The Morlocks (Crazy Horse) Bilbao 12/01/20

The Morlocks: Desde el planeta psichedelia.

Si eres músico y la prensa dice de ti que has muerto, cuando en realidad no es así, eso te hace automáticamente miembro de un exclusivo club en el que se encuentran famosos como Paul McCartney, Chris Rea o Jon Bon Jovi, por ejemplo. Esto fue lo que le ocurrió a Leighton Koizumi, líder de The Morlocks, en 1999, cuando la revista Spin Magazine anunció su fallecimiento. En realidad, seguía vivo, claro; solo que estuvo fuera de la circulación durante algún tiempo. Le puede pasar a cualquiera. Lo gracioso (para quien le guste el humor negro) es que justo cuando Koizumi estaba a punto de “ausentarse”, la banda publicó una recopilación de viejas grabaciones californianas (en Croacia, nada menos) que llevaba por título Wake Me When I’m Dead (1991). Para partirse.

El caso es que Koizumi, tras ese paréntesis forzoso de casi diez años, volvió a formar la banda con nuevos miembros, con energías renovadas y – haciendo bueno el título de la canción de Miguel Ríos – volvieron a la actividad. Dieron giras y grabaron nuevos discos, el último de los cuales, Bring On The Mesmeric Condition (2018), presentan ahora en su más reciente gira, por Europa. En España se detuvieron en las ciudades de Barcelona (Rocksound), Valencia (16 Toneladas), Cox (TNT Blues), Vitoria (Hell Dorado) y Bilbao (Crazy Horse).

The Morlocks surgió allá por 1984 a caballo entre San Diego y Los Ángeles y hoy en día es una banda de referencia en el rock garaje-punk californiano, a pesar de que actualmente estén afincados en Düsseldorf, Alemania. En su momento, formaron parte de un movimiento revival del estilo, junto con grupos como Fuzztones, Chesterfield Kings o Gravediggers Five, que recogían influencias tanto punk, como psicodélicas.

Cuando Alberto el fotógrafo, y yo llegamos a la sala bilbaína, están todavía descargando el equipo. Es mediodía de un domingo soleado y frente al Crazy Horse, al otro lado de la ría, el Museo Guggenheim lanza destellos de titanio. Un día perfecto para que los turistas se hagan selfis. En la sala, por el contrario, reina la penumbra. Las ventanas han sido cegadas con cortinas negras, aunque aquí y allá la luz del exterior se filtra con fuerza, como cuchillas cortando la oscuridad.

Nos recibe Rubén, de Undercover Producciones: “La noche pasada ha sido dura. Terminaron tardísimo y apenas han dormido”. A pesar de lo cual, no parecen especialmente cansados. Marcello Salis dice: “No pasa nada. La gira del año pasado sí que fue dura; fueron seis semanas seguidas”. Se mueven con calma, colocando los instrumentos y haciendo pruebas de sonido. Alaska, el técnico que hace también las funciones de chófer, va de aquí para allá con una tablet, haciendo ajustes.

Alberto se dedica a medir la luz para las fotos, mientras Rob, el batería, me aclara que en este último álbum todas las canciones son de composición propia. “Las letras son de Leighton, pero la música la hacemos entre todos. Cada uno trae sus propias ideas y a partir de ahí desarrollamos los temas”.

Llegan los primeros espectadores, un grupo de chicas. Una de ellas, con abrigo que imita la piel de leopardo y minifalda, se acerca a la barra y pide un té verde para ella y marianitos para sus amigas. Los siguientes son un tío de treinta y tantos, acompañado de un niño. “Está claro que los fans de The Morlocks no tienen edad”, pienso para mí. Por cierto, que el nombre de la banda está inspirado en la novela The Time Machine, (1895) de H. G. Wells, donde los Morlocks son una especie de seres sub-humanos, que viven en la oscuridad bajo la superficie terrestre y han degenerado, a través de los siglos, a partir de la clase trabajadora. Del aspecto primitivo de estos seres procede toda la iconografía original del grupo. De ahí y de la cultura psicodélica de los sesenta y setenta. Su atuendo se ajusta a la vestimenta “negro formal” que podríamos llamar “clásica”, con toques de psicodelia retro, como algún pañuelo en el cuello o alguna camisa estampada (siempre en tonos oscuros, eso sí).

The Morlocks logo

Para esta gira, Leighton Koizumi se ha traído consigo a músicos de la categoría de Bernardette (The Gee Strings, Sonny Vincent) y Marcello Salis (The Gravedigger V, The Hangee V) en las guitarras, Rob Lowers (The Fuzztones, Q-65) en la batería y Oliver Pilsner (The Fuzztones, The Cheeks) en el bajo.

