban un regreso discográfico tan digno y mucho menos, el directo con el que lo han presentado. Ellos nunca habían destacado especialmente sobre el escenario tal y como el que suscribe pudo comprobar años ha, en la desastrosa gira de Honey’s Dead (1992) o en otras discretas apariciones festivaleras. Pero cosas de la madurez, los de Glasgow han sabido comprimir todas las virtudes que atesoran, han conformado una sólida banda de acompañamiento y han resurgido para reivindicarse como el referente imprescindible que son.

Abrían la noche Monte del Oso, power trío que desde Pamplona supo ganarse al respetable en apenas media hora, en la que interpretaron temas de su reciente Existen Moscas Que Se Relajan Durante El Vuelo y del que fue su debut, Esto Tiene Que Doler. Rock directo y eficaz. Un perfecto aperitivo para lo que estaba por llegar.

Tras unos minutos musicales en los que podíamos escuchar a Ramones o a sus paisanos y colegas Primal Scream, «Amputation» inauguraba un setlist que viajaba por los momentos más brillantes de la discografía de los escoceses. Un sonido contundente y sorprendentemente fresco, comandado por la guitarra del inquieto William Reid y arropado por un muy activo Jim Reid, que parece haber dejado a un lado sus modos apáticos de antaño.

En su hora y media larga de actuación, nos hicieron viajar 30 años en el tiempo para rescatar algunos momentos del glorioso Darklands («April Skies», «Cherry Came Too»), dieron  protagonismo a Automatic (89) otraa de sus obras cumbres, en las que las melodías de The Beach Boys se daban la mano con los guitarrazos de Ramones («Head On», «Between Planets»,  «Blues From a Gun», «Halfway to Crazy») y reivindicaron de manera impecable aquél Honey’s Dead antes mencionado, de la mano del pop de «Far Gone and Out», la oscura «Teenage Lust» y ese himno llamado «Reverence» que alargaron durante casi 8 minutos para el éxtasis colectivo. Tampoco se olvidaron de la oscura belleza de «Some Candy Talking» con un solo final de William Reid que nos volvió a recordar lo grandes que son, ni de sus nuevos temas, que encajaron como un guante en el repertorio, destacando especialmente la efectiva «All Things Must Pass».

El primero de los bises se abrió con la siniestra «Nine Million Rainy Days», para a continuación llevarnos de paseo por su debut, un Psycocandy (85) que continúa inalterable al paso del tiempo. Sonaron la esperada «Just Like Honey» arropada por su batería a lo Ronettes y la bella distorsión de «You Trip Me Up», «The Living End» y «Taste of Cindy». «War on Peace», otro de sus nuevos temas cerraba el lote, antes de que pudiéramos disfrutar de un bis final que comenzó con el que fue el primer single de su carrera, «Never Understand». Cerraron la noche con «I Hate Rock And Roll», única parada en un Munki (98) que en esta ocasión dejaron a un lado.

The Jesus & Mary Chain han vuelto para ocupar el lugar que les corresponde. Los que les juramos amor eterno hace décadas, quedamos totalmente reconciliados con su momento actual, que seguiremos disfrutando mientras dure.

 

 

 

7 comentarios en «The Jesus & Mary Chain + Monte del Oso (La Riviera) Madrid 30/04/17»

    • La de Placebo saldrá mañana, a Chameleons por desgracia no pudimos verles

  • Umm…, pues a mí me pareció un concierto bastante plano, disfrutable por los temazos del repertorio, pero con bastante poca química e implicación por parte de la banda

  • Yo era la cuarta vez que les veía. No había oído cantar tan bien a Jim Reid y tan sonriente. Siempre está de mala hostia.

    El sonido al menos desde donde yo estaba fue cojonudo

  • Uno llegaba un tanto mosca a la Riviera, entre la polémica acústica de la sala y la desangelada acturación de los Mary Chain en el Primavera Sound de 2013. Aunque la buena actuación en el Nos Alive’ de Lisboa en 2015 donde tocaron el Psychocandy al completo, sin respiro, y el notable Damage and Joy, daban esperanzas de poder disfrutar de un buen concierto. Y lo fue, en sonido, en repertorio (por cierto, su primer single fue Upside Down, de 1984) y en actitud, aunque yo le colgaría una guitarra a Jim Reid como en sus comienzos, a ver si perdía un tanto ese aire de desgana que a veces transmite.

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