Los espectadores siguen llegando poco a poco, pero no se quedan mucho rato; piden sus consumiciones y salen a las mesas de la terraza exterior a disfrutar de este raro sol de invierno y de las vistas. Los músicos no tardan en unírseles. Asistimos entonces a una de las más conocidas peculiaridades de los conciertos rock: El Retraso en el Comienzo del Espectáculo. En efecto, la hora prevista llega, pasa, queda muy atrás y a nadie parece importarle. Los espectadores se presentan tarde, pues saben por experiencia que los conciertos nunca empiezan a la hora, y los músicos, a su vez, no empiezan puntualmente porque saben que la mayoría del público está por llegar. Como la vida misma.

Aprovecho para hablar con el padre que se ha traído a su hijo pequeño como parte de su educación musical-rock. Iker U.: “Tiene 7 años y es su segundo concierto. Quiero que vaya conociendo este tipo de música poco a poco y aprovecho espectáculos que tienen horarios asequibles para él, como es este caso (12:00 a.m.)”. El chico, A. U., Hijo de Iker, parece un chaval de lo más formal, porta una cámara de fotos para niños y se entretiene haciendo instantáneas a los instrumentos que los músicos han dejado preparados. “Ah, y por supuesto, le traigo unos tapones para los oídos”. Por supuesto; la seguridad es lo primero.

Pero todo llega y tras unos últimos chupitos, los músicos salen a escena, Leighton saluda: “¡Holaaaa! ¡Buenossshh diassshh!”. Un redoble de Rob y se lanzan con “Sex Panther”, un tema de Easy Listening for the Undearchiever (1986). Me sorprende que el sonido sea más limpio de lo que esperaba. Oliver y Marcello hacen las voces en apoyo a Leighton que, además de cantar, mete la armónica durante unos segundos. Ocasionalmente tirará también de maracas y de tambourine. Continúan con “Killing Floor” y “Teenage Head”, del mismo álbum.

The Morlocks foto

¡¡¡Uuuuuuuuuuuuaaaaarrrrggghh!!! Leighton muestra la potencia de su voz en “Bothering Me”, esta sí de su grabación más reciente. La sala está casi al máximo de su capacidad, lo que significa unos 150 rockeros, en estado de agitación y bailando en su mayor parte. Desde donde yo estoy, distingo a Iker con su retoño a hombros, quien, efectivamente, lleva puestos los tapones auditivos. No le vendrán mal, pues escuchar The Morlocks en una sala tan pequeña es una experiencia física, en la que el sonido llega a cada rincón y a cada recoveco y los llena por completo.

El grupo sigue alternando temas con reminiscencias psicodélicas (dentro de su crudeza) con otras de ritmo punk, “One Foot in the Grave”, “We Can Get Together” o “No One Rides for Free”, todas de su último álbum.

A estas alturas, Rob, el batería, se ha quitado ya la camiseta y mantiene únicamente el chaleco por toda prenda superior. Junto a la entrada, donde todavía hay algo de espacio libre se baila con más desahogo y una melena rubia no deja de subir y bajar. Al terminar el tema, Rob se sube a la exigua barandilla que separa al público de los músicos de la banda y ahora sí, con el torso desnudo arenga a los fans, que agradecen la exhibición con gritos y aplausos.

El concierto termina, y el grupo se despide en el bis con “Cat (On a Hot Tin Groove)”, tema sesentero donde los haya. El público presiente que llega el final y bailan con más entusiasmo. El líder de la banda, Leighton Koizumi abandona el escenario antes de que el resto de los músicos terminen de tocar y sale de la sala (Leighton has left the building!). Instantes después vuelve a entrar, para pasearse entre el público, recibiendo felicitaciones de los fans.

The Morlocks foto

Los asistentes empiezan a dispersarse y junto al escenario, A. U., hijo de Iker, se hace fotos con un sudoroso y sonriente Rob Lowers. Antes de despedirse, el batería regala una gastada baqueta a su más joven fan. Me complace pensar que, tal vez, dentro de veinticinco o treinta años, este muchacho todavía recordará este concierto, y conservará esa baqueta. ¡Vaya un saludo en el tiempo para ese rockero del futuro, donde quiera que esté!

Los músicos salen a respirar aire libre y a encontrarse con su público. Se hacen fotos, firman discos y vuelven a beber; hay que reponer líquido. Esta tarde saldrán hacia su próxima cita en Burdeos (13 de enero), y más tarde Angers (14 de enero) y París (15 de enero). Luego vendrá Dortmund (16 de enero) y, por fin, Atenas (18 de enero). Para The Morlocks, Bilbao habrá sido una parada más en este tour europeo y Muzikalia estuvo allí para contarlo.

(Fotos: Alberto Miguel)

 

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